Santiago Abascal, líder de Vox, en la apertura de la campaña para las elecciones municipales, autonómicasy europeas de 2019. /EFE
Santiago Abascal, líder de Vox, en la apertura de la campaña para las elecciones municipales, autonómicasy europeas de 2019. /EFE

Pues no, no ha salido como se esperaba. Parecía que Vox podía entrar en el Congreso como un torbellino y se ha quedado en una pacífica lluvia primaveral. Y claro, son muchos los peperos irredentos que nos han afeado la conducta a los que osamos poner en cuestión el seguir votando a los populares. A pesar de habernos traicionado tantas veces, de haber sido tan cobardes en defender nuestros principios, de haber permitido casos de corrupción bochornosos, de tragar sin más con los dogmas progres, nuestro voto era suyo.

Ellos son la auténtica moderación, el equilibrio, la mesura, el centro. “Está bien: habéis tenido un devaneo con la extrema derecha. Por esta vez, pase. Pero ahora, volved al redil del Partido Popular. Sí, es cierto: no vamos a defender los principales derechos en los que crees; no nos vamos a oponer al rodillo totalitario e intransigente de la izquierda. Pero, ¿qué prefieres? O gobernamos los moderados o gobierna la izquierda”.

Actuall depende del apoyo de lectores como tú para seguir defendiendo la cultura de la vida, la familia y las libertades.

Haz un donativo ahora

Ante esta falsa disyuntiva, es cierto que algunos de los nuevos votantes del partido de Abascal se han venido abajo y, de cara a las próximas elecciones municipales y europeas, prefieren recoger “los restos del naufragio” y volver a optar por los populares. “Ya no vale la pena votar a Vox”, se lamentan.

Pablo Casado prometía regresar a la moderación y replegar velas. Es decir, a la nada con sifón. A la vacuidad. Al aguachirri. A la derechita cobarde. A la ausencia total de valores y principios

Pero, mientras ellos deciden esto, Pablo Casado aseguraba haber “captado el mensaje” de sus electores y prometía regresar a la moderación y replegar velas. Es decir, a la nada con sifón. A la vacuidad. Al aguachirri. A la derechita cobarde. A la ausencia total de valores y principios. A tragar con todo lo que venga impuesto de la izquierda porque “es inevitable y, al final, Europa y todo el mundo van hacia allí”.

Y vuelven con la matraca del mal menor y el voto útil. Hoy, quizás más que nunca, el Partido Popular se ha convertido en la cara amable del PSOE, en la forma más eficaz que tiene la izquierda para introducir sus cambios en la sociedad sin que la mitad de esa sociedad se rebele, porque está narcotizada por los cantos de sirena de un partido supuestamente conservador y de derechas que dice que va a defender sus principios.

Pero es falso. Una vez más, es falso. A Pablo Casado le han durado poco esas aparentemente buenas ganas de llevar al PP a ser un partido de derechas. Él es el primero en haber regresado mansurronamente al redil de lo políticamente correcto y de haberse convertido en “un peregrino sin rumbo que ha ido a hacer el camino de Feijoo”.

Aquí no se trata de votar a unas siglas u otras, porque no se le debe fidelidad a un partido o a un político concreto, sino a unos valores, principios y creencias. Y, cuando esos valores son irrenunciables y se apuesta firmemente por ellos, no importan tanto las estadísticas, las matemáticas, los agoreros ni el consejo de los “prudentes”. Porque tanta prudencia nos ha llevado adonde estamos ahora, y sólo saldremos de aquí apostando por quien realmente defienda nuestros principios. Nuestro tiempo llama imprudentes a los valientes.

Roma no se hizo en un día, y la transformación de la sociedad española hacia el bien, la verdad, lo bello y lo bueno tampoco se conseguirá a la primera. No desfallezcamos.

Comentarios

Comentarios

Compartir
Álex Navajas es periodista. Contertulio habitual de El Gato al Agua, de Intereconomía TV, ha trabajado once años en La Razón y dirige su propio Gabinete de Comunicación. Imparte también cursos y seminarios de formación.