¿Acaso le has preguntado si quiere ser una princesa? Evasión o victoria

    Evasión o victoria es la disyuntiva que se nos presenta. Diluirnos ante el tsunami de la ideología de género o alzar la voz. Dejarnos matar o vivir.

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    Versión de la parada de Silvester Stallone en 'Evasión o victoria', en la que su personaje frena el ataque del lobby LGTBI / AMB-Actuall
    Versión de la parada de Silvester Stallone en 'Evasión o victoria', en la que su personaje frena el ataque del lobby LGTBI / AMB-Actuall

    Me lo contaron hace unos días. Y creo en el fondo que no me sorprendió. Sucedió en un centro de salud. Una médico vio a la hija pequeña de un compañero y, a modo de carantoña, se dirigió a ella con el apelativo de “princesa”. Hasta hace no mucho, esto sólo hubiera generado algunas sonrisas y frases comunes sobre la pequeña, todas amables.

    Pero hete aquí que las tornas han cambiado. Y mucho. La asfixia de lo políticamente correcto lo inunda todo. Y las políticas de adoctrinamiento empiezan a calar muy hondo. Hasta el punto de que esta médico fue increpada: “¿Acaso le has preguntado si quiere ser una princesa?”.

    Algunas personas creen que La Sexta da información.

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    Ojiplático se queda uno al oír semejante historia.

    La niña al parecer no tiene ni dos años. No tiene uso de razón. Y dudo mucho de que sus padres (¿progenitores A y B?) le pregunten cada mañana si quiere desayunar, si se quiere cambiar el pañal cuando lo empapa o si quiere dormir la siesta.

    «Cabe la moral de victoria. Subiendo al ring ideológico. Aguantando el tirón. Con menos miedo y menos vergüenza»

    Pero según los censores de la ideología de género, sonreír a una pitufa de menos de dos años y decirle “princesa” es como declararle la guerra a su ‘autodeterminación’ personalísima. Los tontos. Los botellines. Ya tú sabes.

    Ante semejante comportamiento caben varias opciones. Desde luego, cabe evadirse, callar, mirar hacia otro lado y no discutir, viendo inútil toda argumentación ante la estulticia. Huir de la situación, no volver a repetir expresiones como “princesa”, “campeón” o cosas por el estilo. Y vivir externamente tranquilo, pero internamente derrotado, fugitivo de tus convicciones.

    Pero también cabe la moral de victoria. Sin necesidad de avasallar, pero siendo contundentes con la palabra y el ejemplo. Subiendo al ring ideológico. Aguantando el tirón. Con menos miedo y menos vergüenza. Con más valor y más argumentos.

    «Estar dispuestos a dar la batalla o sufrir amilanados, timiditos, enclaustrados. En una palabra, dejarnos matar o vivir. Evasión o victoria, esa es la cuerstión»

    Menos evasión y más victoria, sí. Como en la película protagonizada por Silvester Stallone, Michael Caine y Pelé. El equipo de los prisioneros que se enfrenta a los temibles nazis en un partido capricho organizado por un picatoste alemán, exfutbolista por más señas.

    Fotograma dela película 'Evasión o victoria' protagonizada por Stallone, Caine y Pelé.
    Fotograma dela película ‘Evasión o victoria’ protagonizada por Stallone, Caine y Pelé.

    Según la trama del film estrenado en 1981, los prisioneros tenían una oportunidad de escapar del estadio durante el descanso, pero les puede más la moral de victoria que la posibilidad de la huida.

    Evasión o victoria es la disyuntiva que se nos presenta. Diluirnos ante el tsunami de la ideología de género o alzar la voz. Estar dispuestos a dar la batalla o sufrir amilanados, timiditos, enclaustrados. En una palabra, dejarnos matar o vivir. Evasión o victoria, esa es la cuestión.

    A nadie se le puede exigir que sea un héroe. Pero entre la gesta y la nada, hay muchos kilómetros de tierra de nadie por salir a conquistar. Y aunque sea «pasito a pasito y suave suavecito», como en el hit musical  de este verano hay que ponerse en marcha.

    Aunque muchos aún no lo crean, estamos, como en la película, metidos a la fuerza en un estadio, rodeados de guardianes agresivos dispuestos a lanzarnos a los canes de cuatro patas adiestrados para triturarnos los huesos.

    Es evidente que la estética entre el totalitarismo de antaño y el de ahora ha cambiado muchísimo. Pero el sectarismo sigue intacto. O piensas, hablas y te comportas como yo quiero que seas o serás objeto de exterminio. Por ahora, sólo social. Pero todo es posible a este paso.

    Si no actuamos con moral de victoria, a pesar de todos los sufrimientos, los disgustos, las lágrimas y las incomprensiones hasta de los más cercanos, pronto nos encontraremos con que nos han arrebatado a los hijos y la palabra. ¿Y qué nos quedará sino lamentarnos?

    Ya ha sonado el silbato para seguir dando la batalla en el campo. Y tú, ¿qué harás? ¿Evasión o victoria?

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    Nicolás de Cárdenas fue inoculado por el virus del periodismo de día, en el colegio, donde cada mañana leía en su puerta que “la verdad os hará libres”. Y de noche, devorando los tebeos de Tintín. Ha arribado en su periplo profesional a puertos periodísticos de papel, internet, televisión así como a asociaciones cívicas. Aspira a morir diciendo: "He combatido bien mi combate, he corrido hasta la meta, he mantenido la fe".