Infanta Cristina de Borbón/ EFE
Infanta Cristina de Borbón/ EFE

Desde que Miguel Bernand, alma mater de Manos Limpias, ingresó en prisión, surgió la cuestión de qué pasaría con los casos en los que está personado el sindicato. De momento, su procesamiento ha provocado el bloqueo de las cuentas, lo que en la práctica significa la imposibilidad de estar en ningún caso más donde, como es pertinente, se exija una fianza para poder acusar.

Uno de esos supuestos es el de los Pujol, donde no podrá seguir ejerciendo la acusación popular por haber sido trasladado el asunto a la Audiencia Nacional ya que allí, para poder seguir personado, se le exige una fianza de 20.000 euros. Que los Pujol están siendo tratados con una extraordinaria benevolencia es cosa que no se le oculta a nadie. Pero no parece probable que, entre los favores que se le están haciendo a la familia, se incluya el de ver el modo de quitarle a Manos Limpias de los calcaños.

El expresidente de la Generalitat, Jordi Pujol, en una imagen de archivo/Fuente:EFE.
El expresidente de la Generalitat, Jordi Pujol, en una imagen de archivo/Fuente:EFE.

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El caso importante donde la presencia de Manos Limpias es esencial es el caso Nóos. Allí, nadie, ni la Agencia Tributaria ni la Fiscalía, acusa de nada a la infanta Cristina. Los únicos que lo hacen son Manos Limpias. Este hecho ha permitido a algunos medios de comunicación extender la idea de que, si no fuera por las torticeras intenciones del sindicato, la infanta no estaría sentada en el banquillo.

«La infanta Cristina no se sienta en el banquillo sólo porque Manos Limpias, sean cuales sean sus intenciones, la acusa de delito fiscal»

Sin embargo, hay algo que se oculta en este planteamiento. La infanta no se sienta en el banquillo sólo porque Manos Limpias, sean cuales sean sus intenciones, la acusa de delito fiscal. Además hace falta que, primero, el juez de instrucción, y luego, el tribunal que juzga el caso, consideren que las pruebas que existen contra la infanta son suficientes para juzgarla.

Por eso, resulta inquietante que Bernard haya hablado de su disposición a retirar la acusación sin dar ninguna explicación, como ocurre por ejemplo en el caso Pujol, donde no puede continuar por la imposibilidad de prestar la fianza que se le pide.

Y más inquietante todavía es que, después de anunciarlo, todavía no lo haya hecho. Da toda la impresión de estar negociando esa retirada a cambio de un trato mejor en el procedimiento en el que se halla inmerso. O también podría haber ocurrido que la inicial inclinación de la Fiscalía a negociar se haya visto finalmente frustrada al darse cuenta del escándalo que provocaría que la infanta se viera libre de toda acusación inmediatamente después de haber sido detenido el acusador, haciendo nacer la sospecha de que ambos sucesos tienen una relación de causa y efecto.

De todas formas, el asunto está desenfocado. Todo el problema deriva de un hecho absolutamente insólito. No me refiero a que la Fiscalía se niegue a acusar de delito fiscal a pesar de encontrar los tribunales suficientes indicios para hacerlo. Eso es difícil de creer, pero no imposible. A fin de cuentas, la Fiscalía tiene como misión defender la legalidad y, aunque no es frecuente, es posible que en un determinado caso, que aquí da la casualidad que afecta a una infanta, la Fiscalía piense que no hay delito y que el tribunal crea que puede haberlo.

El secretario general de Manos Limpias, Miguel Bernard / Youtube
El secretario general de Manos Limpias, Miguel Bernard / Youtube

Lo que sí es increíble es que la Agencia Tributaria no vea un delito supuestamente cometido contra ella y que el tribunal sí lo haga. Porque lo normal y lo lógico en la Agencia, que no está obligada a velar por la legalidad sino por sus intereses, vea siempre más delitos fiscales que los tribunales y no lo contrario.

«Es precisamente esa sorprendente falta de disposición a acusar de la Agencia Tributaria lo que coloca a la infanta en la situación de depender de Manos Limpias»

Y es precisamente esa sorprendente falta de disposición a acusar de la Agencia Tributaria lo que coloca a la infanta en la situación de depender de Manos Limpias, dando lugar a sospechar que cualquier desistimiento del sindicato ha de ser fruto de una presión de los aparatos del Estado.

Es posible que lo mejor que le pueda pasar a España sea que la infanta sea absuelta. Lo que sí sería malísimo es que fuera exculpada por retirarse Manos Limpias de la acusación porque, sea cual sea la razón que se alegue, sobrevolará sobre ello la sombra de la sospecha.

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Emilio Campmany nació en Madrid, en 1958. Estudió en el Liceo Italiano y es licenciado en Historia y en Derecho por la Universidad Complutense. Es también registrador de la propiedad. Ha publicado dos novelas, "Operación Chaplin" y "Quién mató a Efialtes" y una narración de la crisis que desató la Primera Guerra Mundial llamada "Verano del 14. Una crónica diplomática". Está casado y tiene dos hijos.