Isabel Celaá, ministra de Educación y Formación Profesional. /EFE
Isabel Celaá, ministra de Educación y Formación Profesional. /EFE

Es muy alarmante la movida,  desde el gobierno y algunas plataformas creadas al respecto, para eliminar los Centros Escolares de Educación Especial que dan cumplida respuesta a la población estudiantil más necesitada. A esa  movida la llaman “inclusión”.

Es cierto que los Centros Especiales son económicamente caros, pero mucho más, incomparablemente más es lo que malgasta el gobierno y no se plantea recortar lo que es tan caro para los contribuyentes.

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Abrumados y hartos como estamos de lamentables discriminaciones positivas –que son formas de inclusión-, tales como las descomunales subvenciones a grupos “feministas”, a colectivos lgtbi, el Falcon de Pedro Sánchez o las puertas giratorias para expolíticos y exministros, etc. discriminaciones que son antisociales, antidemocráticas, anti-cívicas, anti-éticas y anti-todo. Ahora se pretende eliminar la única discriminación positiva que es necesaria, la que atiende a personas con determinados tipos y grados de discapacidad. Con estas personas tiene pleno sentido, eficacia y es de responsabilidad social, democrática y, por lo tanto política, el que tengan esos Centros Educativos Especiales bien dotados.

El gobierno y algunos más, tienen que enterarse que discriminación no es igual a exclusión. Por tanto, hablar de inclusión con este colectivo de personas es error porque no están excluidas. Los centros de Educación Especial son para ofertar una discriminación positiva que sea favorable a las necesidades de sus destinatarios con las dotaciones de medios adecuados a sus características individuales en orden a sus mejores logros personales.

Nuestro sistema escolar ordinario (el de los capacitados) está excluyendo sistemáticamente, año tras año y de forma regular a un 25 o 30% de los alumnos mediante el fracaso

Atención al dato más importante del tema: El Gobierno pretende incluir a discapacitados en el sistema más excluyente que tenemos en España, que es el sistema escolar (educativo) enseñativo ordinario.

Nuestro sistema escolar ordinario (el de los capacitados) está excluyendo sistemáticamente, año tras año y de forma regular a un 25 o 30% de los alumnos mediante el fracaso, el abandono y las repeticiones de cursos. Y, si no se sabe, no se quiere o no se puede incluir a todos esos miles de capacitados que son excluidos cada año, ¿cómo se pretende la inclusión de los que están menos capacitados?

Yo soy totalmente partidario de la inclusión: cuando nuestro sistema escolar ordinario no excluya más del 2 – 3 % que se entiende son la excepción que escapa a toda norma. Entonces, y solo entonces, debemos pensar en la posibilidad de incluir quizás a todos porque será una prueba de eficacia y de eficiencia.

Hoy por hoy es tal lo absurdo de esa contradicción que solo dementes no pensantes o políticos ignorantes pueden hacer semejante planteamiento; y plataformas de aprovechados.

Sr. Sánchez, dígales a sus ministras: vamos a prevenir la sangría excluyente   –porque el fracaso escolar es un enorme lastre social que impacta en las familias, en la salud y la cohesión social -, y cuando sepamos ser plenamente inclusivos en lo ordinario, podemos dar inclusión a los positivamente discriminados actualmente.

Si no sabemos, podemos o queremos dar respuesta inclusiva a quienes muestran adecuadas posibilidades, ¿cómo será la respuesta inclusiva que demos a quienes no disponen de esas posibilidades?

Antes de la escuela hay todo un mundo que implementar para las personas que necesitan la inclusión

Montes de Oca decía: “Un gobierno es tanto mejor cuanto menos se hace sentir”. El nuestro se hace sentir mucho, siempre, en todo, sin cesar… ¿Calificación? Y es que “cuando el fanatismo ha gangrenado el cerebro, la enfermedad es casi incurable”; lo decía Voltaire y lo palpamos a diario en este gobierno.

En nuestra sociedad hay mentalidad inclusiva, pero falta práctica, medios, experiencia inclusiva en nuestro sistema escolar, en la enseñanza que, hoy por hoy, es altamente excluyente.

Para modificar, regular, implementar y regir la normativa escolar y hacerla inclusiva son indispensables 3 requisitos:

  1. Participación prioritaria de profesorado y padres.
  2. Desarrollo extensivo e intensivo de prácticas inclusivas eficaces en el sistema para adquirir sólida experiencia y poder generalizar la práctica inclusiva.
  3. Consenso político total con perspectiva a largo plazo ¿…?

Eso por lo que respecta al sistema escolar; porque antes de la escuela hay todo un mundo que implementar para las personas que necesitan la inclusión. Ese mundo que va desde los cero meses de edad hasta los 6, 7, 8 años para acceder a la “escuela inclusiva”, ese mundo no existe  -no está preparado, no está organizado, no está interconectado ni coordinado, ni siquiera está previsto para las personas con muy diversas y exigentes necesidades -. Es el mundo del desarrollo de la persona (aquí se abre un campo casi infinito que hoy está atomizado y disperso, ignorado), el campo de la prevención, la normalización, la habilitación… que implica a múltiples ámbitos de la medicina, los servicios sociales, la pedagogía infantil (que no es la escuela infantil), la neuropsicología, etc.

Señor Sánchez y cuadrilla, señores de plataformas del inclusivismo; cuando todo lo anterior sea una realidad organizada, experimentada y eficazmente funcional, entonces y solo entonces, la inclusión es un objetivo primordial porque somos muchos los que entendemos del tema, pero está en manos de ignorantes, desaprensivos buscavidas (y busca votos).

Mientras tanto: “Los experimentos con gaseosa”. ¡¡¡Jamás con niños!!!

* Isidro García es pedagogo, psicólogo y responsable académico del Instituto Mind Moves en España.

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