Igualdad y Educación, hoy, por Araceli Oñate

    La Educación inclusiva tropieza una y otra vez con la exclusión en la realidad diaria de nuestras aulas. Neutralizar el pensamiento crítico, señalar al disidente, estigmatizar o excluir son procesos que arrojan luz sobre un mecanismo bien engrasado generador de víctimas inocentes.

    0
    Imagen referencial / Pixabay
    Imagen referencial / Pixabay

    Aumenta la violencia en las primeras relaciones afectivas, hasta el punto de duplicarse el índice de riesgo para niñas y adolescentes antes de la mayoría de edad, y de sumarse víctimas mortales menores a los datos de violencia de género. Algo estamos haciendo mal y la clave está en la educación.

    Nuestro sistema educativo, inundando colegios e institutos de programas ideológicos, ha permitido la intromisión ilegítima del Estado al servicio de las causas del poder y de sus múltiples caras en los distintos rincones de la geografía española.

    Actuall depende del apoyo de lectores como tú para seguir defendiendo la cultura de la vida, la familia y las libertades.

    Haz un donativo ahora

    Primero se permitió imponer, también en el recreo, la lengua vehicular en la que los niños debían jugar en la escuela, eliminar el derecho de los padres a elegir el castellano en la escolarización de sus hijos, llamar conflicto a la victimización y al terrorismo, imponer una pseudoeducación afectivo-sexual también en primaria, introducir la confusión sobre la propia identidad en edades tempranas e incluso robar 5 minutos de recreo a los alumnos varones, por el solo hecho de serlo, “para que los chicos comprendan lo que ha sentido la mujer durante mucho tiempo en la historia”.

    Sin error muestral ni ficha técnica, vuelve el Centro Reina Sofía a ofrecer datos, en esta ocasión, datos “sobre adolescencia y juventud” que ni sirven a la verdad ni están al servicio de la infancia y la adolescencia. El incremento de la discriminación por razón de conciencia es un hecho en nuestras aulas y este informe ideológico es una prueba de ello porque se permite “clasificar” y señalar a escolares como “negacionistas, tradicionalistas conservadores o sexistas”, lejos del “colectivo ideal”.

    O esto es Matrix o la Fiscalía debería adoptar medidas contra la estigmatización de nuestros menores y la intromisión ilegítima en sus conciencias

    La Educación inclusiva tropieza una y otra vez con la exclusión en la realidad diaria de nuestras aulas, con la lógica del ‘chivo expiatorio’ y el mecanismo sacrificial como principio regulador de la convivencia que avanza penetrando todas las capas de la sociedad y registra su epicentro en una debilitada institución educativa que corre el riesgo de perpetuar un sistema perverso de exclusión de la plaza pública desde las edades más tempranas.

    Es en sede de agresiones indirectas donde el ejercicio de la primera de las libertades corre peligro. Neutralizar el pensamiento crítico, señalar al disidente, estigmatizar o excluir son procesos que arrojan luz sobre un mecanismo bien engrasado generador de víctimas inocentes, que aprovecha a las distintas causas del poder y en el que se atrinchera el pensamiento único.

    Los derechos de la infancia pueden verse amenazados tanto por una legislación sectaria como por una política indiferente a la conciencia y a su derecho a disfrutar de una escuela libre de violencia. O esto es Matrix o la Fiscalía debería adoptar medidas contra la estigmatización de nuestros menores y la intromisión ilegítima en sus conciencias.

    Sólo se sitúa en la vanguardia quien, desde la prevención efectiva sitúa el respeto a la dignidad de la persona en el centro del avance social, y protege el derecho fundamental de la infancia y la adolescencia a no ser instrumentalizados más.

    * Araceli Oñate es directora del Informe Cisneros X sobre Acoso y Violencia Escolar en España.

    Comentarios

    Comentarios