Siete razones por las que Vox merece gobernar (otra cosa es que lo consiga)

    Hace solo unos meses casi nadie daba un duro por  Vox. A unos días de las elecciones Jesús Cacho titula su columna en Voz Populi: ¿Es posible un Gobierno Abascal?

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    Santiago Abascal, presidente de Vox, durante un mitin de la formación en Murcia, durante la campaña a las elecciones generales del 28 de abrol de 2019. /EFE
    Santiago Abascal, presidente de Vox, durante un mitin de la formación en Murcia, durante la campaña a las elecciones generales del 28 de abril de 2019. /EFE

    Jesús Cacho no tiene la bola de cristal, pero sostiene que algunas de las recetas de Vox podrían ser perfectamente asumidas por cualquier derecha liberal que se precie. Ese es el quid y no la caricatura de fachas, xenófobos y machirulos que sobre el partido de Abacal han propalado la izquierda y la progresía mediática.

    Si llegara a la Moncloa, Vox haría la política que a un PP convertido en socialdemocracia de derechas no le ha dado la gana de hacer, traicionando a sus principios y su ADN ideológico.

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    Por eso, Vox merecería llegar a gobernar, aunque tal escenario resulte casi utópico. Se puede sintetizar en estas siete razones.

    1.- Porque la vergüenza ha cambiado de bando

    Cuando en 2014 Vox debutó en las europeas, con su aspecto de efebo bíblico, rubito y sin otra arma que una honda, el votante de derechas de toda la vida se burló de su ridícula facha, argumentando que apoyarlo era tirar el voto a la basura. Pero cuando David logró sentar al Goliat indepe en el banquillo de los acusados; llenó Vistalegre; y se mostró decisivo para acabar con 40 años de caciquismo socialista en Andalucía, de la burla se pasó al silencio. La vergüenza había cambiado de bando. Para muchos, lo vergonzoso era seguir votando al Partido que había traicionado el legado de la derecha, y que había demostrado lo poco que le importaba la unidad de España al reaccionar tarde y mal al desafío de los golpistas.

    2.- Porque el voto útil tiene mucho de mito

    El voto útil, con el que el PP se dedica a asustar al electorado, tiene mucho de mito. En primer lugar, porque técnicamente no está claro cuál es el voto útil que puede favorecer a los partidos del centro-derecha, pues todo depende del número de escaños a repartir y del comportamiento en las urnas del resto de votantes. Sí, hay encuestas para medirlo, pero muy a ojo, y sin tener en cuenta dos factores: los indecisos (nada menos que unos 4 millones de electores) y el voto oculto.

    Y en segundo lugar, porque como se vio en las andaluzas, el PP solo era inútil total para apear del poder al PSOE del cortijo. Sin la actuación de Vox, el PSOE no hubiera sufrido la histórica derrota. ¿Cuál es el voto útil?

    El antídoto es meter tijera para reducir el gasto público; y paralelamente poner en marcha una reforma fiscal para bajar impuestos

    3.- Porque es el que tiene la mejor receta económica contra la crisis que viene

    Argumenta el PP -con razón- que si Sánchez sigue en la Moncloa hundirá económicamente a España, teniendo en cuenta la crisis que se avecina. Pues bien, ante la receta socialdemócrata de más gasto estatal y más despilfarro, el antídoto no es otro que meter tijera para reducir ese gasto y adelgazar el tamaño del Estado; y paralelamente poner en marcha una reforma fiscal para bajar impuestos, a fin de fomentar el ahorro privado, estimular la iniciativa empresarial, y asegurar la prosperidad de los ciudadanos.

    Justamente el tipo de reformas que el PP debería haber aplicado hace años y se dejó en el tintero. Vox propone en su programa vender activos no estratégicos del Estado, así como diversas reformas estructurales  para que tenga sentido a esa revolución fiscal. Jesús Cacho ha subrayado que el título de ese capítulo del programa, “Bienestar para todos”, se corresponde con el de la conocida obra de Ludwig Erhard, el canciller que en los años 60 “consiguió transformar una Alemania destrozada por la guerra en una de las primeras potencias económicas mundiales, sobre los principios de la economía de mercado, la libre competencia y la sana desconfianza hacia el todopoderoso Estado”.

    4.- Porque es el único que avisa del precipicio: las pensiones

    PP y PSOE están ocultando a los españoles el problema más grave al que se avecinan a medio plazo: el imposible mantenimiento del sistema de pensiones, una bomba de relojería que le va a estallar en las manos a las próximas generaciones. Pero no es popular decir la verdad y los líderes políticos optan por mirar para otro lado.

    El único partido que ha cogido el toro por los cuernos es Vox, advirtiendo el peligro y haciendo una propuesta realista. Como el actual sistema de reparto resulta insostenible, lo que proponen es un sistema mixto: que una contribución vaya destinada al fondo público de la Seguridad Social y la otra mitad a un fondo de pensiones gestionado por una entidad privada. Un 3% de la nómina se utilizaría para suscribir un seguro para cubrir imprevistos o siniestros y el coste de administración del fondo.

