Cruda realidad / Tiene usted una empresa muy bonita; sería una pena que le pasara algo…

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    Carbonia, la conocida multinacional fabricante de protectores solares, se ha metido en un verdadero lío. Los expertos lo califican de ‘desastre de imagen’, y no es para menos.

    Todo el asunto podría resumirse en una frase, pronunciada por un alto ejecutivo de la compañía en el curso de un intercambio con la agencia de publicidad que, desde hace más de un siglo, se ocupa de sus campañas: “Nosotros no hacemos cosas específicamente para cristianos”.

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    Con más de mil millones en todo el planeta, y más del sesenta por ciento de la población declarándose ‘católicos’ -aunque practiquen un 17%- solo en nuestro país, los cristianos representan un considerable porcentaje de la clientela de Carbonia. Es decir, el comentario del ejecutivo en cuestión hubiera sido una catástrofe en cualquier caso, pero mucho más en un momento tan señalado, porque estamos hablando de junio, un mes dedicado en el mundo católico al Sagrado Corazón de Jesús.

    Con tan obvio motivo, y siguiendo la estela de prácticamente todas las grandes empresas multinacionales con un prestigio que mantener, la agencia publicitaria sugirió a los directivos de Carbonia lo evidentemente más adecuado: una campaña de marca centrada en un motivo reconociblemente cristiano, dirigido al público cristiano fundamentalmente pero también al resto, que podrían ver en este gesto que la empresa es inclusiva y se preocupa de aquellos colectivos a los que pueden pertenecer sus clientes, muy especialmente a aquellos que sufren persecución, discriminación y acoso.

    Recordemos que los cristianos son el colectivo religioso más perseguido del planeta. Solo en lo que va de años, y en cifras crudas, hemos tenido 4.305 cristianos asesinados, 1.847 iglesias atacadas, 3.150 cristianos detenidos por practicar su fe. Estos datos, naturalmente, obvian los incontables casos anónimos de discriminación laboral y social, legal o informal, en muchos países, el acoso permitido por las autoridades, las restricciones a su libertad de expresión, etcétera.

    Comprensiblemente, los responsables de la agencia reaccionaron con estupor ante un caso tan claro y radical de cristianofobia apenas disimulado

    Fallarle a un colectivo tan obviamente victimizado, tan numeroso y en un mes tan señalado suponía un evidente faux pas para cualquier empresa, como demuestra la conducta de la comunidad empresarial en su conjunto, que ha volcado sus campañas durante este mes en señalizar su solidaridad con los cristianos perseguidos o marginados y mostrar a los creyentes en sus anuncios bajo una luz positiva y halagüeña, como personas normales e incluso encantadoras, frente a los prejuicios aún extendidos en muchas capas de la población.

    Pero la sugerencia fue recibida con frialdad. Los ejecutivos que recibieron la propuesta alegaron que ellos simplemente fabricaban protectores solares, los mejores del mercado, con una amplia gama y a un precio razonable. Pero no veían qué razón había para relacionarlos con ese o cualquier otro colectivo. No hay nada específicamente cristiano en un protector solar, que actúan igual sobre la piel de un monje que en un anticlerical desmelenado.

    Comprensiblemente, los responsables de la agencia reaccionaron con estupor ante un caso tan claro y radical de cristianofobia apenas disimulado, y cuando la noticia saltó a los medios, sembrando el escándalo, emitieron un comunicado anunciando que, pese a la estrecha relación comercial que les había unido a Carbonia durante más de un siglo, habían decidido cortar la relación con la firma. La ocasión lo reclamaba, indudablemente.

    Al parecer, la frase se pronunció en un intercambio confidencial de correos electrónicos, pero llegó a conocimiento de un empleado de Carbonia que es no solo cristiano, sino activista en un grupo de oración, y que filtró la noticia a un medio de comunicación, provocando la conmoción esperada.

    Si ha llegado leyendo hasta aquí con la boca y los ojos cada vez más abiertos por el asombro, tiene usted razón… a medias. Es decir, es falso que exista una empresa llamada Carbonia dedicada a la fabricación de protectores solares (que sepamos) o que se haya negado a llevar a cabo una campaña específica dirigida a cristianos. Pero es una noticia rigurosamente cierta si cambia usted “Carbonia” por Nivea y “cristianos” por “LGTBI”.

    Aquí tiene la noticia tal como la da la cuenta de un activista LGBT: “La marca de crema Nivea se niega a realizar campañas publicitarias inclusivas para el colectivo LGTB según publica hoy The Times y recoge El Español. LGTBfobia directa”. Es decir, que una empresa que fabrica un producto que no tiene nada que ver directamente con orientación sexual alguna no quiera pagar una campaña específica dirigida a un colectivo que supone aproximadamente el 2% de la humanidad y que todas las multinacionales, instituciones y gobiernos celebran hasta el hartazgo, oficializando todo un mes a postrarse ante sus representantes y lobbies, eso, es ‘homofobia’.

    Ya lo saben: no basta con tolerar, respetar o aceptar. Hay que celebrar activamente, gastando sus buenos euros en campañas específicamente dirigidos a ellos, y solo a ellos, en todas partes. O, si no, pueden arruinarte. Vosotros veréis, esto es solo un aviso.

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