Imagen de la película de Apocalipsis climático 'El día de mañana' dirigida por Roland Emmerich

El Cambio Climático es uno de los dogmas innegables de nuestro tiempo, y tiene la enorme ventaja, desde el punto de vista del poder, que se le pueden achacar todos los males que se deseen.

Lo último que he leído es que está haciendo que los osos polares se apareen con los osos pardos. Por qué ese mestizaje sea algo terrible y pueda presentarse como tal sin quedar infamado como racista lo desconozco.

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También es sabido que, recientemente, el nuevo presidente francés, Emmanuel Macron, dijo sin inmutarse que no podía combatirse el terrorismo sin luchar contra el cambio climático. Como lo oyen.

Les seré sincera: no soy climatóloga, y todo lo que diga a partir de aquí tendrá que basarse en evidencias periodísticas e históricas, más que científicas. Pero creo necesario responder, al menos, a algunas respuestas sobre el particular.

1.- ¿Es real el cambio climático? Sinceramente, no tengo ni idea.

Con el ‘cambio climático’, naturalmente, no se hace referencia a que el tiempo cambie, y que unos años haga más calor o más frío que otros: eso ha pasado siempre, el tiempo atmosférico es cambiante y se mueve por ciclos.

No, lo que quieren decir los evangelistas del Cambio Climático es que, desde los años 80, se ha observado una elevación de la temperatura media de unas décimas de grado que los científicos atribuyen a la actividad industrial.

Los datos fiables para medir esta temperatura son muy recientes, pero lo que se trata de medir es la compleja interacción de factores que causan el clima en ciclos de miles de años, lo que exige extrapolar bastante. De hecho, después de que se obtuvieran los datos que alarmaron a los climatólogos, el avance de la temperatura cesó, con lo que tuvo que hablarse -e inventarse explicaciones- para esta ‘pausa’ que dura ya 18 años.

En parte por esto y en parte para poder achacar cualquier fenómeno vagamente inusual a la teoría, lo que había empezado llamándose ‘calentamiento global’ pasó a ser conocido con el nombre menos comprometido de ‘cambio climático’.

2.- ¿Hasta qué punto son fiables las predicciones de los adalides del Cambio Climático?

Para ser totalmente sincera, no mucho. Los científicos del Panel del Clima de Naciones Unidas han aprendido a la fuerza cierta prudencia, porque cada vez que se han dado datos concretos a corto plazo se han demostrado fallidos, todos, sin excepción.

“Especialmente llamativas son las declaraciones de los personajes que más tienen que ganar con él, como Al Gore, que ganó el premio Nobel de la Paz por un documental alarmista”

Especialmente llamativas son las declaraciones de los personajes más mediáticos del movimiento, y los que más tienen que ganar con él, como el ex vicepresidente americano Al Gore, que ganó el premio Nobel de la Paz por un documental alarmista sobre el fenómeno.

De atender a Gore, los polos ya se habrían derretido hace unos años, y los osos polares serían una especie extinta. Pero si intentan viajar por el Paso del Norte verán que ese está lejos de ser el caso.

En realidad, un paseo por las hemerotecas debería bastar para introducir cierta vacilación en el más firme creyente de la Iglesia de la Climatología.

Al Gore, ecologista.

3.- ¿Nunca en la historia se ha dado una variación climática como la actual?

En realidad, sí. El llamado Óptimo Medieval -una expresión que hace torcer el gesto a todo climatólogo que se precie- fue un periodo, del siglo X al XIV, en el que las temperaturas en Europa fueron especialmente altas.

Nadie podía achacar el calentamiento a la actividad humana, entonces de una incidencia insignificante sobre el conjunto del Planeta.

Pero más curioso es que, ¿saben?, a los sujetos afectados no les fue nada mal con ese aumento. De hecho, hubo una explosión demográfica que tardó siglos en reproducirse, se obtenían cosechas en Groenlandia e Inglaterra producía vino.

Posteriormente vendría la llamada ‘Pequeña Glaciación’, con largos y duros inviernos, que duró hasta el siglo XIX. Es decir, ni para la humanidad es nada nuevo el Cambio Climático ni es siempre perjudicial, especialmente cuando se trata de una subida de las temperaturas.

¿Y por qué habría nadie de apoyar la teoría del Cambio Climático si no estuviera suficientemente probado?

Se me ocurren bastantes razones, casi tantas como tentaciones asaltan a cualquier ser humano. Para los políticos, por ejemplo, es casi demasiado bonito para ser cierto: una amenaza global, que amenaza a la humanidad entera -y que, por tanto, justifica moralmente recortar libertades y aumentar el control y la intromisión de la vida privada-, pero que es lo bastante vaga e imprecisa como para que nadie puede concretar cuándo ha acabado la amenaza o si las medidas que se aplican son las correctas.

El Cambio Climático es una industria que factura al año un billón y medio de dólares

Piénselo: si se confirman las peores predicciones, ¿qué mayor prueba de que tenían razón? Si no se cumplen, ¿qué mayor prueba de que los sacrificios que hicimos eran los adecuados?

Si se quieren otras motivaciones más terrenales, bueno, el Cambio Climático es una industria que factura al año un billón y medio de dólares -sí, con ‘b’ de bestialidad-, y el propio Al Gore ha visto quintuplicarse su fortuna con el negocio en torno a la llamada ‘huella de carbono’.

5.- ¿Se puede detener la amenaza con acuerdos como los de París?

Ahí está la principal pega de todo el invento. Vamos a suponer que el Cambio Climático sea exactamente como lo presenta el dogma, con las consecuencias que repiten sin cesar. Imaginemos, también, que es debido a la actividad industrial y a ninguna otra causa.

Las cumbres del clima tienen un enorme coste económico (la de París por ejemplo supone que la Unión Europea tendrá que pagar hasta 600.000 millones de euros al año), lo cual naturalmente, se traduce en un empobrecimiento relativo. Pues bien con ese tipo de costes sólo se conseguiría frenar mínimamente el aumento de las temperaturas, según los propios interesados.

Los países del Tercer Mundo, que están haciendo ahora la revolución industrial que en el Primero nos enriqueció hace un siglo, están encantados con las políticas ‘climáticas’ mientras supongan una transferencia de fondos de los países ricos a sus países; de ninguna manera si supone que ellos tienen que parar fábricas o introducir medios costosos antes de igualarse con el Primer Mundo.

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Traductora, inconformista, muy suya, amante del periodismo con y sin papel, y sobre todo lectora: ésa es su verdadera vocación. Y por ese orden: primero leer y luego escribir.