Mensajes a favor de la unidad de España, este domingo 1 de octubre, en la Plaza de Cataluña, Barcelona. (Fotografía: Jaime Hernández / Actuall)

El escritor Umberto Eco, que creció bajo el régimen fascista de Mussolini, explicaba que contrariamente a la opinión común, el fascismo en Italia no tenía una filosofía clara, porque el fascismo es una forma de nacionalismo extremo que adopta los contornos culturales del lugar en el que aparece.

En sus últimos años Eco alertó sobre lo que llamaba el populismo selectivo, asegurando que el futuro estaría dominado por un “populismo televisivo o internauta”, en el cual la respuesta emocional de un grupo seleccionado de ciudadanos podría presentarse y aceptarse como la ‘Voz del Pueblo’.

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A comienzos de 2015, un año antes de morir, Eco publicó una obra titulada Número cero que, disfrazada de novela, era de hecho una sátira despiadada del periodismo occidental. En vez de emplear el ensayo como vehículo de denuncia, el autor italiano eligió para su último libro el formato ficción, a fin de que la advertencia alcanzara a un número mayor de lectores.

Su recado era nítido: la prensa es una fábrica mundial de mentiras, una “máquina de fango” que nos engaña a diario con información falsa. Los periódicos mienten, la televisión miente, los historiadores mienten. Todo esto aseguraba el autor de El nombre de la rosa en su devastadora séptima y última obra.

Situada en la última década del siglo XX, Número cero sucede en tiempos del escándalo de Tangentópolis que destapó la corrupción socialista, destripando el sistema político italiano y replanteando el papel de la prensa.

La trama gira en torno a un empresario que decide fundar un periódico ―llamado Domani― para atemorizar a sus competidores, ofender a sus enemigos y manipular a los políticos del país. La trama reincidía en la perversidad política, cuyos procedimientos ya había denunciado Eco en obras anteriores: el complot en El péndulo de Foucault, la mentira en Baudolino) y la corrupción en El cementerio de Praga. Dada la alta dosis de ironía, la crítica mundial recibió Número cero como una barrabasada al más puro estilo latino.

No olvidemos que el análisis literario lo hacen, al fin y al cabo, periodistas poco dados a la autocrítica.

Pero ¿es posible que la prensa y la televisión nos mientan a diario, como alertaba Eco? Con la tecnologización de los medios ha surgido lo que se ha dado en llamar el “periodismo ciudadano” de los internautas que aportan información inmediata y constante a través de redes sociales como Twitter, Facebook, Instagram o incluso LinkedIn.

Si desde el punto de vista sociológico supone un claro avance democrático, también es una amenaza para el periodismo tradicional. Como explicaba Umberto Eco sin rodeos, “los periódicos nos cuentan lo que ya sabemos y por eso cada vez venden menos”.

La gran paradoja de la globalización es que mientras conecta de un modo casi íntima a miles de millones de personas, al mismo tiempo produce un sentimiento de alienación

La gran paradoja de la globalización es que mientras conecta de un modo casi íntima a miles de millones de personas, al mismo tiempo produce un sentimiento de alienación. Una persona con acceso a un iPhone o un iPad puede emplearlo para obtener cantidades ingentes de información y cultura antes no disponibles de manera inmediata y gratuita. Pero Internet también puede usarse para ahondar en los sentimientos de frustración.

En El malestar en la cultura decir, Freud explicaba esa alienación del individuo occidental como una consecuencia inevitable de la presión que ejerce la sociedad sobre cada uno de sus miembros, generando insatisfacción, sufrimiento y resentimiento por no estar a la altura de las expectativas.

Con el ascenso imparable de Internet, cuando un mensaje tiene éxito puede repetirse hasta el infinito, tantas veces como haya personas dispuestas a reenviarlo a otras personas, generando una tromba de datos o sobrecarga mediática hoy llamada infoxicación.

En el mundo paralelo de internet se difunden a velocidad de vértigo los datos más relevantes junto a los más irrelevantes

El peligro de este proceso casi instantáneo de difusión global consiste en que lo transmitido no siempre es información verdadera. El economista Paul Krugman ha llegado a asegurar que buena parte de lo que sabemos no es verdad. En el mundo paralelo de internet se difunden a velocidad de vértigo los datos más relevantes junto a los más irrelevantes. Este extraordinario fenómeno ha afectado, cómo no, al propio concepto del periodismo.

Del mismo modo que un tuit triunfador recorre el mundo a golpe de tecla, un concepto triunfador se reitera hasta la saciedad en las páginas de Internet. Parece información, tiene aspecto de información, pero no siempre lo es. Como apunta el filósofo español Antonio Escohotado, repetir no es informar.

¿Qué habría dicho Umberto Eco sobre el cúmulo de mentiras secesionistas difundidas por el populismo selectivo como “La Voz del Pueblo” catalán? Porque, al fin y al cabo, no existe ninguna de las Cataluñas que nos venden.

La Cataluña culta y cosmopolita del “Seny” ya no existe. La Cataluña humillada y reprimida por un estado totalitario no existe. La Cataluña paradisíaca e influyente que se nos anuncia no existe. Parece información, tiene aspecto de información. Pero es fascismo corrupto amparado por una democracia occidental.

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Periodista, escritora y traductora de inglés de literatura, ensayo y cine. Pasó su infancia entre París y Washington DC. Licenciada en Filología Inglesa, trabajó durante una década el sector cultural, en empresas como Microsoft Encarta y Warner Music. Tiene tres novelas publicadas. Ha traducido al español a clásicos como Dickens, Kipling, Wilde, Poe y Twain. Colabora desde hace décadas en prensa española y latinoamericana. Tras una década colaborando en revistas femeninas como Vogue, Gala y Telva, se inició como columnista en La Razón, labor que continuó en La Gaceta.