Imagen de una publicidad de Michael Kors, que pretende mostrar el lujo entre los jovenes solteros

Occidente se llena de personas que viven solas. Lo que en todas las sociedades es una situación muy minoritaria, anómala y transitoria se ha convertido en nuestro mundo en una ‘forma de vida’ elegida por un número creciente.

Sin entrar -de momento- en las causas, la revolución más importante, ineludible y de mayores efectos a largo plazo que sufre el planeta es demográfica, desde el desequilibrio de los sexos en China al boom de la fertilidad en África, pasando por las masivas oleadas migratorias que se abaten sobre Europa.

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Y ¿Occidente? Occidente elige el suicidio de los vientres estériles, la vida en solitario y la adolescencia indefinida.

En España son ya 6,5 millones de adultos sin pareja, según el Instituto Nacional de Estadística o, dicho de otra forma, uno de cada cuatro hogares -llamémoslo así- está formado por una sola persona, una proporción que aumenta de año en año.

En Estados Unidos, ya el año pasado se alcanzaba esta proporción, que en 1940 era de solo el 7%, informa The Washington Post en un reportaje titulado ‘El aumento de los solteros cambiará el modo en que vivimos en las ciudades’. En realidad, ya en 2013 se alcanzó una mayoría de solteros por primera vez en la historia de Norteamérica.

En la vecina Gran Bretaña, dice BBC News, la Office for National Statistics muestra que más de la mitad de la poblacion de la poblacion inglesa -el 51%- está soltera, aunque si descontamos a las parejas que viven sin estar casadas, la cifra baja al 40%.

En España uno de cada cuatro hogares es unipersonal, según el Instituto Nacional de Estadística

En España, el INE confirma que el número de hogares unipersonales es del 25%, uno de cada cuatro, pero está cifra va en aumento.

Una de las primeras causas de esta situación es el divorcio, el destino final de, aproximadamente, la mitad de los matrimonios. Esto, además de aumentar el número de hogares unipersonales, acrecienta la proporción de ‘otras formas de familia’, sobre todo la representada por un progenitor -usualmente, la madre- que vive sola con sus hijos, un modelo que ha pasado del 10,6% en 1970 al 17,8% el año pasado.

Pero aún es más significativo el número de personas que elige vivir sola o, por cualquier otra razón, acaba viviendo sin hijos ni pareja. De estos hogares es, naturalmente, mayor el número de los formados por una mujer, ya que vivimos más que los hombres, y es hoy del 15,2 por ciento.

Pero si los efectos a medio y largo plazo para nuestra civilización son aterradores -directamente, el suicidio de una civilización-, no son estas malas noticias para todo el mundo.

¿Quiénes salen ganando? Las empresas, que disponen de mano obra más móvil. ¿Quién sale perdiendo? El trabajador

Para las empresas, por ejemplo, supone disponer de una mano de obra más móvil y menos atada a compromisos familiares, más pronta y dispuesta a trasladarse a cualquier lugar donde se necesite, más abierta al cambio y con menores exigencias salariales. Un chollo.

Cada vez más personas eligen vivir solas / Pixabay
Cada vez más personas eligen vivir solas / Pixabay

Para el trabajador, en cambio, lo es bastante menos. El soltero -en un sentido amplio- sufre peor el despido o la enfermedad, sin nadie en el hogar que pueda suplir la pérdida del sueldo o que pueda cuidarle en el segundo caso.

Eso, naturalmente, sin contar con la pérdida de contribuyentes futuros que le paguen la pensión y, en general, mantengan el crecimiento económico. Personalmente significa que es poco probable que nadie vaya a verte a la residencia cuando te hagas viejo.

Los milennials llegan a la mayoría de edad aborreciendo las responsabilidades de la vida adulta

Pero la nueva generación, los ‘milennials’, llegan a la mayoría de edad con un mayor aborrecimiento por las responsabilidades de la vida adulta y una mayor aversión hacia el matrimonio que sus mayores de la Generación X.

Investigadores del Council on Contemporary Families americano revelaron que solo el 22% de éstos se han criado en el entorno de una familia ‘tradicional’ -es decir, lo que hace no tanto era el modelo estándar de padre que ingresa, madre que cuida de la casa y los hijos-; por el contrario, el modelo más común es el de un hogar donde padre y madre trabajan fuera de casa, aunque solo en un 34% de los casos.

El 23% de los milennials se ha criado -y, en muchos casos, aún vive- en un hogar formado por una madre sin marido, solo la mitad de ellas alguna vez casadas.

Con estos mimbres es difícil esperar otros resultados.

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Traductora, inconformista, muy suya, amante del periodismo con y sin papel, y sobre todo lectora: ésa es su verdadera vocación. Y por ese orden: primero leer y luego escribir.