Los adolescentes no necesitan formación sexual

    El riesgo es acabar obteniendo adultos modernos, actuales, tecnológicamente muy competentes pero absolutamente mutilados en su capacidad de amar. Y, con eso, el fracaso como persona está más que asegurado.

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    ¿Debería haber en los colegios una asignatura sobre aprender a amar antes que sobre sexualidad?
    ¿Debería haber en los colegios una asignatura sobre aprender a amar antes que sobre sexualidad?

    El mocoso no levanta un palmo del suelo y ya sabe manejar la tableta mejor que el yo-yo. De hecho, cuando su madre tiene alguna duda con el móvil, siempre le pregunta a él. En el colegio suprimieron los libros hace un par de años, y se maneja para todo con el artilugio plano.

    Con nueve años le compraron su primer smartphone. La abuela dijo que era un poco pronto, pero él insistía e insistía, y repetía aquello de que “era el único de su clase que no tenía móvil”. Sus padres cedieron y le compraron el último modelo, a pesar de que no siempre llegaban holgados a fin de mes.

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    Luego llegaron las redes sociales, y eso que canta Macaco de “en la Red un millón de amigos, dice, no te pueden fallar”. Y con esto ya tenemos al perfecto aborigen digital de 14 ó 15 años perfectamente capacitado para enfrentarse al mundo y al que surcar los océanos de la tecnología no supone ningún contratiempo.

    «¿Están nuestros menores preparados para la mayor asignatura de la vida, que es el amor?»

    Leía estos días navideños a Enrique Rojas en su libro “El amor: la gran oportunidad” donde el psiquiatra plantea que “la sociedad de este principio del siglo XXI, llena de avances técnicos y de logros de gran calado, no ha sabido transmitir de forma adecuada lo que debe ser el amor verdadero”.

    Fantástico: tenemos a un montón de niños enganchados a sus terminales sabiendo manejarlos perfectamente, pero hago mía la pregunta de Rojas: ¿Están nuestros menores preparados para la mayor asignatura de la vida, que es el amor? ¿No actuamos a veces como convencidos de que el amor se aprende casi por deducción, como si consistiera en tocar una pantalla, y no dedicamos tiempo suficiente para enseñar a los niños a amar?

    Prosigue el psiquiatra: “Y nos debemos preguntar, aunque pueda parecer muy ingenuo: ¿saben los jóvenes de Occidente de nuestros días amar de verdad? ¿Han aprendido a hacerlo? Porque no debemos perder de vista que saber amar es la primera respuesta que el adolescente y el joven le dan a la vida”.

    El psiquiatra Enrique Rojas aboga por una educación de los sentimientos en los colegios.
    El psiquiatra Enrique Rojas aboga por una educación de los sentimientos en los colegios.

    Mi amigo Álex Rosal suele decir que en los colegios debería haber una asignatura obligatoria que se llamase algo así como “Aprender a amar”. Y Rojas corrobora: “La educación de los sentimientos debería ser una disciplina de estudio obligado en el Bachillerato”.

    Porque el riesgo es acabar obteniendo adultos modernos, actuales, tecnológicamente muy competentes pero absolutamente mutilados en su capacidad de amar. Y, con eso, el fracaso como persona está más que asegurado.

    En Occidente hemos renunciado a enseñar a amar; hemos dado por sentado que es algo que se aprende “sin más” y lo hemos sustituido por enseñar a los adolescentes, simplemente, a interactuar sexualmente. Básicamente, a saber cómo funcionan nuestros genitales. Pero en esa de-formación no hay espacio para hablarles de entrega, de amor, de compromiso de, como dice Rojas, “notar que mi proyecto de vida se cruza con el otro y ambos se iluminan recíprocamente”.

    Los adolescentes no necesitan formación sexual. Eso es algo que nos han vendido como bueno y necesario y que en ocasiones hemos aceptado con pasmosa facilidad. Lo que necesitan es formación en el amor. Y, sobre todo, ejemplos. De sus padres y familia cercana, en primer lugar, y de todos los que influyen en su formación: profesores, personas cercanas, medios de comunicación.

    Uno de los descubrimientos más apasionantes que se pueden dar en la vida es encontrar a alguien que vive realmente en clave de amor. Será siempre una persona íntegra, completa, madura, autónoma, influyente, alegre y atrayente. Inmediatamente, su ejemplo motiva a tratar de vivir del mismo modo generoso y entregado.

    Ésa es, sin duda, la principal asignatura que pueden cursar nuestros menores: aprender a amar. Todo lo demás vendrá por añadidura. Así lograremos que, en el continente digital, haya hombres y mujeres muy competentes y, a la vez, con el corazón lleno.

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