Es habitual en los círculos derechistas de la corrección política hablar de la necesidad de recuperar al PSOE como partido sensato de centroizquierda. Tan voluntariosa afirmación parte de la premisa de que hubo un día en que el PSOE fue un partido sensato.

Y a veces parece que efectivamente lo fue. Hoy oímos a Joaquín Almunia, Cristina Almeida o a José Luis Corcuera y dan ganas de que se vuelvan a presentar a unas elecciones para poder votarles.

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Incluso Felipe González, tan sibilino, equilibrista y fatuo, parece Churchill comparado con cualquier cosa que pueda hoy encontrarse en la izquierda española. Las esperanzas en que el PSOE vuelva supuestamente a ser el PSOE razonable que un día dirigiera el abogado laboralista están puestas en Susana Díaz. Y no es de extrañar, vistas y oídas las cosas que ha hecho y dicho Pedro Sánchez durante la campaña. La presidenta de la Junta de Andalucía se nos figura una Tatcher andaluza, una Merkel de más allá de Despeñaperros, una Golda Meir con faralaes. Y sin embargo, hay tanta escasez de cordura, inteligencia y prudencia en aquel PSOE como en el de ahora, en aquellos líderes como en los de ahora, en aquella izquierda como en la de ahora.

En una reunión a cara de perro, los socialistas han discutido las condiciones que se impondrán para negociar la formación de gobierno con Podemos. Y lo único que han discutido es si para dejarse abrazar por el oso bolchevique es necesario que renuncie antes al referéndum en Cataluña o basta que lo haga como resultado de la negociación. Una de las pocas cosas que tenía claras Felipe González con su gramática parda era que no quería ni oír hablar de asociarse con comunistas.

Como si Podemos no fuera más que un grupo de socialdemócratas un pelín exaltados

Sin embargo, a la sensatísima Susana Díaz, esperanza de la España que quiere seguir unida, para gobernar con los independentistas de extrema izquierda de Galicia, País Vasco, Cataluña y Valencia, hoy agrupados en Podemos, le basta que Pablo Iglesias renuncie a algo que de todas formas no puede hacerse sin reformar la Constitución. Como si, por lo demás, Podemos no fuera más que un grupo de socialdemócratas un pelín exaltados.

Para colmo de males, Ignacio Aguado en Ciudadanos, consciente de que a su partido no le conviene que haya nuevas elecciones, está dispuesto a evitarlas absteniéndose en una supuesta investidura de Pedro Sánchez apoyado por Podemos con la misma condición, que Pablo Iglesias renuncie formalmente al referéndum.

El PSOE nunca perderá una ocasión que se le ofrezca de hacer daño a España

Así que este nuevo partido que se dice de centro cree que lo único que le separa del bolivarianismo marxista-leninista es una propuesta que a fuer de inconstitucional es impracticable. Dado que a Albert Rivera todavía no se le ha pasado la turca que se cogió con unas encuestas algo cargadas de más, quizá debería ser Inés Arrimadas quien llamara a su compañero y le explicara con mucha paciencia que Ciudadanos puede sobrevivir a unas nuevas elecciones, pero que no lo hará a un Gobierno con Pablo Iglesias de vicepresidente que se constituya gracias a su abstención.

Hoy tengo la sensación de que tienen razón los que piensan que el PSOE nunca perderá una ocasión que se le ofrezca de hacer daño a España. Da igual que se lo haga por dogmatismo ideológico, por estatalismo furibundo, por republicanismo inconsciente, por rencores ancestrales, por codicia incontrolada o por estupidez sobrevenida.

Gobernar con Podemos puede probablemente significar el fin del PSOE. Bueno, pues da igual, si Ciudadanos o los independentistas catalanes ofrecen la ocasión, se arriesgarán. La única esperanza que nos queda es que Pablo Iglesias esté convencido de que puede mejorar en unas segundas elecciones y las fuerce.

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Emilio Campmany nació en Madrid, en 1958. Estudió en el Liceo Italiano y es licenciado en Historia y en Derecho por la Universidad Complutense. Es también registrador de la propiedad. Ha publicado dos novelas, "Operación Chaplin" y "Quién mató a Efialtes" y una narración de la crisis que desató la Primera Guerra Mundial llamada "Verano del 14. Una crónica diplomática". Está casado y tiene dos hijos.