Este 2016 se cumplen veinte años de la publicación de la obra de Samuel P. Huntington ‘El choque de civilizaciones y la reconfiguración del orden mundial’. Por mucho que le pese a la izquierda, el brillante politólogo norteamericano, fallecido en 2008, tenía razón. No sólo cuando rebatió la tesis del fin de la Historia de Francis Fukuyama.

Además se atrevió a vaticinar que los conflictos futuros no serían por el enfrentamiento de las ideas ni por razones económicas, sino que serían choques de civilizaciones. Es más, aventuró que el principal enfrentaría a Occidente con el islam. Es posible hallar en sus páginas algún error en el detalle. Lo que no cabe es discutir el esencial acierto de su previsión.

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Pues bien, a pesar de la evidencia del acierto, la izquierda sigue negándolo. Por supuesto, no aceptan que un profesor de derechas, algo que en sus círculos se considera un oxímoron porque nadie que sea de derechas tiene nada que enseñar, pueda acertar en algo tan crucial.

Pero, además ocurre que el que tenga razón Huntington es en sí mismo una negación del materialismo histórico del que bebe toda la izquierda académica, que sólo concibe dos clases de conflictos, los que enfrentan a unas clases con otras y los que enfrentan a elementos de una misma clase por el control de los medios de producción. Cualquier otra interpretación es una filfa.

Huntington identificó como elemento sobresaliente para diferenciar una civilización de otra a la religión

Encima Huntington, al elaborar su teoría, identificó como elemento sobresaliente para diferenciar una civilización de otra a la religión. Y para un marxista, da igual que lo sea a medias que al completo, no es posible que ningún conflicto tenga como motivación principal la religión. Ésta sólo puede ser un pretexto que esconde un motivo necesariamente material.

Y, si no lo hay, es porque el conflicto en realidad no existe. Por eso, unas veces se afirma que el llamado choque de civilizaciones entre Occidente y el islam es en realidad una guerra por el petróleo y otras que en realidad no hay tal choque porque el islam es religión de paz y la mayoría de los musulmanes no desean otra cosa.

Medios no, pero fines sí

Es cierto que la mayoría de los musulmanes desaprueba los métodos de los terroristas. Lo que no es cierto es que no compartan sus fines. El islam es una religión que impone una determinada forma de organización social. Y muchos musulmanes desean vivir en una sociedad islámica, donde la dirección política se confunda con la religiosa.

La misma comunidad internacional organizada en Estados-nación es inadmisible para el islam, que pretende someter a todas las naciones al califato, una especie de imperio con autoridad tanto política como religiosa. Es lo que tratan de implantar los terroristas y son ideas con las que simpatizan muchos musulmanes, aunque la mayoría desapruebe imponerlas por la violencia.

El mundo es un lugar mucho más complejo a ése imaginado por Marx donde la burguesía se pone de acuerdo con el capitalismo para fastidiar al proletariado

El conflicto predicho por Huntington existe. Los izquierdistas se niegan a admitirlo porque su mera realidad desdice sus teorías. No hay quien les convenza de que lo de la lucha de clases, la plusvalía, la propiedad de los medios de producción no son nada más que teorías que han podido quizá ayudar a mejorar el mundo, aunque también a empeorarlo, pero que no pueden ser las únicas que lo conformen como no lo conforma completamente ninguna.

El mundo es un lugar mucho más complejo a ése imaginado por Marx donde la burguesía se pone de acuerdo con el capitalismo para fastidiar al proletariado. Y eso lo demostró Huntington al predecir el innegable conflicto que hoy existe entre Occidente y el islam.

Y los conflictos se resuelven con una victoria o una derrota. Y lo primero que hay que hacer para aspirar a vencer es reconocer que el conflicto existe. El que la izquierda, que ostenta buena parte del control de los gobiernos occidentales, se niegue a admitirlo por no reconocer algunos de sus muchos errores, nos aboca a ser finalmente derrotados.

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Emilio Campmany nació en Madrid, en 1958. Estudió en el Liceo Italiano y es licenciado en Historia y en Derecho por la Universidad Complutense. Es también registrador de la propiedad. Ha publicado dos novelas, "Operación Chaplin" y "Quién mató a Efialtes" y una narración de la crisis que desató la Primera Guerra Mundial llamada "Verano del 14. Una crónica diplomática". Está casado y tiene dos hijos.