Portada del libro Hästen & Husse
Portada del libro Hästen & Husse

El lobby LGTB con su ideología de género de trasfondo ha ido impregnando el día a día. De esta manera han conseguido que una mayoría haya ya aceptado la homosexualidad como algo normal.

Poco a poco quieren también normalizar la transexualidad y últimamente el campo de batalla se encuentra en la transexualidad de los niños. Todavía muchas personas se extrañan ante ese hecho.

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Por eso los defensores de la ideología de género lo que pretenden es adoctrinar a los niños desde la más tierna infancia con el mantra de que cada uno puede ser lo que sienta, da igual lo lejos que eso esté alejado de la realidad.

Tomasso Scandroglio en La Nuova Bussola Quotidiana hace una reflexión sobre este tema a raíz de un cuento infantil. El libro Häste & husse (El caballo y el ama de casa) narra a niños de 0 a 3 años (y hace cómplices a los padres que leen este cuento a sus hijos) cómo un caballo se siente un perro y mueve el rabo, roe huesos, le lleva la correa a su ama para que lo saque a pasear o persigue a los gatos.

Un caballo que cree que es un perro y se comporta como tal, y un señor que se transforma en ama de casa, con labios pintados y vestido, son los personajes del cuento

Y su dueña, el otro personaje, es un entrañable personaje que llega a casa, se pinta los labios, se viste con un falda y hace punto. Una ama de casa. Pero el problema es que es un señor.

Y esa es la historia que ha pergeñado la escritora sueca Susanne Pelger. Nada más y nada menos.

Que los niños pequeños se den cuenta de que pueden ser lo que ellos quieran y que si quieren ser un niño y son una niña, no pasa nada y los demás, además, a aplaudir con las orejas.

Pero curiosamente, este tipo de cuentos llevan a pensar en el conocido libro de Oliver Sacks, El hombre que confundió a su mujer con un sombrero. El libro narra el hecho verídico que le ocurrió al Dr. Sacks.

Un señor, de profesión músico, tenía un trastorno neurológico que le imposibilitaba reconocer la identidad de las cosas, es decir, asignar a los objetos y a las personas su significado objetivo.

Así, un día había confundido la cabeza de su mujer por un sombrero. Y estaba tan convencido que la cabeza de su esposa era un sombrero que, delante del propio Sacks, había intentado ponerse la cabeza de ella sobre la propia como si fuera un sombrero borsalino.

Esto que nos causa cierta risa y que en cualquier otra situación de la vida nos llevaría a pensar que una persona amerita estar en un centro psiquiátrico, en el caso del LGTB, no tiene lugar.

Una viñeta del interior del libro que propaga la ideología de género entre niños de hasta 3 años.
Una viñeta del interior del libro que propaga la ideología de género entre niños de hasta 3 años.

Si alguien dijera que cree ser Napoleón -o pongan cualquier otro personaje histórico-, pocos estarían dispuestos a respetar esa identidad ficticia. Muchos se lo tomarían a broma, otros directamente le retirarían la palabra por creer que está loco.

Pero los defensores de la ideología de género confunden el sexo masculino con el femenino y viceversa, pero a nadie se le ocurriría pedirles que se tumben en la camilla de un psiquiatra.

Hay que añadir que ellos, igual que el señor mencionado anteriormente, están completamente convencidos de tener razón y, por consiguiente, no se dan cuenta de su error –¡seamos indulgentes!– de percepción.

Pero no se les califica como “locos”, sino como “defensores de las libertades civiles”.

Por desgracia aceptar el razonamiento LGTB nos introduce en un peligroso mundo, donde uno empieza a deslizarse y por desgracia ya no tiene freno. Así se explica que una chica haya confesado que en realidad es un gato encerrada en el cuerpo de una mujer.

Y por qué no, si un adulto se siente un bebé, no le van a cuidar como si fuera un bebé. Y dentro de poco si un niño quiere tener relaciones sexuales con un adulto, o un adulto con un niño, por qué no a va a ser posible.

Todo depende de que la realidad sea perfectamente modificada y aceptada.

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Licenciado en periodismo y filosofía, lo que le permitió descubrir Roma. Catalán afincado en Madrid, amante de España y sus diversidades. Ávido lector y cariñoso contador de cuentos en casa.