Un talibán en Cuenca

    Al autor le sorprende que en España la gente se lleve las manos a la cabeza cuando ISIS destruye esculturas, mientras los políticos se gastan el dinero público en hacer aeropuertos fantasma, en lugar de proteger los 700 monumentos que se encuentran en peligro.

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    Fachada de la iglesia de Santo Domingo en Huete (Cuenca)/Fuente: joyasinmobiliarias.es
    Fachada de la iglesia de Santo Domingo en Huete (Cuenca)/Fuente: joyasinmobiliarias.es

    Todos hemos visto las imágenes: varios soldados del ISIS, maza en mano, entrando en los museos de las ciudades tomadas a sangre y fuego y destrozando obras de arte que habían resistido dos mil años de historia. Los precursores fueron los talibán, cuando volaron en 2001 las estatuas de los budas de Bamiyan al considerar que eran ídolos. ¿Lo recuerdan? En ese momento, todos nos llevamos las manos a la cabeza al comprobar de lo que esos fanáticos eran capaces. Menos mal, pensamos, que en España nunca pasaría algo así… ¿O tal vez sí?

    Combatientes de ISIS irrumpieron en el Museo de Mosul y destruyeron piezas milenarias.
    Combatientes de ISIS irrumpieron en el Museo de Mosul y destruyeron piezas milenarias.

    Recorría hace unos días la carretera en dirección a Huete. Un amigo me había recomendado visitar la localidad conquense, que en el siglo XII llegó a disputar a Cuenca ser la cabeza rectora de la zona más oriental de la submeseta sur castellana. La balanza se inclinó a favor de la segunda, y Huete vio mermado su crecimiento, lo que no impidió que jesuitas, dominicos y mercedarios abrieran en Huete sus colegios y sus magníficos conventos.

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    La iglesia de Santo Domingo se ha convertido en un garaje en el que se estacionan coches y se almacenan cachivaches

    Paseando por sus calles, vi algo que me impresionó: de la espléndida iglesia de Santo Domingo, mandada construir por Felipe III en 1621, salió un tractor por el arco central de su imponente fachada. Me asomé adentro y comprobé que el inmenso templo era, en realidad, un garaje donde se encontraban estacionados varios coches y una suerte de almacén que contenía todo tipo de cachivaches.

    Coronando la iglesia, una magnífica cúpula que cubre el crucero. “¿De verdad somos tan diferentes de los talibán?”, me pregunté. En Afganistan vuelan con dinamita los budas de Bamiyan, pero aquí dejamos que la carcoma de la desidia, la indiferencia, la cutrez y la ignorancia se lleve por delante infinidad de elementos de nuestro patrimonio artístico.

    La historia de la iglesia de Santo Domingo de Huete es la misma de tantas otras que encuentras por España: el infausto Juan Álvarez Mendizábal desamortizó el convento, que quedó abandonado en 1836 y expuesto a robos y saqueos. El claustro desapareció y el templo fue subastado hasta que llegó a su actual propietario, quien lo tiene a la venta. Mientras no aparezca un comprador, lo emplea de almacén y aparcamiento.

    En España, hay 700 monumentos que se encuentran en riesgo de desaparecer en nuestro país

    Ojalá fuera el único caso que encontramos en España, pero hay cientos, miles de ejemplos similares. No hay más que echar un vistazo, por ejemplo, a la Lista Roja del Patrimonio que elabora la asociación Hispania Nostra. Allí se pueden encontrar hasta 700 monumentos que se encuentran en riesgo de desaparecer en nuestro país, amenazados por la ruina, el expolio y el abandono.

    Castillos, palacios, monasterios, iglesias, ermitas, atalayas y fortalezas, construidos a lo largo de siglos, agonizan casi en cualquier rincón de España, que es, tras China e Italia, el país del mundo con más patrimonio artístico. El dinero público, claro, lo destinamos a otros temas de vital importancia: aeropuertos fantasma, autopistas deficitarias, cientos de organismos estatales inservibles y duplicados o exposiciones culturales de ínfimo gusto y calidad.

    Y, por supuesto, nos seguiremos llevando las manos a la cabeza cada vez que veamos las imágenes de los fanáticos del ISIS destrozando las esculturas de los museos de las ciudades que saquean. Pero no nos daremos cuenta de que, quizás, tenemos a los talibanes culturales mucho más cerca. En Cuenca, por ejemplo.

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