Tomadura de pelo en tres actos

    Latrocinio, chulería, arrogancia. La barretina supremacista continúa perpetrando el crimen bajo el cielo protector del 155. O gracias a él y al Gobierno.

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    Ilustración sobre la tomadura de pelo a los españoles a cuenta del secesionismo catalán.
    Ilustración sobre la tomadura de pelo a los españoles a cuenta del secesionismo catalán.

    Una definición precisa de “tomadura de pelo” podría ser la sensación que experimenta un español de intelecto estándar como el mío cuando lee un titular como este: “La Generalitat convoca subvenciones de 1,3 millones de euros a radios y televisiones en catalán y aranés”.

    Peor aún si el españolito en cuestión se adentra en los vericuetos de la noticia y se percata, aún con la mueca de espanto serigrafiada en la cara, de que la eyaculación de millones la firma el secretario general de Presidencia, Joaquim Nin, investigado por sedición.

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    La cosa no queda ahí. La tomadura de pelo adquiere proporciones bíblicas si el día antes, ese mismo lector ha escuchado al ministro Gargamel, alias Montoro, proclamar a los cuatro puntos cardinales de la patria (a los cuatro juntos) que los estelados no usaron dinero público para perpetrar el golpe de Estado.

    Irremediablemente, porque el cerebro de uno puede ser estándar, pero no tonto, sobreviene la pregunta del millón. O de los millones. ¿Cómo costearon los golpistas el despliegue, la publicidad, las urnas, las papeletas, los vídeos, las webs, la parafernalia, las retransmisiones de la TV3, la infraestructura, la logística, la tecnología, en definitiva, todo el megalómano espectáculo al servicio de la insurrección? Por no hablar de las toneladas de tiempo (que también hay que pagarlo) que los funcionarios implicados emplearon en montar el circo, desde Puigdemont al último pinche, y que forzosamente debieron detraer de su horario obligatorio. A no ser que los días en Cataluña tengan treinta horas por obra y gracia del mismo prodigio que les lleva a considerarse una nación.

    «Montoro dice que nada. Coste cero para las arcas públicas. Y eso que la Guardia Civil estima en 1,5 millones de euros lo que costó solo la publicidad del referéndum»

    Lo que un ciudadano corriente como yo se siente tentado a pensar cuando observa el delirante despilfarro separatista es que la leche que lo amamanta proviene toda de una única teta. La teta alfa. El erario público, para que nos entendamos, que si no actúa de forma directa a través de la administración catalana, lo hace regando con subvenciones a todo hijo de vecino, empresa o entidad afectos a la causa para que mueran por ella llegada la hora. O rascándose el bolsillo, que es también una digna forma de morir. De tal manera que el público parné, con la habilidad del trilero, reaparece en escena para financiar el procés, que es, en definitiva, la función encubierta que le había sido encomendada en origen.

    Ilustración Cristobal Montoro/ Actuall-AMB
    Ilustración Cristobal Montoro/ Actuall-AMB

    Claro que todo esto es una especulación disparatada. Porque Montoro dice que nada. Coste cero para las arcas públicas. Y eso que la Guardia Civil estima en 1,5 millones de euros lo que costó solo la publicidad del referéndum. Digo yo que debieron pagarlo a escote los ideólogos del procés, entre carajillo y carajillo, con lo que les sobraba de las mordidas y el 3%. Pero eso es otra historia.

    La historia que hoy quería contarles es la historia de una tomadura de pelo a los españoles en tres actos.

    Primero, por parte de quienes habiendo podido parar desde el Gobierno central la espiral de soberbia de una casta provinciana llorona y acomplejada, la dejaron nacer, crecer y multiplicarse durante años.

    Envalentonados y crecidos, conscientes de estar echándose un pulso con un Estado anémico que no se atreve ni a defender la enseñanza del español en su propio territorio, llegaron luego los Mas y Puigdemont a tomarle el pelo a los españoles por segunda vez. A escamotearles su soberanía después de haberlos tratado como ladrones (Espanya ens roba), vagos y maleantes en una tele al servicio de la xenofobia oficial las veinticuatro horas del día.

    «Seguimos al pairo, con la inquietud creciente de que la conjura para destruir la nación se multiplica sin que la respuesta en defensa propia, contundente, enérgica, inaplazable, aparezca por ningún sitio»

    Y por último, el acto final. Latrocinio, chulería, arrogancia. La barretina supremacista continúa perpetrando el crimen bajo el cielo protector del 155. O gracias a él y al Gobierno que sigue insuflándoles oxígeno bajo cuerda, como demuestra la astracanada de nuestro ministro Gargamel, alias Montoro, desbaratando de un plumazo las pocas posibilidades de que Puigdemont sea extraditado desde Alemania por malversación. Un suplicio.

    Todo el padecimiento que llevamos los españoles a cuenta del procés podría haber resultado una oportunidad única para reforzar el edificio constitucional. Hacernos más fuertes, más libres, más iguales. Las grietas y costuras rotas por donde se coló el golpe a la democracia nos muestran no solo lo que debería ser reparado, también lo que sería urgente blindar.

    Lejos de abrazar este propósito, seguimos al pairo, con la inquietud creciente de que la conjura para destruir la nación se multiplica sin que la respuesta en defensa propia, contundente, enérgica, inaplazable, aparezca por ningún sitio. Ni está ni se la espera.

    Hoy leo que la alcaldesa de Gerona pretende multar al Ejército por mostrar el dibujo de un soldado en la ExpoJove. Pues eso.

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