Vox, ¿éxito o fracaso?

    Cunde cierto desánimo dentro de la formación verde tras los resultados de las elecciones generales. ¿Ha fracasado Vox? ¿Ha obtenido un gran éxito? ¿Qué podemos decir al respecto de su entrada en el sistema español de partidos nacionales?

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    Santiago Abascal, líder de Vox, en la apertura de la campaña para las elecciones municipales, autonómicasy europeas de 2019. /EFE
    Santiago Abascal, líder de Vox, en la apertura de la campaña para las elecciones municipales, autonómicasy europeas de 2019. /EFE

    Cunde cierto desánimo dentro de la formación verde tras los resultados de las elecciones generales. ¿Ha fracasado Vox? ¿Ha obtenido un gran éxito? ¿Qué podemos decir al respecto de su entrada en el sistema español de partidos nacionales?

    Si el criterio es introducir en la política española un partido que introduzca nuevos temas y nuevas propuestas, de nuevo Vox ha tenido éxito

    La respuesta dependerá de cuál es el baremo que se elija para calibrar el éxito. Si tenemos en cuenta que el día de las elecciones andaluzas Vox tenía cuatro sueldos, cinco si contamos con el contrato con la persona que se encargaba de la limpieza, que tenía en contra el esforzado silencio de los medios de comunicación, y luego su encarnizada oposición, y con una financiación que nada tiene que ver con el resto de formaciones, se puede decir que obtener el apoyo del 10,26 por ciento de los votantes y 24 diputados me parece un éxito resonante.

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    Si el criterio es introducir en la política española un partido que introduzca nuevos temas y nuevas propuestas, de nuevo Vox ha tenido éxito. Con 24 diputados, pese a todos los esfuerzos que realicen los medios de comunicación para no mancharse con su discurso, eso lo han logrado. Han logrado lo mismo que Podemos en 2014. En el caso de Ciudadanos, nada de su mensaje aporta algo nuevo al discurso político, dicho sea, por supuesto, en favor suyo.

    Si Vox sólo recaba voto procedente del PP, resta más que suma. Resta no sólo por la Ley D’Hont, sino por las circunscripciones pequeñas

    Hay todavía un tercer criterio, que es el de las expectativas. Es un criterio ambivalente, porque contrastados los resultados con ellas, ya podemos hablar sin miramientos de fracaso, mientras que las propias expectativas son señal de todo lo contrario, del éxito de Vox en su entrada en las instituciones nacionales.

    Pero no se agotan aquí los baremos. Falta el que, para mí, es el más importante. La presencia de Vox, ¿suma o resta al bloque de centro derecha? Es un criterio relevante. El sistema de dos partidos se ha substituído por el de dos bloques. O, por acabar de ser precisos, dos bloques divididos por dos criterios que se superponen, pero que no coinciden plenamente: Uno el de izquierda-derecha y otro el del mantenimiento de la nación española, con la Constitución vigente, o su transformación en otra cosa.

    De modo que dos bloques hay, y la cuestión es si Vox suma, o no lo hace. Si Vox sólo recaba voto procedente del PP, resta más que suma. Resta no sólo por la Ley D’Hont, sino por las circunscripciones pequeñas. Suma si en el cómputo circunscripción por circunscripción supera a Podemos, y le relega a ser la quinta fuerza política. Pero eso no ha ocurrido. Con lo cual, el balance es negativo.

    En Murcia y Almería, donde hay una población musulmana que supera el 14 por ciento, el voto a Vox tiene mayor presencia

    Aún dentro de este criterio hay otra forma de valorar el voto a Vox. Esta formación, que se alinea tenuemente con otros partidos de ultraderecha o, más bien, de la llamada derecha identitaria, ¿será capaz como éstos de recabar un apoyo a la izquierda y a la derecha? Si, además de morder al PP lo hace a la izquierda, entonces su contribución es genuínamente positiva para quien se sitúe en el centro derecha.

    Estos partidos, el antiguo Frente Nacional francés (hoy Reagrupación Nacional), o la Liga Norte, lo han hecho. Eso explica que Marine Le Pen tenga opciones reales de convertirse en la primera mujer que presida el Estado francés (está empatada en las encuestas con Emmanuel Macron), o que Matteo Salvini lidere las encuestas en Italia. ¿Irá Vox por ese camino?

    Fuentes del partido me comentaban recientemente que el partido sí recaba votos de la izquierda, y apuntaban a que la presencia de la comunidad musulmana explica en parte ese trasvase. Y, como en el caso de Le Pen o Salvini, el elemento clave es la presencia de extranjeros, y en particular de la comunidad musulmana. ¿Qué parecen decirnos los datos al respecto?

    Es cierto que en Murcia y Almería, donde hay una población musulmana que supera el 14 por ciento, el voto a Vox tiene mayor presencia. En Castellón, donde también hay una importante presencia esa comunidad, Vox ha concitado el apoyo del 12 por ciento de los electores; insuficiente, por cierto, para obtener alguno de los cinco diputados de la circunscripción. Ese 12 por ciento, punto y medio más que la media nacional, no parece ser una diferencia muy significativa. En Tarragona, Lérida y Gerona, también hay una población musulmana que supera el 14 por ciento, pero en esas provincias no alcanza el 5 por ciento de voto.

    Vayámonos a Madrid. En el barrio de Lavapiés, donde Podemos ha superado al resto de partidos, Vox ha obtenido en torno a la mitad del porcentaje de votos que en la Comunidad de Madrid, y la mitad de los votos que ha perdido el Partido Popular. Aunque se corresponde, grosso modo, con el voto que ha perdido Podemos, está claro que ahí no ha rascado votos de lo que sociológicamente se considera la izquierda. En ese barrio de Madrid, un 31 por ciento de la población es extranjera, gran parte de la cual es musulmana.

    Vistos así los datos, la posible inquietud de una parte de la población española por la presencia de extranjeros que puedan suponer un cambio en las formas de vida locales, o una competencia en el acceso a los servicios públicos no parece explicar el voto a Vox. Sube donde se vota más a la derecha (Murcia, Almería), baja donde se vota más a la izquierda (Lavapiés) o al nacionalismo (tres de las cuatro provincias catalanas).

    Con todo, aún es algo pronto para valorarlo. Quizás, si logran transmitir su mensaje, acabe calando en una parte mayor de la sociedad, pero aún está por ver.

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    José Carlos Rodríguez es periodista. Forma parte del equipo de ProducciONE, pero en otra vida ha sido redactor jefe de Internacional de La Gaceta, y ha trabajado en la prensa digital en medios como Factual.es, elimparcial.es y libertaddigital.com. También ha colaborado con el semanario Alba, Expresión Económica, La Ilustración Liberal, La Gaceta de los Negocios o la agencia APIE, entre otros.