Emmanuel Carrère

Muere 2015, año de convulsiones y surrealismos varios, culminado con ese maravilloso empate a 1515 en las entrañas de la insurgencia catalana, democracia asamblearia mediante: qué deleite para un Bretón, qué exceso para un Aragón, para un Tzara, para un Santiago Segura… Buen pastel para la literatura más subterránea, no tanto para los nervios de una nación que detecto mayormente empalagada hasta la náusea.

La avalancha de listas de libros del año suena como los clavos en el ataúd del yacente. Del postmodernismo a esta parte, resulta complicado extraer puntos comunes de nada. La única regla, parece, consiste en hacer cada uno lo que le da la gana. Aguzando el oído, no obstante, me ha parecido escuchar un rumor de fondo en las letras españolas: la abundancia de libros escritos en primera persona apuntan a una suerte de reflexión interior en masa, o un intento de algo parecido. Quizá las editoriales hayan detectado que el lector español, harto de una vida social tan inverosímil, quiere masticar realidad, escuchar a personas de verdad.

Portada de La isla de la infancia de Karl Ove Knausgard
Portada de La isla de la infancia de Karl Ove Knausgard

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Cierto que toda la literatura bebe de las vivencias de sus autores, pero me refiero aquí a la tendencia a mostrarlo todo crudo, sin cocinar, sin rearmar. Directamente desde el yo. Cierto también que se trata de una cuestión mundial, pero en el extranjero parece remitir. Apenas “La isla de la infancia”, tercera parte de la autobiográfica “Mi lucha”, de Karl Ove Knausgard; la continuación de la odisea de Emmanuel Carrere por la novela de no ficción con “El Reino” o la evidencia del mediático fenómeno de Oliver Sacks. Y cierto que la moda de la primerísima persona en la novela llegó tarde a nuestro país, al menos como moda más o menos ineludible, o sea, desde el advenimiento de Javier Cercas.

Pero quién lo diría ahora. Como si nuestro yo literario estuviera constreñido por cierta vergüenza formal –aunque hacía tiempo que cada uno hablaba de su rollo, al menos había que disimular- y el descorche nos hubiera desbordado.

Quizá tanta pasión esconda una nostalgia de aquella izquierda exquisita que ya va feneciendo

Por ejemplo, avizoro en las cumbres de las listas “Los diarios de Emilio Renzi. Años de formación”, en los que el argentino Ricardo Piglia cuenta sus vivencias desde 1957, con 16 añitos, a 1967, ya un autor consagrado. Fascinante, al parecer. Me lo apunto para 2016.

Aparecen también, curiosamente, las “Memorias” de Carlos Barral. Curiosamente porque se trata de una reedición. Que no digo yo que el personaje no sea relevante, pero quizá tanta pasión esconda una nostalgia de aquella izquierda exquisita que ya va feneciendo, sepultada por los empates a 1515 de asambleas poco caviar. Por el mismo tránsito podrían deambular los “Diarios (1956-1985)” de Jaime Gil de Biedma, genial poeta y amigo del anterior celebrado.

Otros recuerdos regresan de más lejos y más improbable, como en “Memoria por correspondencia”, donde Emma Reyes cuenta su terrible niñez en 23 cartas. La intermediación de García Márquez, que la animó a publicar, le franqueó el acceso a las mejores baldas de las librerías. Que todo hay que decirlo.

Portada de También esto pasará de Milena Busquets
Portada de También esto pasará de Milena Busquets

Y bastante tremebundo es también el tema de “Inútilmente guapo”. Jorge M. Reverte narra el ictus que sufrió en 2014 y su proceso de recuperación. Pero ya el título avisa de la inteligente táctica de su autor, que opta por un humor con genética heroica para reírse olímpicamente de su adversario.

Por último, la moda de la novela de no ficción, con la reflexión hacia dentro desde la desgracia familiar como principal materia primera. Por ejemplo, la muerte de su madre propició que Milena Busquets transmutara en el “También esto pasará” sus vivencias personales en literatura. Y la muerte del padre provocó algo parecido en Fernando Marías, que busca concienzudamente en su interior con “La isla del padre”. Por último, el sorprendente debut (sorpresa grata) de Gabriela Ybarra con “El comensal” novela el asesinato de su abuelo por ETA y la muerte de su madre por cáncer.

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Nacido en Sevilla hace ya unos escasos 44 años, Ángel Peña es licenciado en Derecho (cosas que pasan) y en Periodismo (cosas que pesan) y Doctor en Comunicación y Cultura (cosas…). Actualmente trabaja como redactor en la revista Actualidad Económica y como profesor de Ética en la Universidad IE. Ha escrito en numerosos medios -La Gaceta, ABC, Época, Tiempo…-. Es coautor de “Guías de lecturas contemporánea”, junto a Pedro de Miguel y de “Manual de escritura académica” con Juan José Prats.