Franco y Fraga
Francisco Franco y el ministro de Turismo, Manuel Fraga

Que no, que no hay solución para el país. Nos lo están demostrando Mariano ‘Perogrullo’ Rajoy y los rojos. Yo le aconsejaría, amigo lector, que, en vez de comprarse un piso, pusiese su dinero en un fondo de inversión que estuviese domiciliado en Luxemburgo para tenerlo fuera cuando aquí se arme la mundial.

El vocabulario de la idiotez está creciendo este verano con nuevas palabras. A la islamofobia, la transfobia, la homofobia, el especismo y el feminicidio (los homicidios de varones, ¿se pueden denominar masculinicidios?), se han unido la turismofobia y el barricidio.

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La lista de los enemigos de la humanidad empieza a ser interminable: los toreros, los bebedores de leche, Hazte Oír, los votantes de Trump, el patriarcado, los banqueros, los especuladores urbanisticos que queman montes o reconstruyen barrios, los cazadores, los hackers rusos, los turistas…

En Barcelona, San Sebastián y Palma, ciudades de las más pijas de España, la violencia contra el turismo está creciendo y, al igual que ocurría con la ‘kale borroka’ etarra bajo los Gobiernos del PSOE y del PNV, queda impune.

 Un espectáculo público

Las pintadas que se han visto estos días en televisiones y periódicos nos hacen inquietarnos tanto por el odio como por la ignorancia de sus autores: “Turista, tú eres el terrorista”, “El turismo mata” y, la mejor, “Hitler también fue un turista”. Para la juventud concienciada todos somos terroristas, salvo los pistoleros de Maduro y los batasunos de la pelea de Alsasua.

Estamos ante otra manifestación de la lucha de clases planteada por la izquierda, como la destrucción de la familia y la conversión de la sexualidad en un espectáculo público.

Es uno de los pocos sectores de la economía española que crea empleo, que demanda trabajadores españoles y que no puede deslocalizarse (a diferencia de las fábricas de Camboya que surten a ese lord sith que es Amancio Ortega), y resulta que se ha convertido en el enemigo del Imperio Progre. ¿Por qué? Para contestar en un tuit: para acabar con una actividad que da dinero a muchos y, por tanto, libertad.

Cuando el franquismo construía reactores nucleares, la izquierda se licuaba con carreteras, fábricas y aeronaves. Ahora sueña con carriles-bici y huertos ecológicos

Otro acontecimiento que ha llenado tiempo en las tertulias y telediarios ha sido el mantenimiento del cierre de la central nuclear de Santa María de Garoña, ya realizado en los años de zapatero. Otra prueba más de que el PP de Rajoy continúa en todo la política del Bobo Solemne.

Seat seiscientos
El Seat seiscientos fue el símbolo del desarrollo industrial español a partir de los años 60.

Me ha sorprendido que el PP no haya aducido como argumento a favor del cierre definitivo de Garoña la ley de memoria histórica, ya que la central fue inaugurada por Franco en 1971. Recuerdo que cuando ésta se cerró por primera vez, el telediario de la TVE de Zapatero emitió, por simple casualidad, unas imágenes del abuelito Franco apretando el botón que la ponía en marcha. ¿Se da cuenta de la asociación, amigo lector? El átomo es franquista. Si es que estamos gobernados desde 2004 por seres superiores.

Octava potencia industrial del mundo

En esos años en que el franquismo construía reactores nucleares y hasta planeaba una bomba atómica, la izquierda se licuaba con carreteras, fábricas, saltos de agua y aeronaves. Ahora sueña con carriles-bici y huertos ecológicos. Qué viejos nos hemos hecho, ¿verdad Manuela Carmena? Del Plan Quinquenal a la Renta Universal Gratuita.

En Twitter, bravos guerreros del bien aumentaban los millones de muertos de Franco asegurando que sus centrales nucleares todavía seguían matando gente. Entre las cunetas, la radiación y el austericidio, uno no se explica como quedan seres vivos en España.

Deberíamos estar debatiendo de por qué el turismo en España crea tantos empleos de baja cualificación y cómo tener menos Magalufes y más Santanderes

Y como los matones de Barcelona y Palma se enteren de que el turismo es obra de Franco, saldrán a realizar sus expediciones de castigo con horcas y antorchas. La verdad es que el primer gobernante que trató de atraer turistas extranjeros fue don Miguel Primo de Rivera (¡otro general y dictador!), por medio del Patronato Nacional de Turismo.

Pero esto son sutilezas de erudito. La creación de la industria del turismo es de los años 60. Y su aportación el desarrollo económico de España, que pasó a ser la octava potencia industrial del mundo, imprescindible.

Ahí empezó la destrucción del bello y virgen litoral español por el cemento. Otro aspecto del crimen franquista fue la erradicación de los modos de vida populares de los pescadores y agricultores para convertirse en albañiles, hoteleros, tenderos y hasta conductores. Desaparecieron los burros y aparecieron los 600. ¡Más CO2!

 La derecha, de vacaciones

Otro cargo que propongo contra el turismo es su apodo del ‘petróleo español’. Para la chusma rojilla el petróleo sólo no contamina cuando se extrae en Venezuela y sirve para revolución.

Deberíamos estar debatiendo de por qué el turismo en España crea tantos empleos de baja cualificación y cómo tener menos Magalufes y más Santanderes; de si las energías renovables pueden sustituir a la nuclear (hay días en que las centrales nucleares generan más del 25% de la electricidad de nuestro país) y a qué precio; o si, como nación, apostamos por reindustrializar el país o por las bicicletas.

información turística
Caseta de información turística en las playas del Mediterráneo

Pero la derecha está de vacaciones, con lo que ha dejado el debate público a cuatro tarados a los que las policías autonómicas son incapaces de detener y a unos tertulianos que se indignan porque en el jardín del Pazo de Meirás no se puede quemar un ninot de Franco.

Mientras tanto, la generación más preparada de la historia está tan desquiciada y es tan ignorante que sería capaz de volver a vivir en cavernas para salvar unas flores o fastidiar a los hoteleros… O eso dice. Todo por la revolución, hasta cambiar las compresas por copas menstruales. Al menos hasta que echen de menos el ADSL.

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Cuando me digo por las mañanas que el periodismo es lo más importante, me entra la risa. Trato de tomarme la vida con buen humor y con ironía, porque tengo motivos para estar muy agradecido. Por eso he escrito un par de libros con mucha guasa: Bokabulario para hablar con nazionalistas baskos, que provocó una interpelación en el Congreso por parte del PNV, y Diccionario para entender a Rodríguez el Progre. Mi último libro es Lecciones de España, en versión digital: http://www.editorialmanuscritos.com/Lecciones-de-Espana.