Pedro Sánchez y Pablo Iglesias
Pedro Sánchez y Pablo Iglesias

Pronostican los sondeos, desde septiembre, una bajada de Podemos, debida al respaldo al movimiento independentista catalán. Nada extraña es la posición, pues la extrema izquierda española quiere dinamitar la integridad de España y diluir su identidad, mientras que no pocos les apoyaban tan solo por creer que el comunismo sería el camino al paraíso. 

En todo caso, aunque no debemos confiar demasiado en la demoscopia, hemos de tener en cuenta dos asuntos. Uno de ellos es que dado que el comunismo es una ideología inhumana y liberticida, el objetivo debe ser convertirlo en algo extraparlamentario. El segundo es que la fórmula del Frente Popular no deja de ser una probabilidad. 

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Todos sabemos que el PSOE ha experimentado, desde la época de Zapatero, una “progresiva podemización” (éste resucitó el guerracivilismo, con la Ley de Memoria Histórica, además de secundar un laicismo anticlerical y de alinearse a los principales enemigos de la Nación Española, lo cual prueban el pacto del Tinell, las negociaciones con ETA y el Estatuto de Cataluña) que ha culminado Pedro Sánchez, aún interesado en la “unión de las izquierdas”. 

Por lo tanto, me temo que la amenaza comunista no ha desaparecido. Ni el PSOE pretende emular la socialdemocracia nórdica ni se convierte en marginal el respaldo al comunismo. No obstante, el resto del mainstream político también es intervencionista tanto política como económicamente, aunque en menor medida. Me refiero al llamado consenso socialdemócrata. 

El Psoe ha experimentado desde Zapatero una progresiva podemización que ha culminado con Pedro Sánchez

España es un país donde se le tiene bastante apego al asistencialismo económico y hay bastante sumisión a la dictadura de la corrección política (progre-relativista). Por ser de derechas, parece que uno tiene que disculparse, y no pocos son esnobistas y están desinteresados en la movilización.

La izquierda tiene hegemonía en muchos ámbitos (cultural, educativo, juvenil, etc.). No hay una ferviente oposición sociológica al sesentaiochismo. 

Ahora bien, alguien podrá preguntar cuál es el problema “mientras que no gobierne Podemos”. Esto viene a ser una actitud a poderse considerar como “conformista”. Sin embargo, uno debe de ser consciente de que el consenso progresista y socialdemócrata también está causando varios perjuicios a los españoles, que repercuten en su libertad, dignidad y prosperidad. 

No es nuestro país uno de los que tiene menor presión fiscal a nivel continental así como tampoco líder en flexibilidad laboral (a pesar de ciertas mejoras aplicadas con la reforma de 2012). La deuda pública tiende a estar alrededor del 100%.

Hay una hipertrofia estatal dramática, acentuada por el Estado Autonómico, que ha resultado muy útil a las castas políticas (en casos como el catalán, no solo para el clientelismo, sino para montar un entramado nacionalista). 

El consenso progresista y socialdemócrata está causando perjuicios a los españoles, que repercuten en su libertad, dignidad y prosperidad

Los burócratas de turno y la oposición, a la hora de proponer presupuestos, tienden a competir para ver “quién gasta más”. Tampoco están a la altura ante problemas como el déficit de la hucha de pensiones, que viene a ser el fracaso del sistema redistributivo de pensiones.

Así pues, la economía española no puede crecer en mayor medida, seguimos siendo líderes en desempleo juvenil y algunas de las regiones más pobres de Europa son también hispanas. 

Dicho esto, uno puede concluir que la socialdemocracia está tan condenada al fracaso como el comunismo. De hecho, la “socialdemocracia nórdica” ha tenido que emprender reformas orientadas a la amigabilidad de sus Estados de Bienestar con el mercado. Ahora bien, ni hay que reivindicar reformas fiscalmente conservadoras por utilitarismo (sino también por convicción) ni obcecarse en que la economía lo es todo. 

