Reliquias Smiley

    Rodríguez Zapatero fue un presidente que, buscando la división y el rencor, no hacía otra cosa que sonreír. Recuerdo que por eso le puse el apodo de “Smiley”.

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    El-ex-presidente-del-gobierno-Jose-Luis-Rodriguez-Zapatero
    El expresidente del gobierno José Luis Rodríguez Zapatero

    José Luis Rodríguez Zapatero destacó por su aversión a la libertad, y a la convivencia entre personas libres y responsables. La llamada memoria histórica, es decir, el uso político del dolor del pasado para promover la agenda de la izquierda en el presente, es una criatura típica de un presidente que, buscando la división y el rencor, no hacía otra cosa que sonreír. Recuerdo que por eso le puse el apodo de “Smiley”.

    Pero siempre desconfié de él, incluso cuando, antes de ganar las elecciones, presumía de “liberal”: jamás lo fue, es un adorador del poder, y ese fondo siniestro, que se refleja hasta en su forma de hablar, contrasta con su perenne sonrisa. Se refleja el antiliberalismo con precisión en el rechazo a las instituciones de la libertad, desde la propiedad hasta los contratos, desde las tradiciones hasta la religión.

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    Zapatero: “La democracia exige un Estado aconfesional y una cultura pública basada en valores laicos»

    En abril de 2006 declaró Zapatero en una entrevista: “La democracia exige un Estado aconfesional y una cultura pública basada en valores laicos. La Iglesia católica puede mantener algunas posturas que evocan todavía la aspiración a que las leyes eclesiásticas estén por encima de las leyes de la polis, pero creo que esa actitud es ya una reliquia ideológica”.

    ¿La democracia exige valores laicos? No, los exigen quienes utilizan la democracia para acabar con cualquier cosa que medie entre el poder y sus súbditos, para que éstos queden a su completa merced. De ahí la inquina contra la religión.

    Los socialdemócratas, que no propugnan la represión abierta de la Iglesia, procuran arrinconarla y silenciarla: “este tipo de convicciones pertenecen al ámbito privado”. Cuando le conviene, la izquierda idolatra “la calle”, pero aborrece toda manifestación pública en la calle que tenga que ver con la religión. Quizá la muestra más escalofriante, y que da título a este artículo, es eso de que la Iglesia es un peligro porque aspira a estar “por encima de las leyes”.

    Ante todo, la Iglesia pretende que la gente pueda vivir su religiosidad en paz y libertad, no quiere imponer esa religiosidad a todos. En cambio, los supuestamente tolerantes izquierdistas buscan precisamente eso: imponer los “valores laicos”.

    Si no hay nada por encima de la ley, entonces, como la ley es hecha por el Estado, entonces no hay nada por encima del Estado

    Pero lo más grave es la noción de fondo: si no hay nada por encima de la ley, entonces, como la ley es hecha por el Estado, entonces no hay nada por encima del Estado. Y Zapatero, con aire angelical, afirma que por suerte hemos superado la idea de que hay una “ley natural por encima de las leyes que los hombres se dan”.

    Esa es la reliquia, que expresa lo valioso que tenía el iusnaturalismo, y que el positivismo y el utilitarismo extinguieron: hay algo por encima del poder. Superada esa reliquia, se liquida la garantía de la libertad y los derechos de los ciudadanos, es decir, se liquidan los límites del poder.

    Pedro Sánchez junto a José Luis Rodríguez Zapatero/EFE
    Pedro Sánchez junto a José Luis Rodríguez Zapatero/EFE

    Las demás ideas de Zapatero en esta entrevista encajan con ese rancio antiliberalismo. Por ejemplo: “Mi pronóstico es que instituciones como el matrimonio de homosexuales se extenderán a todos los países democráticos”.

    Nótese que llama “institución” a lo que el Estado crea. El matrimonio es una institución milenaria, muy anterior a los estados. Pero eso a Zapatero no le importa: él llega y la cambia, porque, otra vez, no hay nada que obstaculice al poder.

    «Para Zapatero los derechos no son de las personas, sino que la política los confiere»

    Más: “La democracia es, ante todo, derechos y oportunidades”. Esto es una distorsión de la democracia, porque los derechos son de las personas, no del poder; son ellas las que buscan sus oportunidades en paz, justicia y libertad. Para Zapatero no: los derechos no son de las personas, sino que la política los confiere. O no.

    Y más. Sostiene que el ciudadano sólo cuenta con el voto: “Es la única herramienta que tiene para que sus ideas puedan realizarse y para mejorar su vida”. Impresionante muestra de totalitarismo: sólo tenemos el voto, y todo depende de la política, de los gobiernos, y nada de la libertad individual.

    Por fin, un viejo y fabuloso camelo: “los poderosos, la derecha económica, los grupos de presión, no necesitan la política para vivir y para mandar”. O sea que el Estado no manda, sino los empresarios. Vamos, que a usted no le arrebata el dinero la Agencia Tributaria sino El Corte Inglés. Que, naturalmente, es de derechas, y, por tanto, malvado.

    Hemos empezado recordando la mal llamada memoria histórica. Recordemos ahora que una de las señas de identidad del totalitarismo es el oportunismo y la mentira: nada le importa si cree que le conviene políticamente.

    Y en ese año 2006, Rodríguez Zapatero, el que poco después se afanaría en dinamitar la transicion y resucitar el guerracivilismo, decía: “Nuestra identidad como España moderna tiene sus raíces en la concordia y el consenso de la transicion. Por ello, es casi un elemento fundacional de la democracia española el no hacer un debate sobre la tragedia de 1936-1939”.

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