Cruda realidad / ‘El País’ busca ‘violencia de género’ en el Arte (y la encuentra)

    Hay quien interpreta la Historia del Arte en clave feminista y se fija en ‘Susana y los viejos’ y ‘El rapto de las sabinas’. Pero reescribir el pasado con mentalidad moderna puede ser contraproducente.

    0
    'El rapto de las sabinas', de Jacques-Louis David (1799).
    'El rapto de las sabinas', de Jacques-Louis David (1799).

    Recuerdo cuando empezaba a estudiar Historia, cómo la profesora, en una de las primeras clases, dedicó la mitad a precavernos contra la tentación de analizar los sucesos del pasado con ideologías y planteamientos del presente. Y a continuación, como prácticamente todos sus demás colegas, procedió a darnos la versión marxista de la Historia.

    Aunque el marxismo, incluida su vertiente cultural, es espantosamente tedioso, repetitivo y simplista, disfruta de una popularidad extraordinaria entre nuestro estamento académico, probablemente porque aplicando su sencillísimo esquema, que lo mismo vale para un cosido que para un fregado, el docente se libera del trabajoso esfuerzo de pensar, analizar las fuentes con rigor y tratar de exponer la verdad.

    Algunas personas creen que La Sexta da información.

    Suscríbete a Actuall y así no caerás nunca en la tentación.

    Suscríbete ahora

    Mucho mejor meter plantilla y congraciarse de paso con aquellos de quienes depende tu carrera en la universidad.

    La izquierda tuvo la brillante idea de aparcar el follón económico y aplicar la fórmula marxista a mil otros ámbitos: indígenas frente a colonizadores, inmigrantes frente a poblacion nativa

    Como el esquema, tal como lo aplicaba su inventor, don Carlos Marx, no acabó de funcionar, porque los proletarios de Occidente adoptaron la irritante costumbre de no depauperarse y crecer en proporción al puñadito de señores gordos con puro y chistera, sino que en general pasaron a engrosar la clase media e incluso a cambiar a menudo la fábrica por una oficina con aire acondicionado, la izquierda -la Escuela de Francfort, por ser específica- tuvo la brillante idea de aparcar el follón económico y aplicar la fórmula magistral a mil otros ámbitos: indígenas frente a colonizadores, inmigrantes frente a poblacion nativa, la naturaleza frente al hombre, unas razas contra otras y, sobre todo, el hombre contra la mujer.

    Y desde entonces hemos tenido que sufrir esa constante reescritura de la historia de la que nunca parecen cansarse. De la Unión Soviética se decía lo que ahora puede aplicarse a nuestro tiempo, que el futuro es fijo e inalterable -la utopía-, mientras que el pasado está todo el rato cambiando.

    Viene esto a cuento de un reportaje aparecido en las páginas de ‘El País’, en una sección insultantemente etiquetada como ‘Mujeres’ –señores de Prisa: somos algo más de la mitad de la poblacion; el resto de la información también es nuestra-, titulado ‘La violencia de género en los grandes museos’.

    Ahora bien, no es mi queja que se estudien aspectos parciales, temáticos, en el arte. Tengo una amiga con muy buen gusto que se dedica regularmente en Twitter en hacer series temáticas de cuadros: amor romántico, amistad, tabernas, infierno, guerra…

    Lo que ustedes quieran; la última va sobre la familia. Y tampoco se me antoja un mal asunto dedicar un estudio a raptos y violaciones, de las que han abundado tanto la historia como el arte.

    No, el motivo de mi hartazgo es doble. Por un lado, esa obsesión enfermiza con insinuar que la forma normal de relación entre hombres y mujeres ha sido la violencia, y la inmensa ridiculez de llamarla ‘de género’, cuando existe el magnífico adjetivo ‘sexual’. Y, por otro, el inveterado hábito de mezclar churras con merinas y mirar todos los fenómenos del pasado con el más estrecho y cansino de los canutos.

    Que la realidad es infinitamente más sutil y que mucho de los que se achaca a ‘violencia de género’ forma parte de una realidad más amplia que también afecta a los varones puede apreciarse en algunos de los motivos elegidos por la experta.

    Naturalmente, abundan las representaciones de ‘El rapto de las sabinas’, por ejemplo.

    Según la leyenda, los primeros romanos, nada más fundar la urbe, se dan cuenta de que la cosa no tiene mucho futuro al carecer de mujeres. Así que organizan una fiesta para celebrar la fundación de la ciudad e invitan a sus vecinos sabinos. Cuando mejor estaba la cosa -los sabinos presumiblemente con una cogorza del siete-, los romanos aprovechan para llevarse a las sabinas y expulsar a sus maridos, padres y hermanos.

    La cosa se pone fea, los sabinos vuelven con (comprensibles) ganas de pelea y cuando va a estallar la batalla, las mujeres raptadas se interponen entre ambos ejércitos. La historia tiene un final feliz, con latinos y sabinos fundiéndose en un solo pueblo.

    Si lo que la autora quiere decir es que la mujer es físicamente más débil y está psicológicamente peor preparada para la agresión, podía ahorrarse tanta verborrea, que es cosa de siempre sabida. Y que en la historia el fuerte se ha impuesto al débil, también, aunque el hombre, el varón, no se ha librado precisamente de esa terrible ley, como pueden dar fe los melios de Tucídides.

    Las sabinas quieren quedarse con sus raptores, lo que a una le hace sospechar que los romanos no necesitarían emplear demasiada fuerza

    Pero lo significativo del ejemplo es que las sabinas quieren quedarse con sus raptores, lo que a una le hace sospechar que los romanos no necesitarían emplear demasiada, si alguna, fuerza.

    'Susana y los Viejos', de Artemisia Gentileschi. / Wikimedia
    ‘Susana y los Viejos’, de Artemisia Gentileschi. / Wikimedia

    También expone la escena de ‘Susana y los Viejos’, y una vez más estamos ante el eterno asunto de quienes, por obtener un favor de cualquier tipo -en este caso, sexual, pero no imprescindible- recurren a la amenaza de difamación. Y estamos en las mismas.

    No hay, en fin, nada nuevo bajo el sol, por más que ‘El País’ se empeñe, y ponerle etiquetas modernas a las cosas antiguas no nos ofrece una percepción más profunda e interesante sobre ellas; al revés, una descubre que es un intento más de usar el pasado como herramienta para aplicar la dogmática del presente.

    Comentarios

    Comentarios