Nuestra relación con EE.UU. suele estar presidida por una familiaridad equívoca. Sí, la omnipresencia de lo norteamericano en la cultura popular hace que, cuando uno visita por fin Manhattan o Arizona, experimente una sensación de déjà vu cimentada por miles de películas y canciones. Pero lo cierto es que el conocimiento de EE.UU. por el español medio no va mucho más allá de esta impregnación epidérmica.

A todos nos suenan Lincoln, el New Deal o la Declaración de Independencia, pero pocos se han detenido a adquirir un conocimiento sólido sobre la Roma de nuestro tiempo. Peor aún, la información cabal es a menudo reemplazada por un surtido de prejuicios perezosos.

Actuall depende del apoyo de lectores como tú para seguir defendiendo la cultura de la vida, la familia y las libertades.

Haz un donativo ahora

De ahí que sean tan de agradecer libros como La historia de los Estados Unidos como jamás te la habían contado, de Jorge Soley, publicado recientemente por Stella Maris. Es un recorrido por la historia de EE.UU., desde el Mayflower a Obama. Soley consigue originalidad y amenidad sin perder el hilo inexcusable de lo fundamental. La amenidad viene garantizada por la recopilación de hechos curiosos en el estilo de ¿sabía usted que…?: la actuación circense de Buffalo Bill en Barcelona, la conversión de Toro Sentado al catolicismo, la cooperación de las Mafias norteamericana y siciliana para facilitar el desembarco Aliado en Sicilia en 1943…

Portada 'La historia de EE.UU como jamás te la habían contado' de Jorge Soley.
Portada ‘La historia de EE.UU como jamás te la habían contado’ de Jorge Soley.

Y la originalidad reside en la atención especial prestada a aspectos poco trillados de la historia americana, y que al autor le interesan especialmente por su adscripción religiosa e ideológica. Por ejemplo, la suerte de los inmigrantes católicos o el desarrollo del movimiento conservative desde William F. Buckley al Tea Party.

El libro de Soley expone sin ambages el lado oscuro: por ejemplo, la triste suerte de los indios, empujados hacia el oeste y engañados con tratados mendaces, cuando no directamente exterminados. O la esclavitud, el ‘pecado original’ de EE.UU., que envenena las primeras décadas de la historia de la Unión, culminando en la Guerra de Secesión (el autor no olvida consignar otras causas del enfrentamiento Norte-Sur, como la cuestión de los aranceles o la de los derechos de los Estados, evidenciando cierta empatía con la causa sureña).

La atención especial dedicada a los católicos le lleva también a rastrear las discriminaciones legales de que eran objeto en la época colonial y la desconfianza que la inmigración católica siguió suscitando en la mayoría WASP hasta bien entrado el siglo XX, llegando a la abierta hostilidad en los sucesivos movimientos ‘nativistas’, como el Partido Americano (Know Nothing) de la década de 1850.

Toro Sentado, con el gran crucifijo que llevaba tras su bautismo.
Toro Sentado, con el gran crucifijo que llevaba tras su bautismo.

España está, según las encuestas, entre los países más antiamericanos de Europa: al antiamericanismo proverbial de la izquierda se le suma una yanquifobia residual de cierta ultraderecha anclada en el resentimiento de 1898. Es evidente que Soley no pertenece ni a una ni a otra, y que su acercamiento a EE.UU. está inspirado por el interés y la simpatía.

Mi única reserva respecto a este libro excelente, sin embargo, tiene que ver con la ausencia de una enunciación algo más explícita de los méritos históricos norteamericanos. Es posible que la omisión obedezca a la convicción de que son ya sobradamente conocidos. Discrepo de esto. Creo que el español medio no se ha detenido a pensar en las decisivas contribuciones de EE.UU. a la humanidad.

Por ejemplo, es verdad que los católicos eran discriminados en varias colonias norteamericanas… pero se permitía su establecimiento, en una época en que la radicación de protestantes en la América hispana estaba rigurosamente prohibida.

Entre los firmantes de la Declaración de Independencia figuró el católico Charles Carroll

En 1776 existían ya 56 parroquias católicas en las Trece Colonias; entre los firmantes de la Declaración de Independencia figuró el católico Charles Carroll. Y los católicos alcanzaron progresivamente la igualdad de derechos merced a la Primera Enmienda de la Constitución, que consagraba la no confesionalidad del nuevo Estado (eso, en un momento en que la libertad religiosa era aún tabú en la Europa católica).

La esclavitud es una mancha indeleble en la historia norteamericana, pero fue practicada por todas las potencias de la época, y, además, la media América abolicionista libró una guerra de 600.000 muertos para lograr su erradicación.

Lincoln dijo en el discurso de Gettysburg que en la guerra de Secesión se jugaba la preservación de “una nación concebida en libertad y dedicada al principio de que todos los hombres han sido creados iguales”.

Abraham Lincoln, expresidente de Estados Unidos.

En efecto, la gran aportación de EE.UU. estriba en haber sido laboratorio y primicia mundial de la democracia liberal (que, sí, se desarrollaba lentamente en Inglaterra desde 1688, pero con el sufragio restringido a una porción exigua de la poblacion; en cuanto a la Revolución Francesa de 1789, los conatos liberales de los comienzos desaparecen con el derrapaje totalitario-jacobino).

La esclavitud desmentía esos principios fundacionales, y por eso la nación se jugaba su alma en la guerra civil. Después, en el siglo XX, EE.UU. salvó la libertad por dos veces. La participación norteamericana en la II Guerra Mundial impidió la victoria de la Alemania nazi (la URSS no habría resistido sin los suministros anglo-americanos, y los ingleses solos no habrían podido abrir un segundo frente en Normandía).

Y el liderazgo norteamericano del mundo libre en 1945-89 evitó que el comunismo se enseñorease del planeta. Son cosas que nos hemos acostumbrado a dar por supuestas. Pero no tendrían por qué haber ocurrido: EE.UU. hubiese podido inhibirse –como querían los aislacionistas- protegido por dos océanos de la locura de sus congéneres.

Comentarios

Comentarios

Compartir
Francisco J. Contreras Peláez (Sevilla, 1964) es catedrático de Filosofía del Derecho en la Universidad de Sevilla. Autor de los libros: Derechos sociales: teoría e ideología (1994), Defensa del Estado social (1996), La filosofía de la historia de Johann G. Herder (2004), Savigny y el historicismo jurídico (2004), Tribunal de la razón: El pensamiento jurídico de Kant (2004), Kant y la guerra (2007), Nueva izquierda y cristianismo (2011, con Diego Poole), Liberalismo, catolicismo y ley natural (2013) y La filosofía del Derecho en la historia (2014). Editor de siete libros colectivos; entre ellos, The Threads of Natural Law (2013), Debate sobre el concepto de familia (2013) y ¿Democracia sin religión? (2014, con Martin Kugler). Ha recibido los premios Legaz Lacambra (1999), Diego de Covarrubias (2013) y Hazte Oír (2014).