La maldición del extranjero pontificador

    España ha superado por primera vez a Estados Unidos como destino turístico mundial. Los turistas extranjeros prefieren las limpias playas de Canarias, el bello exotismo de Andalucía, la fusión gastronómica de Barcelona y el triángulo dorado de los museos de Madrid.

    0
    Un turista con mochila camina por la plaza de la Virgen de Valencia/EFE.

    España es un imán para las gentes del mundo entero que buscan un buen lugar donde pasar las vacaciones o un país donde retirarse con los ahorros de toda una vida. El clima, la comida, el patrimonio artístico, la simpatía de sus gentes, la situación geográfica y la seguridad (desde que ya no hay terrorismo autóctono) son elementos que hacen decantarse a un número creciente de extranjeros por nuestro país.

    En enero de este año España ha superado por primera vez a Estados Unidos como destino turístico mundial. Ni las doradas playas de Santa Mónica en California que vendían los Beach Boys con su Surfin’ USA, ni el espectáculo visual de un Times Square cada vez más Blade Runner, ni el símbolo urbano ya algo anticuado del Empire State en Nueva York. Los turistas extranjeros prefieren las limpias playas de Canarias, el bello exotismo de Andalucía, la fusión gastronómica de Barcelona y el triángulo dorado de los museos de Madrid.

    Actuall depende del apoyo de lectores como tú para seguir defendiendo la cultura de la vida, la familia y las libertades.

    Haz un donativo ahora

    España (con 46,5 millones de habitantes) ha superado como segundo destino mundial a un país con casi siete veces su población

    España batió en 2017 su propio récord turístico con la llegada de 82 millones de visitantes internacionales. En 2016 Francia (con su población de 67,2 millones de habitantes) fue el primer destino mundial al recibir 82,6 millones de turistas. En el mismo año Estados Unidos (323 millones de habitantes) recibió a 75,6 millones de viajeros. Ahora España (con 46,5 millones de habitantes) ha superado como segundo destino mundial a un país con casi siete veces su población.

    Los extranjeros que eligen España proceden mayoritariamente de Reino Unido, Alemania y Francia. Cataluña es el destino nacional preferido, pero también lo son nuestros archipiélagos. Durante la temporada veraniega, el bus turístico de Palma transporta a un millar de personas al día. En 2017 el turismo generó 87.000 millones de euros en España y cada turista gastó 137 euros al día. Pero habrá que actualizar los datos este año, porque la patronal del sector asegura que el proceso independentista ha hecho perder 320 millones de euros.

    A este crecimiento exponencial de visitantes estacionales que vienen a disfrutar de las bondades patrias hay que unir la población permanente de extranjeros instalados en España.

    En nuestro país hay un millón y medio de emigrantes de procedencia hispanoamericana que han venido huyendo de sus países por motivos económicos o políticos y que constituyen el 36,2% de la población extranjera en España. Pero también viven en nuestro país 870.000 extranjeros procedentes de Europa occidental, entre los cuales destaca el grupo británico, que constituye casi el 7% de la población foránea permanente.

    Hay una inteligente minoría de origen británico formada por intelectuales que se han labrado durante la democracia española un enorme prestigio profesional en el papel de ‘sabio extranjero’

    En España viven 300.000 ciudadanos británicos, casi el doble del número de españoles que viven en Reino Unido. ¿Y qué hacen esos brits que se autodenominan expats (abreviatura de expatriados) en nuestro país? Los que no están jubilados trabajan en educación (como profesores de inglés la mayoría) y en el sector hostelero o comercial.

    Pero hay una inteligente minoría de origen británico formada por intelectuales que se han labrado durante la democracia española un enorme prestigio profesional en el papel de ‘sabio extranjero’ con una perspectiva supuestamente objetiva ―o más verosímil― de nuestra historia, como hicieron los ya fallecidos Raymond Carr y Hugh Thomas.

    Llegado a Madrid en la década de 1970 como corresponsal del Times para cubrir la Transición, William Chislett no ha vuelto a salir de España (y se compró un chalé en el madrileño barrio de la Fuente del Berro por la décima parte de lo que le costaría ahora). Hoy es analista político e investigador asociado del Instituto Elcano y escribe regularmente sobre cómo se podrían arreglar los problemas de España.

    Pensionado también desde hace años como ‘hispanista’ tenemos a Ian Gibson, irlandés licenciado por Trinity College (¿en qué?) cuyo conocimiento de Federico García Lorca y de la guerra civil es al parecer inconmensurable. Gibson aseguraba hace un año haber llorado por España porque “le duele que no esté en paz consigo misma”.

    Otro experto historiador británico que lamenta el devenir español y propone soluciones es Henry Kamen, también entusiasta de nuestras bondades patrias, pues se ha afincado en Barcelona. En sus más recientes intervenciones públicas asegura que la Inquisición es víctima de la “leyenda negra” antiespañola que, por cierto, según el hispanista estadounidense Stanley Payne han creado los propios españoles.

    Cuesta imaginar a un grupo de historiadores españoles instalados en el Reino Unido o en Estados Unidos, pontificando paternalmente sobre la historia británica o sobre la estadounidense y recibiendo el aplauso unánime de todos los criticados.

    La explicación más plausible es que los españoles no sabemos quiénes somos y por ello necesitamos que vengan los hispanistas extranjeros a contárnoslo.

    Comentarios

    Comentarios

    Periodista, escritora y traductora de inglés de literatura, ensayo y cine. Pasó su infancia entre París y Washington DC. Licenciada en Filología Inglesa, trabajó durante una década el sector cultural, en empresas como Microsoft Encarta y Warner Music. Tiene tres novelas publicadas. Ha traducido al español a clásicos como Dickens, Kipling, Wilde, Poe y Twain. Colabora desde hace décadas en prensa española y latinoamericana. Tras una década colaborando en revistas femeninas como Vogue, Gala y Telva, se inició como columnista en La Razón, labor que continuó en La Gaceta.