    Argumenta Rubén Manso, el responsable de Economía de Vox, que para asegurar las pensiones de los mayores, “tenemos que conseguir que los españoles jóvenes quieran estar en España y quieran contribuir. Y sólo querrán estar en España y contribuir si montamos un sistema en el que ellos también vayan a cobrar pensiones”.

    5.- Porque defiende los valores de la democracia frente al marxismo cultural

    ¿Quién defiende el primero de los derechos humanos en el espectro político español? Nadie… hasta que Vox compareció en escena. Por primera vez, desde que hace más de 3 décadas se impusiera la totalitaria pena de muerte del aborto, un partido defiende la vida desde la concepción hasta la muerte natural.

    Lo mismo ocurre con otros derechos y libertades elementales, actualmente pisoteados o amenazados: el matrimonio entre hombre y mujer (también llamado matrimonio), el derecho de los padres a elegir la educación de los hijos, la libertad religiosa etc… Y lo mismo con leyes ideológicas injustas como la de Violencia de Género, que convierte al varón en violento por el hecho de serlo.

    Ninguna formación política, excepto Vox, planta cara al marxismo cultural y defiende los valores de la democracia y la civilización occidental, como se puede comprobar en el test de vota valores de HazteOir.org

    Tradicionalmente, ese papel lo ha jugado en España el PP frente a la ingeniería social del PSOE. Pero desde el Congreso de Valencia del 2008, parece haber renunciado a esos valores y se ha mimetizado con la izquierda. Y el margen de maniobra de su nuevo líder, Pablo Casado -que personalmente sí está comprometido con esos valores- es sumamente exiguo.

    A diferencia del PP, el partido de los ‘narices tapadas’ o del PSOE, de los de izquierda de toda la vida, Vox rompe el estereotipo

    6.- Porque es mucho más transversal de lo que puede parecer

    A diferencia del PP, el partido de los ‘narices tapadas’ -por usar una terminología sioux- o del PSOE, de los de izquierda de toda la vida, Vox rompe el estereotipo y, sobre la base de un sustrato de derecha, aglutina votos muy diversos: lo demostró en las andaluzas, su experiencia piloto, atrayendo a electores podemitas hasta sumar los 400.000 votos que, obviamente, no eran de la caverna ‘facha’.

    Basta repasar sus Cien propuestas para comprobar que no son ni de derechas ni de izquierdas, sino de sentido común. Cualquier español puede comprar el mensaje voxiano, salvo aquellos a los que les guste que partidos y sindicatos despilfarren el dinero de todos; que no les importe vivir asfixiados por los impuestos y trabajar para que el Estado se quede con el 50% de su esfuerzo; o que les de igual que la crisis catalana se encalle, y que los nacionalistas vascos tomen nota, tiren también del hilo y siga descosiéndose España; o que el radicalismo islamista promueva nuevos atentados, como el de las Ramblas. Sarna con gusto…

    7.- Porque ha sido el único que no nos “ha hecho la Pascua”

    Decía Julián Marías que el totalitarismo consiste en la politización de todos los órdenes de la vida. Todo se convierte en “objeto de la acción del Estado. Se invade la vida privada y los usos sociales, nada permanece al margen del poder público y de la política”.

    Y eso es exactamente lo que ha pasado esta Semana Santa con la invasión mitinera de unos marcianos con sus siglas, sus promesas y sus mentiras… Todos menos Vox, que Jueves y Viernes Santo no ha dado ningún mitin, respetando ese mínimo espacio de privacidad, esa tregua en la que el español medio quiere que le dejen en paz, para desconectar unos días, yéndose de picnic, de procesiones o de lo que le venga en gana.

    ¿Anecdótico? Puede ser, pero la anécdota revela un talante, frente a la ansiedad electoralista y la cháchara buhonera de quienes no son capaces de guardar un minuto de silencio ni siquiera en Semana Santa.

    …Otra cosa es que lo consiga

    La música de Vox suena bien, pero no hay quien la interprete. No en el establishment político español, donde rema en solitario contra todos y, si me apuran, ni en el europeo.

    Vox merece gobernar, pero nada permite pensar que lo logrará. A unos días de la cita con las urnas, todo apunta a que la izquierda puede seguir en el poder, deteriorándose aún más la situación. Que los de Abascal consigan desembarcar en el Parlamento con un número apreciable de diputados sería, al menos, una pica en Flandes. Y quizá el principio del fin.

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    Nacido en Zaragoza, lleva más de 30 años dándole a las teclas, y espera seguir así en esta vida y en la otra. Estudió Periodismo en la Universidad de Navarra y se doctoró cum laude por el CEU, ha participado en la fundación de periódicos (como El Mundo) y en la refundación de otros (como La Gaceta), ha dirigido el semanario Época y ha sido contertulio en Intereconomía TV, Telemadrid y 13 TV. Fue fundador y director de Actuall. Es coautor, junto con su mujer Teresa Díez, de los libros Pijama para dos y “Manzana para dos”, best-sellers sobre el matrimonio. Ha publicado libros sobre terrorismo, cine e historia.