La Ministra de Educación, Isabel Celaá, y el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez.
La Ministra de Educación, Isabel Celaá, y el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez.

Es lógica la reacción de la plataforma de la enseñanza concertada ante el anuncio de Isabel Celaá, ministra de Educación, de enviar a la catacumba la asignatura de Religión y de poner en jaque el derecho constitucional de los padres a elegir la educación de los hijos. Lógica sí, pero llega con casi cuarenta años de retraso.

Porque la guerra de la educación se perdió cuando en la primera batalla, los colegios de curas, se rindieron con armas y bagajes ante el chantaje que plantearon los socialistas nada más llegar Felipe González al poder, en 1982.

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El PSOE lo tenía claro: siguiendo el guión escrito por Gramsci querían tomar la escuela y los libros de texto, cogiendo la Enciclopedia Álvarez y cambiando de barba; la del Cid por la del tipógrafo Pablo Iglesias, y cocinaron su propia Formación del Espíritu Nacional trufada de consignas. Tenían perfectamente aprendida la lección: lo que transforma a los pueblos no son las armas ni los votos, sino la Filosofía del Bachiller.

El soborno económico era goloso y las congregaciones religiosas mordieron el anzuelo en los años 80, permitiendo la más devastadora de las desamortizaciones: la de las aulas

Lo ha tenido claro siempre y sería ingenuo pensar que la cabra dejará de tirar al monte alguna vez. El soborno económico era goloso y las congregaciones religiosas mordieron el anzuelo en los años 80, permitiendo la más devastadora de las desamortizaciones: la de las aulas.

Entregaron a dos generaciones de españolitos en manos de los ingenieros sociales. Y éstos se emplearon a fondo con la LOGSE, y luego la LOE, leyes que sustituían conocimiento por adoctrinamiento, y mérito y esfuerzo por subvención; y que inyectaban relativismo en vena, haciendo creer a los escolares que no existen verdades objetivas.

El PP tuvo la ocasión de cambiar el panorama con la Ley de Calidad, durante la era Aznar, pero les salieron telarañas en los dedos y no llegó a entrar en vigor, no fueran a tacharles de fascistas. Y en cuanto regresó el PSOE al poder –con Zapatero- remató la faena con su propio Catecismo: Educación para la Ciudadanía.

Vuelven ahora a la carga con Pedro Sánchez, y la Plataforma de los Concertados parece caerse del guindo, extrañadísimos de que el predador obedezca a su instinto cinegético. ¿Esperaban otra cosa de quienes no se aplacaron con aquella  “Conferencia de Múnich” que fue la vergonzosa rendición de la enseñanza durante el felipismo?

¿Creen que se puede sentarse con un tigre de Bengala yendo con una rama de olivo en el pico? ¿No recuerdan lo que dijo Maravall, ministro de Felipe González en 1982: “Uno de los primeros esfuerzos fue rescatar a Educación de la supeditación a grupos de intereses poderosos” y que se empleó en “corregir” ‘la subordinación de la enseñanza pública respecto a la enseñanza privada, que en un 90% estaba controlada por la Iglesia”?.

¿Qué consenso cabe invocar ante quienes han demostrado que la libertad de enseñanza es un escollo para sus planes de troquelar las cabecitas de nuestros hijos? Hace tiempo, exactamente 36 años, que los socialistas desenterraron el hacha de guerra y las asociaciones de la enseñanza siguen sin enterarse. Van perdiendo terreno lentamente y siguen hablando de sentarse a negociar. Les han metido el zorro de la ideología de género en el gallinero y siguen sin inmutarse.

Es verdad que los anuncios de la ministra Celaá y del presidente Sánchez tienen mucho de fuego de artificio y escaso recorrido, dado el exiguo margen de maniobra de un mini-Gobierno con 84 diputados. Es obvio que muchos de esos gestos sensacionalistas quedarán en eso: en gestos de quien, consciente de su debilidad, está ya en campaña electoral y pretende hacerse con el espacio de la izquierda, ganándose el voto podemita. Prueba de ello es que los sondeos reflejan ese ‘sorpasso’.

Pero sería un error pensar que la intención de controlar la enseñanza, arrebatando a los padres el derecho a la educación de los hijos e imponiendo una escuela laicista, es coyuntural. El PSOE lo lleva en los genes. Es trade mark de la casa. Si la especialidad del PP es la contabilidad; la del PSOE es la ingeniería social.

No lo digo yo, lo dicen ellos mismos, negro sobre blanco. No hay más que leer la LOGSE de Rubalcaba o las declaraciones que hizo recientemente Felipe González, diciendo que se arrepiente de haber mantenido los conciertos educativos para centros de titularidad privada; y que lo que habría que haberse hecho es financiar a la escuela pública con los recursos de la Administración y que quien quiera escuela privada que se la pague.

Cabría preguntarse si ceder terreno al PSOE es la mejor forma de defender el derecho constitucional recogido en el artículo 27 de la Carta Magna

Si la táctica del PSOE es la del avance lento pero constante en su objetivo irrenunciable, alternando globos-sonda con leyes liberticidas, cabría preguntarse si ceder terreno es la mejor forma de defender el derecho constitucional recogido en el artículo 27 de la Carta Magna. ¿No sería mejor recordarles lo que la escuela concertada ahorra al Estado y que si las asociaciones de padres y religiosos se plantaran le crearían un problema mayúsculo al Gobierno?

¿Cómo hacer ver a quien no desea verlo que “los poderes públicos garantizan el derecho que asiste a los padres para que sus hijos reciban la formación religiosa y moral que esté de acuerdo con sus propias convicciones” como establece el artículo 27? ¿Y que como ha dicho el obispo de Córdoba, Demetrio Fernández, “los hijos son de los padres, no del Estado”?

¿Puede que lo de la ministra Celaá sea sólo un globo-sonda para ver qué pasa? También el PSOE lanzó hace años el globo-sonda de la eutanasia para ver qué pasaba y ya tenemos la ley en el Congreso. ¿Ocurrirá lo mismo con la Religión? ¿Ustedes que creen?

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Nacido en Zaragoza, lleva más de 30 años dándole a las teclas, y espera seguir así en esta vida y en la otra. Estudió Periodismo en la Universidad de Navarra y se doctoró cum laude por el CEU, ha participado en la fundación de periódicos (como El Mundo) y en la refundación de otros (como La Gaceta), ha dirigido el semanario Época y ha sido contertulio en Intereconomía TV, Telemadrid y 13 TV. Fue fundador y director de Actuall. Es coautor, junto con su mujer Teresa Díez, de los libros Pijama para dos y “Manzana para dos”, best-sellers sobre el matrimonio. Ha publicado libros sobre terrorismo, cine e historia.