Una imagen de los diputados de siete formaciones políticas que formaban parte de la subcomisión de Educación que en febrero de 2017 buscaba un Pacto de Estado Social y Político por la Educación.
Una imagen de los diputados de siete formaciones políticas que formaban parte de la subcomisión de Educación que en febrero de 2017 buscaba un Pacto de Estado Social y Político por la Educación.

Cuentan los medios que este lunes se ha producido el deceso del Pacto de Estado Social y Político por la Educación que se había constituido formalmente como subcomisión dentro de la Comisión de Educación y Deporte del Congreso de los Diputados. Disculpen el galimatías, pero es así. El texto, frío y formal, del certificado de fallecimiento del frustrado acuerdo podría ser algo así: “Fallece por haber expirado el plazo formal de seis meses establecido para que los partidos llegaran a un acuerdo educativo”.  

Hagamos una breve necrológica del finado Pacto por la Educación. Qué menos en esta jornada tan señalada. Y para ello, empecemos por el contexto en el que nació.

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Como seguramente saben, desde que el Partido Popular consiguiera sacar adelante la Ley Orgánica para la Mejora de la Calidad Educativa (LOMCE) la izquierda no ha hecho otra cosa que bramar contra ella. Con mil pretextos: las denigradas como reválidas, la presencia de la asignatura de religión en la escuela, la existencia de conciertos educativos… La famosa marea verde reflejó ese espíritu de movilización callejera a golpe de consigna: la LOMCE era lo peor de lo peor, la bestia negra que había que destruir.

No pierdan de vista un dato. Esta ley orgánica, promovida durante la mayoría absoluta del Partido Popular de Mariano Rajoy, con el ministro Wert en Educación, es la única norma estatal promulgada por el centro derecha desde 1975 en lo que a la enseñanza se refiere. Hasta la fecha, con excepción de la LOMCE, sólo el PSOE había promulgado leyes en este ámbito.

La espantada hace inviable la subcomisión, que necesita un mínimo quórum para funcionar. Y el inexorable plazo parlamentario le ha dado el remate

Y llegó el año 2016 y la actual legislatura en la que el PP gobierna gracias al plácet de Ciudadanos. Y éste -ya saben que Rivera cuando quiere se viste de Adolfo Suárez y pide consenso para todo- presionó para lograr un gran acuerdo estatal sobre educación que acallara de una vez a los críticos con la LOMCE y fuera capaz de inspirar una nueva norma, pactada y duradera, para la enseñanza. Para ello fijaron un plazo y quince puntos de debate en torno al sistema educativo: financiación, equidad e inclusión, profesión docente, estructura, redes de centros (públicos, concertados…), ordenación académica, sistema educativo y modelo territorial, evaluación y calidad, centro educativo, participación institucional y social en la educación, enseñanzas artísticas superiores, investigación, desarrollo e innovación, enseñanza de las religiones y formación profesional.

La subcomisión ha ido trabajando a lo largo de estos seis meses. Pero llegó marzo, final del invierno, y el PSOE dio un portazo y abandonó la subcomisión que iba a dar a luz a nuestro querido acuerdo. Motivo o pretexto: que la financiación propuesta por el PP y Ciudadanos de dedicar 5.000 millones de euros al sistema educativo hasta el año 2025 era insuficiente. Apenas tres días después Podemos y sus palmeros -Grupo Confederal Unidos Podemos- En Comú Podem- En Marea, utilizaron la misma excusa para abandonar el nonato Pacto por la Educación.

La espantada hace inviable la subcomisión, que necesita un mínimo quórum para funcionar. Y el inexorable plazo parlamentario le ha dado el remate. Y así, en el seno de la cámara legislativa, sin llegar a ver la luz del sol, ha sido abortado por la izquierda el pequeño Pacto de Estado Social y Político por la Educación. Hoy y mañana se sucederán los inevitables comentarios sobre el fatal y esperado hecho biológico. “Se veía venir”, dirán todos. “La derecha ha hecho imposible el acuerdo”, clamarán socialistas y podemitas.

Pero no se crean nada. Lo que ha pasado es muy sencillo y Actuall ya lo anticipó hace un mes. A la izquierda no le interesa ni el acuerdo educativo ni la calidad de la enseñanza. Para ellos el verbo “educar” en realidad significa “adoctrinar” en laicismo e ideología LGTBI y dar dinero, mucho dinero público a las asociaciones y sindicatos afines. Y reducir plazas en los centros concertados y, si es posible, ahogarlos económicamente. Y no hay más.

En las aulas, el enemigo de las izquierdas no es la LOMCE ni el PP sino la libertad de enseñanza: la de la sociedad para crear sus centros y la de los padres para transmitir sus valores a sus hijos

Podemos y PSOE sólo quieren echar al PP del Gobierno y ocupar la Moncloa. Y para ello necesitan que la LOMCE siga vigente. “Pero, ¿no decían que la LOMCE era un desastre, una ley franquista, que había que derogar cuanto antes?” Sí. Y lo siguen afirmando. Pero para agitar las calles, sacar a los estudiantes de las aulas y movilizar a los agónicos sindicatos, nada como tener un enemigo visible: la LOMCE encarnada en ese ministro amable, blandito y corto de vista que es Íñigo Méndez de Vigo.

Tomen nota del mensaje póstumo que nos deja el proceso que ha llevado a la muerte al Pacto por la Educación: “La derecha, en este país, no tiene legitimidad para inspirar una ley nacional [perdón, estatal] de enseñanza”. Firmado, Pedro Sánchez y Pablo Iglesias.  

Y, sobre todo, no olviden que, en las aulas, el enemigo de las izquierdas no es la LOMCE ni el PP. El verdadero escollo es la libertad de enseñanza: la de la sociedad para crear sus centros y la de los padres, primeros titulares de la educación, para transmitir sus valores a sus hijos sin intromisiones totalitarias del Estado ni de los ideólogos de los partidos. Algunos prefieren masas y movilización a personas libres y calidad educativa. La enésima batalla de las aulas está servida. Lo de menos es el porqué.

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