José María Aznar, en su etapa de presidente de España / Wikipedia

Como la izquierda es laica, trata de elaborar sus propios ritos, unas veces borrando los cristianos y otras usurpándolos, por ejemplo con bautizos y funerales civiles.

Uno de estos ritos es la elaboración de un calendario rebosante de efemérides ‘progresistas’. De esta manera, el PSOE ha conmemorado sus victorias electorales de 1982 y 2004, el golpe de estado de 1934, y, apropiándoselas, la aprobación del divorcio y del voto a las mujeres.

Actuall depende del apoyo de lectores como tú para seguir defendiendo la cultura de la vida, la familia y las libertades.

Haz un donativo ahora

En cambio la derecha, que en España renuncia incluso a ese nombre, ya no conmemora nada por vergüenza y por miedo a molestar. El vigésimo aniversario de la victoria electoral del 3 de marzo 1996 pasó para el Gobierno de Rajoy y para el PP en silencio.

Y lo mismo ha ocurrido con el vigésimo aniversario de la elección de Aznar por el Congreso como presidente, después de casi catorce años del socialista Felipe González.

Aznar aceptó entregar a Pujol la cabeza del presidente del PP catalán, Aleix Vidal-Quadras, que había obtenido unos resultados espléndidos en Cataluña

En las elecciones de marzo de 1996, Aznar obtuvo sólo 156 diputados y aunque el rey Juan Carlos, cuyo partido preferido ha sido el PSOE, le encargó la formación de Gobierno, muchos aguardaban su fracaso, hasta el punto de que El País propuso como candidato a presidente a Alberto Ruiz Gallardón. A diferencia de Rajoy en 2016, Aznar no dudó en comprometerse y negociar.

El Rey Juan Carlos, junto a José María Aznar, en 1996 / EFE
El Rey Juan Carlos, junto a José María Aznar, en 1996 / EFE

Consiguió el apoyo de Jordi Pujol y su CiU (16 diputados), el del PNV (5) y el de Coalición Canaria (4). Así funciona el parlamentarismo: el pequeño puede imponer condiciones al grande.

Y vaya si lo hicieron: Pujol y Arzallus obtuvieron transferencias que González les había negado, se suprimió el servicio militar obligatorio y se cambió de nombre a los gobernadores civiles.

Aznar incluso aceptó entregar a Pujol la cabeza del presidente del PP catalán, Alejo Vidal-Quadras, que había obtenido unos resultados espléndidos en Cataluña. ¡La ley de hierro en los partidos!

Todo se supeditaba a llegar al Gobierno para, desde el poder, demostrar que la derecha —entonces el PP no se avergonzaba de serlo— sabía gobernar para todos, lejos del dóberman que el PSOE había sacado en la campaña electoral.

En esos momentos, con más de un 22% de desempleo y un déficit del 7% —los cimientos de la crisis se cavaron cuando González, después de la huelga general de 1988, disparó el gasto público— no había fondos suficientes para pagar las pensiones.

Ese primer Gobierno, del que formaba parte Mariano Rajoy como ministro de Administraciones Públicas, se volcó en la economía, con el recorte del gasto público y de altos cargos. En junio, se aprobó en el consejo de ministros un real-decreto de “Medidas urgentes de carácter fiscal y de fomento y liberalización de la actividad económica” que cambió la economía española.

En esos años se produjeron la recuperación económica, la incorporación a la Unión Económica y Monetaria europea, la sustitución de la peseta por el euro, la venida de inmigrantes, la creación del Fondo de Reserva de la Seguridad Social, la respuesta militar a la agresión marroquí y, después de una negociación-trampa con ETA, la ofensiva contra los terroristas y su brazo político, en la que la izquierda tuvo que seguir las directrices de Aznar y de su ministro de Interior, Jaime Mayor Oreja.

Jaime Mayor Oreja, junto a José Antonio Ortega Lara / EFE
Jaime Mayor Oreja, junto a José Antonio Ortega Lara / EFE

En marzo de 2000, los españoles premiaron a Aznar y a su Gobierno, tachado de “derecha dura” y de “antipático”, con una mayoría absoluta de diputados, lo que no había pasado desde 1986.

Según la EPA, en los últimos meses del Gobierno de Aznar se superaron los 18 millones de españoles trabajando. La inflación disminuyó; en 1998 el IPC marcó el mínimo en décadas con un aumento de sólo un 1,4%. Además, a España no le afectó apenas el pinchazo de la burbuja de Internet en Estados Unidos.

La confianza y la riqueza causaron un frenesí de construcción de viviendas… que se vendían todas, a españoles, inmigrantes y europeos. El mayor número de viviendas construidas en España se marcó en 2006. Todas las Administraciones, sobre todo las municipales y autonómicas, recibían ingresos de las nuevas construcciones, desde el IBI a nuevos cotizantes. Y nadie quiso escuchar las advertencias que pedían precaución.

