Verdugos convenientes y víctimas inconvenientes

    José Miguel Serrano denuncia la distinción entre las víctimas y culpa a los gobernantes de que esto ocurra.

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    El atleta Óscar Pistorius declarando por el homicidio de su novia/Fuente EFE

    La reciente liberación del atleta homicida de su mujer Pistorius me ha llevado a reflexionar sobre la víctima conveniente. En efecto, en nuestros tiempos existe un modo victimario de prosperar pero para ello se debe estar en la categoría de víctima políticamente conveniente; si no vas listo.

    Ya se que tanto OJ Simpson como Pistorius deben su suerte fundamentalmente a la habilidad de los abogados, luego en un caso un jurado predominantemente negro, de color en neolengua, se inclinó por absolverle, en el otro caso podríamos pensar que la condición de deportista nacional, más la de discapacitado grave, le beneficio. En conclusión la rubia atractiva cede como víctima conveniente ante demasiados posibles verdugos.

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    Si nos apartamos de los casos de sujeto superdefendido ante los tribunales y nos centramos en la acción de los gobiernos y de la opinión pública veremos que la condición de víctima inconveniente pesa a veces con enorme fuerza. Pensemos en los cristianos. En Occidente están mal vistos. Y pueden pertenecer a la minoría más perseguida que seguirán considerados inconvenientes para el victimario.

    La protección de la minoría o mayoría no tiene buena prensa

    En general la cuestión se extiende a toda la persecución religiosa. Salvo que se trate de algún ateo censurado, la libertad religiosa, es decir, la protección de la minoría o mayoría no tiene buena prensa. Se lo decía un alto funcionario español, luego se ha probado en Naciones Unidas, a un militante prolibertad religiosa en Ginebra, si se dedicase a cuestiones de género tendría financiación pública.

    Asia Bibi no es un gran caso por su condición de ser cristiana

    Los cristianos no pueden aparecer como víctimas por ser cristianos. Su causa debería enmascararse, desde el Parlamento Europeo a gobiernos como España, se omite la referencia incluso en la persecución del Estado islámico, por cierto única institución donde se añade “el autodenominado” para no ofender a los otros estados islámicos que les financian. La pobre Asia Bibi no es un gran caso, precisamente por su condición cristiana.

    Esto de la víctima conveniente tiene sus paradojas. Pensemos en los judios, por ejemplo, un judio de Laponia tiene su oportunidad, si es judio de Israel va listo. Allí no consigue la condición de víctima conveniente si no es por incorporarse a alguna categoria general, que no sea, obviamente, la de víctima del terrorismo. No sé si Jerzy Stanislaw Lec estaría de acuerdo conmigo cuando en sus Pensamientos descabellados sentenciaba: “No sorprende que se diga que los judíos que son ricos, siempre acaban pagando por todo”.

    En el fondo las victimas convenientes remiten al verdugo conveniente. Es decir, hay víctimas que no pueden serlo en cuanto se ha decidido que sus verdugos no lo son en ninguna forma posible. El asunto está especialmente indicado en los defensores de libertades formales frente al “imparable avance del pueblo”.Quienes se pudren en las cárceles castristas, sin visitas imposibles de pontífices, que los tiranos saben a quién dejan visitar según que cosas, no pueden ser víctimas convenientes.

    Menos la mujer mona y limpia de un líder antichavista. Burguesa no puede esperar la solidaridad que se desparrama para el cantautor. Ciertamente los Willys y los Pablos no pueden presumir de originalidad ni siquiera en su pobre condición de sicarios en el Primer Mundo. Generaciones de memos intelectuales les han precedido.

    «Los gomezdavilianos sabemos que la ironía apenas disfraza el odio impotente»

    En efecto, la desvergüenza es grande en los periodistas y políticos pero tiene sus más altas cumbres en los intelectuales. Vuelvo a Leys a quien no tengo a mano, pero sus páginas sobre los maoistas franceses de salón no han sido superadas, ni Amis hablando de Koba el terrible llega a su sarcasmo, sorprendentemente irónico y por ello eficaz, aunque los gomezdavilianos sabemos que la ironía apenas disfraza el odio impotente. Pero hay que mostrar mucho sentido del humor para no dejarse arrastrar por la rabia al contemplar a los amigos de tiranos o a sus lavaplati ignorar las señales evidentes del crimen.

    Leía o oía el otro día al gran Plinio Apuleyo Mendoza comentar que con “Gabo” era eficaz aprovecharse de sus magníficas relaciones con Fidel Castro para liberar a este o aquel poeta. No lo sé, la propaganda del régimen apenas compensa esos pocos sacados de unas prisiones donde quedaban tantos, su crimen justificado por el sector (grande) de intelectuales latinoamericanos y europeos que estaban dispuestos a tragar cualquier sapo revolucionario.

    El victimismo repite la genial intuición de “granja de animales”, unas víctimas son más víctimas que otras, y siempre hay quien cierra los ojos ante las acciones de los cerdos, que como sabemos por Orwell,  son los animales que gobiernan.

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