Adoctrinamiento en Navarra: «Niños, ¿sois niños, niñas u otra cosa?

    “Niños: ¿sois niños, niñas u otra cosa?” Esa es la pregunta que les están haciendo a los chavales la presidenta del cuatripartito a niños de 9 años. Y se lo preguntan directamente a ellos. Aquí no median las familias, no tienen nada que ver.

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    Los cursos de educación sexual a niños de 11 años están enfadando a los padres por el contenido inapropiado.
    Los cursos de educación sexual a niños de 11 años están enfadando a los padres por el contenido inapropiado.

    «Niños: ¿sois niños, niñas u otra cosa?» Esa es la pregunta que les están haciendo a los chavales la presidenta del cuatripartito a niños de 9 años.

    Y se lo preguntan directamente a ellos. Aquí no median las familias, no tienen nada que ver. Un paso más hacia la alienación de los jóvenes hacia sus familias, desvincularlas completamente. Eso, a largo plazo, es un tiro en el pie para el propio gobierno como para Navarra, puesto que las familias son el principal apoyo que tiene un colegio para educar a los niños, y viceversa.

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    Y es que el gobierno abertzale ma non troppo de Uxue Barkos está dando días de gloria en materia educativa. Como no ha problemas, miren ustedes, adoctrinamos a los nenes en ideología de género, que es lo importante…

    Pero la oposición está avisando: «Hay un deterioro de recursos», decía la socialista María Chivite, y el popular Javier García, que el gabinete de Uxue Barkos «está destrozando la educación pública y de ahí el aumento de la concertada». Un modelo de educación que, por cierto, no gusta nada al gobierno navarro.

    No se puede tener un modelo educativo por comunidad, y tampoco una ley educativa por legislatura o partido que gobierne

    «Llevamos cuatro años perdidos en materia educativa, cuatro años de imposiciones por la obsesión con un modelo que no quiere la ciudadanía», sentencia García. No es para menos cuando a lo que se ha dedicado un gobierno es a promover el Batúa, y el anexionismo con el País Vasco.

    Y Frente a eso la política nacional no es impasible. Albert Rivera de Ciudadanos ya está diciendo que hay que «imponer el español» como lengua vehicular -como si no lo fuese ya, pese a los ataques-, o Vox que es partidaria directamente de volver a centralizar un modelo educativo.

    Creo que eso es coger el toro por los cuernos: No se puede tener un modelo educativo por comunidad, y tampoco una ley educativa por legislatura o partido que gobierne.

    Si fuésemos un país serio, aquí habría una serie de pactos de estado, principalmente en educación, promoviendo políticas que no beneficien más que a los interesados en recibir una educación que los forme para el mundo de mañana. Hoy por hoy un profesor de instituto en cualquier punto de España está desarmado frente a sus alumnos, y hacen una labor heroica para intentar educar a unos jóvenes a los que prácticamente no se les obliga a nada.

    En menos de diez años esa ‘hornada’ estará en el mundo laboral. ¿De verdad queremos perpetuar ese modelo con políticas educativas miopes y partidistas? Es la mejor método para el suicidio de una sociedad.

    La educación tiene dos patas que son colegio y familia. Un colegio tiene que formarte aunque la verdadera educación empieza cuando se cruza la puerta de casa y nuestros padres nos enseñaban a comportarnos como se esperaba de nosotros.

    Y en el afán formativo no hay que despreciar las manos que tiende la escuela concertada al Estado. Ha supuesto y seguirá suponiendo un ahorro considerable al mismo. Infravalorar su aporte a la sociedad es otro error de la casta política que la sociedad no debe permitirse.

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    Miguel Vinuesa (1983, Madrid) es licenciado en Periodismo por la Universidad San Pablo-CEU de Madrid, y cursó el Máster de traducción de la Universidad de Ginebra (Suiza). Fue responsable de comunicación interna en una empresa relacionada con el mundo financiero y anteriormente ha sido parte de los gabinetes de prensa de Telefónica, la Conferencia Episcopal o la propia Universidad San Pablo-CEU. Actualmente es redactor en la Fundación CitizenGO.