El mal llamado Estado del Bienestar ha fomentado valores basados en el cortoplacismo, el epicureísmo y la irresponsabilidad. Todos ellos, problemas que no sólo desincentivan la búsqueda de trabajo en el sector privado, sino que también están dando lugar a sociedades menos fértiles.

Precisamente, el asistencialismo es la causa del invierno demográfico, de la caída de la tasa de natalidad. Hete aquí una consecuencia de la crisis de valores. 

Cambiando de asunto, cabe alertar de que la libertad de conciencia y de expresión también está en peligro. Se atenta contra la libertad de elección de las familias católicas; se está imponiendo la teoría de género; y más de un docente incita al alumnado a secundar huelgas socialistas. Además, cuestionar las tesis del marxismo cultural puede repercutir negativamente en tu carrera profesional. 

Sin duda alguna, esta es una consecuencia de una hegemonía izquierdista que se da tanto en lo político-partidista como en lo educativo. Ahora bien, no hay nada mejor que ir a la raíz del problema: la educación estatal.

Al no haber libertad educativa plena y controlar los burócratas de turno esta competencia, es fácil esta coartada. Pero recordemos que los medios estatales también han resultado útiles para el adoctrinamiento promovido por los nacionalistas periféricos. 

Por otra parte, no sólo se está atentando contra la dignidad humana en la medida en la que la presión fiscal y burocrática obstaculiza la búsqueda de la prosperidad y las restricciones al libre comercio perjudican al Tercer Mundo. Una no oposición al aborto, la eutanasia y los vientres de alquiler denota una nula preocupación por la vida del no nacido, por el incumplimiento del rol esencial de la medicina, por la explotación de la mujer y por la cosificación del bebé.  

El-ex-presidente-del-gobierno-Jose-Luis-Rodriguez-Zapatero
El expresidente del gobierno José Luis Rodríguez Zapatero

Una vez hechas estas advertencias, hay que ser consciente de que el acomplejamiento no solucionará nada, así como tampoco el conformismo. Hay que librar una batalla dialéctica contra los comunistas (dado el carácter inhumano y liberticida de su ideología) así como contra el resto de enemigos de la libertad (laicistas, feministas, homosexualistas, nacionalistas,…), sin tener miedo a sus mecanismos de censura intimidatoria. 

Todo ciudadano o político que cuestione los dogmas de la progresía (abortismo, ecologismo, laicismo, feminismo, homosexualismo, multiculturalismo,…) es tachado de “ultraderechista”, “retrógrado”, “xenófobo”, “homófobo” o “machista”. Luego, donde ser socialista no está “mal visto”, defender un menor intervencionismo económico te puede acarrear ser considerado “egoísta” o “insolidario”. 

Las redes sociales y los medios de comunicación deben ser campos de batalla para contrarrestar la hegemonía de la progresía

Pero insisto, no hay que tener miedo. Simplemente hay que preocuparse por lo que pueden acarrear los enemigos de la libertad, pero ello no implica abstenerse para “evitar líos”. Tanto los espacios públicos como las redes sociales y los medios de comunicación deben ser campos de batalla donde contrarrestar su hegemonía.

Es más, hay que reafirmarse en la defensa de los valores cristianos del continente (en el caso español, una tradición cristiana). 

No hay nada que agradecer al izquierdismo salvo coerción y miseria. La socialdemocracia ha fracasado. El marxismo cultural, secundado también por progres defensores del libre mercado, es una fórmula gramsciana para instaurar un régimen social-comunista en Occidente, erosionando las bases occidentales, basadas en el cristianismo. 

El respeto a la propiedad privada así como a la tradición judeocristiana son la mejor garantía para la libertad, la prosperidad, la dignidad humana y el florecimiento de las sociedades. Estoy totalmente convencido de ello, a mucha honra. Quienes tienen que sentir vergüenza son los que defienden a personas como Maduro, Lenin, Otegui y Stalin. 

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