Aznar rompió con las directrices de la Transición

En mi opinión, las dos legislaturas de Aznar, sobre todo la segunda, suponen una ruptura con las directrices establecidas en la Transición por la izquierda. Así, podemos enumerar:

  • una política exterior que se separaba por fin de la supeditación a Francia y a su aliado Marruecos y optaba por el vínculo atlántico con Estados Unidos;
  • la defensa en la ONU de la autodeterminación del Sáhara;
  • el intento de ordenar el caos autonómico con la aprobación de límites al endeudamiento público mediante la Ley de Estabilidad Presupuestaria en 2001;
  • la persecución de ETA para derrotarla, sin pactar ni negociar con ella, de la que es muestra la ilegalización de Herri Batasuna;
  • la disputa a la izquierda del discurso cultural;
  • la reparación a las víctimas del terrorismo, olvidadas por los Gobierno de UCD y del PSOE;
  • y la reducción del peso del Estado con la privatización de las empresas públicas, antes paraíso del enchufe.

Quizás esos cambios básicos en el Estado y la política realizados por Aznar expliquen que sus años de Gobierno se cierren con los oscuros atentados del 11-M; la acusación de “asesinos” no a los terroristas, sino a los gobernantes; y el asalto callejero a las sedes del PP, en el que coincidieron desde cargos del PSOE a posteriores dirigentes de Podemos.

¿Qué puntos negativos tienen los años de Aznar?

  • No hubo ninguna medida para revertir las cifras de aborto —de 50.000 anuales a más de 80.000— ni promover la natalidad;
  • trató de formar mediante manipulaciones un grupo mediático afín que compitiese con Prisa;
  • se adaptó –quizás no pudiera hacer otra cosa- a los ‘poderes fácticos’, que los sigue habiendo;
  • trató de recomponer el PSOE de los GAL y la corrupción para restaurar un turno de partidos;
  • empezó a aceptar la memoria histórica al condenar, a propuesta del PSOE, el alzamiento del 18 de julio y el régimen franquista;
  • permitió la entrada de cientos de miles de inmigrantes ilegales;
  • y tardó demasiado en aplicar la contra-reforma de la Logse.
Mariano Rajoy en 1996, en su etapa como ministro de Administraciones Públicas / LD
Mariano Rajoy en 1996, en su etapa como ministro de Administraciones Públicas / LD

Ejemplo de esa ambivalencia es la retirada de Aznar: por un lado, aceptó limitar su poder al renunciar a presentarse a un tercer mandato, cosa que todos los españoles debemos agradecerle en un país donde los mandamases se perpetúan (Jordi Pujol, Felipe González, Manuel Chaves, Manuel Fraga…), pero, por otro lado, designó como su sucesor a Mariano Rajoy, sin que mediara un congreso.

Con Rajoy ni una de las leyes de Zapatero ha sido derogada y la Generalitat dirige a Cataluña a la independencia

 Al menos el PP de esos años tenía un plan alternativo a la hegemonía de la izquierda, otras propuestas, que no se limitaban a la economía. Lo asombroso es que el PP actual, dirigido por muchos de los que fueron ministros de Aznar (Mariano Rajoy, Cristóbal Montoro, Javier Arenas….), desde hace unos años prefiere alardear de “seriedad” y de no hacer política.

Las consecuencias de esa opción las tenemos ante nosotros: ni una de las leyes de Zapatero ha sido derogada, la Generalitat dirige a Cataluña a la independencia y se ha organizado una extrema izquierda rampante que agita las calles y las televisiones.

Cándido Méndez, histórico líder de UGT
Cándido Méndez, histórico líder de UGT

Para resumir en cuatro años la última legislatura del PP, ahora un partido al que vota la derecha pero que hace política de izquierdas, me fijo en la concesión de la medalla al mérito en el trabajo a Cándido Méndez, secretario general durante 22 años de un sindicato implicado en inmensos casos de corrupción, mientras las turbas de extrema izquierda —muchos de cuyos miembros se han educado en los años de Aznar o se fajaron en la agitación callejera en 2003—, aullaban en las redes sociales contra la fiesta de cumpleaños del empresario Amancio Ortega.

Comentarios

Comentarios

Compartir
Cuando me digo por las mañanas que el periodismo es lo más importante, me entra la risa. Trato de tomarme la vida con buen humor y con ironía, porque tengo motivos para estar muy agradecido. Por eso he escrito un par de libros con mucha guasa: Bokabulario para hablar con nazionalistas baskos, que provocó una interpelación en el Congreso por parte del PNV, y Diccionario para entender a Rodríguez el Progre. Mi último libro es 'Eternamente Franco' (Homo Legens).