Imagen referencial / Pixabay
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La Fundación para el Avance de la Libertad ha elaborado por segundo año consecutivo, y con la colaboración de la Tax Foundation (EEUU) y la Unión de Contribuyentes, el Índice Autonómico de Competitividad Fiscal.

El informe ha sido elaborado por la economista Cristina Berechet, y recoge las diferencias entre las diversas comunidades (o provincias, en el caso del País Vasco), en el expolio fiscal a los contribuyentes. Esas diferencias, advierte el presidente de la Unión de Contribuyentes Juan Pina, pueden llegar a ser del 24 por ciento, lo cual deja mucho margen para la competencia entre distintas regiones. “Gran parte de los países más desarrollados”, nos dice Pina, “tienen sistemas federales u otros que permiten una sana competencia fiscal interna”. Scott Hodge, presidente de la Tax Foundation, añade que “las regiones con mejores sistemas fiscales son más competitivas a la hora de atraer nuevos negocios”. Es decir, que por algún motivo las personas no acaban de asumir el dictum de los políticos de que nos quitan dinero, pero es para nuestro bien.

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Las cinco primeras regiones son, por este orden, Vizcaya, Álava, Madrid, Guipúzcoa y La Rioja. De esta lista se pueden deducir varias ideas. La primera es que el concierto vasco le confiere una ventaja sobre el resto de regiones españolas. Y quizás el camino para acabar con ese privilegio fiscal es igualar la situación para el conjunto de España, pero con un amplio margen para hacer una política fiscal propia.

Extender la capacidad de aumentar o reducir los impuestos llevaría a una mayor competencia, y supondría una mayor protección para los contribuyentes

Otra idea es que la competencia fiscal tiene efectos positivos. Así, vemos cómo La Rioja se ha visto obligada a reducir los impuestos y convertirse en una de las regiones más competitivas de España, debido a la cercanía con el País Vasco donde, por el privilegio fiscal que tiene, los impuestos son más bajos. De modo que, otra vez, extender la capacidad de aumentar o reducir los impuestos llevaría a una mayor competencia, y supondría una mayor protección para los contribuyentes.

La tercera idea es que el impulso político es fundamental. Si en el caso del País Vasco vemos los efectos del privilegio, en la Comunidad de Madrid lo que vemos es cómo una región que ha apostado desde 1995 por realizar una política de impuestos moderados se ha convertido en un referente de la competitividad fiscal en España.

Cataluña se ha despeñado por un desfiladero de promoción del secesionismo que, al margen de otras consideraciones, resulta muy oneroso y que sólo ha podido mantenerse por la financiación desde el Estado

Cataluña, por el contrario, se ha visto abocada a convertirse en todo lo contrario. Según el Índice Autonómico de Competitividad Fiscal, ocupa el último puesto. Por otro lado, estos impuestos no evitan a la región estar sumida en una crisis fiscal, con servicios públicos desatendidos y una deuda per cápita (10.478 euros, el 34,20 por ciento del PIB regional) que supera a la del resto de comunidades. En Madrid, por ejemplo, la deuda per cápita es de la mitad, 5.192 euros, y su peso sobre el PIB de la región del 14,60 por ciento. Cataluña se ha despeñado por un desfiladero de promoción del secesionismo que, al margen de otras consideraciones, resulta muy oneroso y que sólo ha podido mantenerse por la financiación desde el Estado. El PIB per cápita, que en 1995 era prácticamente igual, ha reflejado las diferencias entre las dos regiones no sólo en impuestos sino en libertad económica en general, y en Madrid ha crecido más rápido que en Cataluña. En la primera región es ya de 33.809 euros, por los 29.936 en la región levantina.

Otro ejemplo de la importancia del impulso político es el de Navarra. Su desfiladero es el del secesionismo y el del socialismo. Y a pesar de contar también con un privilegio fiscal, como el País Vasco, sigue con decisión por el camino de los impuestos al alza y la economía a la baja.

¿Cuáles son los impuestos con los que pueden competir las regiones para reducir el desincentivo a la creación de riqueza, y contribuir así a un mayor crecimiento y creación de empleo? Por un lado está el Impuesto sobre la Renta, el IRPF, que tiene un tramo nacional y otro autonómico. Por poner un ejemplo, Cataluña tiene un tipo máximo del 48 por ciento, mientras que en Madrid es del 43,5 por ciento.

Hay diferencias importantes no sólo en los tipos máximos, sino en la estructura de los mismos. Así, resulta curioso ver cómo Madrid es la región española que menos tributa a las rentas más bajas y también para las más altas, pero en las medias deja que otras regiones le adelanten (segunda en rentas medias y cuarta en medias-altas). En las tres provincias vascas, sin embargo, están en el puesto 16 en la tributación de las rentas bajas en el IRPF.

Pero hay también otros instrumentos fiscales para competir. Así, el Impuesto de Patrimonio (donde la mejor región es la de Madrid) y Sucesiones (con Andalucía a la cabeza) son dos gravámenes importantes y con mucho margen para la competencia. Todavía hay otros tres capítulos de fiscalidad autonómica, como son por un lado el Índice de Transmisiones Patrimoniales y los Actos Jurídicos Documentados, por otro los Impuestos especiales sobre hidrocarburos, y por último los Impuestos propios autonómicos. En ellos se observa que, en general, las regiones que apuestan por impuestos altos en unos capítulos también lo hacen en otros.

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José Carlos Rodríguez es periodista. Forma parte del equipo de ProducciONE, pero en otra vida ha sido redactor jefe de Internacional de La Gaceta, y ha trabajado en la prensa digital en medios como Factual.es, elimparcial.es y libertaddigital.com. También ha colaborado con el semanario Alba, Expresión Económica, La Ilustración Liberal, La Gaceta de los Negocios o la agencia APIE, entre otros.