Apoyo a Reig Pla / «El itinerario no va de curar la homosexualidad»

    En "Es Posible la Esperanza" no se trata de acabar con los deseos homosexuales, sino de renunciar a ellos y de darles un sentido. Debería tener el mismo derecho a buscar la ayuda y los apoyos que considere oportunos para sanar las profundas heridas que arrastro desde la infancia.

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    Un hombre se quita la máscara LGTB
    Un hombre se quita la máscara LGTB / Actuall

    Mi nombre es Andrés. Quiero contaros lo que ha sido mi paso por el itinerario que ofrece el Obispado de Alcalá para acompañar a personas que sienten atracción al mismo sexo no deseada.

    Hoy tengo 41 años, hace más de 6 que solicité ayuda a esta pastoral de la Iglesia y, al igual que vosotros, también trabajo en los medios de comunicación, por eso entiendo bien el valor informativo de vuestro reportaje (felicidades a Villaescusa).

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    Comprendo las conclusiones y titulares que deducís de las palabras de B.V. pero hay un matiz que habéis convertido en eje central que os prometo no es ni riguroso ni veraz, ni lo dice B.V., ni es así; se trata de la idea de curar la homosexualidad, el itinerario no va de eso. Os cuento mi historia por si puede servir para aportar verdad al caso.

    La otra salida del armario que decidí coger libremente

    En 1993 decidí salí del armario en mi entorno rural. Tenía 16 años, mi familia y amigos asumieron mi identidad gay, me acogieron, respetaron y apoyaron. Tuve un novio 12 años y disfruté de todos los alicientes de un estilo de vida abiertamente homosexual.

    El caso es que tras 18 años viviendo la vida gay, el 2 de marzo de 2012 llegué a la conclusión (sin la mediación de nadie) de que mi atracción al mismo sexo (la mía, ojo, solo la mía) nunca me llevó a la plenitud afectivo-sexual que tanto ansiaba. Entendí además que mis deseos homosexuales estaban relacionados con una serie de traumas que viví en mi infancia.

    Lo que inicialmente me parecía una identidad buena, hoy me parece un problema del que prefiero estar cuanto más lejos, mejor

    A partir de ahí, y todavía viviendo con X – el que fue mi pareja más de una década- dejé de identificarme como gay. Fue entonces cuando decidí buscar a gente que hubiera llegado a las mismas conclusiones que yo. Y después me encontré con el Obispado de Alcalá.

    Tanto antes como ahora, no me supone el menor problema admitir que me atraen los hombres, pero lo que inicialmente me parecía una identidad buena, hoy me parece un problema del que prefiero estar cuanto más lejos, mejor.

    Esta idea que tantos rasgados de vestiduras genera actualmente, es la que nos mueve libremente a todos los que vamos allí. Puede gustar o no gustar, podemos estar confundidos a acertados, pero SOMOS libres de pensar lo que nos dé la gana de nosotros mismos. Y con la misma libertad con la que viví mi identidad gay, hoy la rechazo porque creo que no me hace bien.

    Si en el 93 pedí tolerancia para que aceptaran a una minoría, hoy pido lo mismo. Dentro del colectivo de personas que sentimos atracción al mismo sexo, hay otra minoría: los que aceptando nuestras atracciones homosexuales, decidimos no vivir conforme a ellas. Entiendo pues que, con la misma libertad con que un hombre decide transformarse hoy en día en mujer, yo debería tener el mismo derecho a buscar la ayuda y los apoyos que considere oportunos para sanar las profundas heridas que arrastro desde la infancia y tratar de renunciar o minimizar mis deseos homosexuales, aunque persistan toda la vida.

    Mi experiencia en Es Posible la Esperanza

    Una de las ideas más potentes que aprendí en «Es Posible la Esperanza» es el hecho de que no se trata de acabar con los deseos homosexuales, sino de renunciar a ellos y de darles un sentido. Lo curioso es que esa premisa me ha llevado a vivir los años más felices de mi vida.

    Para cualquier profano en la materia, la castidad puede sonar a cachondeo o tortura… pero para mí ha sido todo lo contrario, para mí ha significado libertad, capacidad para llevar las riendas de mi vida, capacidad para amar más a los demás y sobre todo «sentido existencial».

    Creo por lo que he visto que esto es lo que obtenemos todos del itinerario. Habría estado bien, en pro del rigor y la veracidad informativa, que nos hubiérais preguntado a muchos de los que hemos pasado por allí, estoy seguro de que habríais recabado muchos testimonios en esta línea.

    Aprovecho este e-mail para mostrar mi solidaridad y apoyo a monseñor Reig Pla, obispo de Alcalá, al Centro de Orientación Familiar de Alcalá y a B.V. Aprovecho también para pedir a la Iglesia Católica que salga en defensa de su doctrina y que no se achante ante las amenazas totalitarias del lobby LGTB.

    Un saludo, Andrés.

    * Testimonio recogido por Es posible la Esperanza en apoyo del obispo de Alcalá de Henares, monseñor Juan Antonio Reig Pla, que mantiene un servicio de acompañamiento a personas con Proyección hacia personas del Mismo Sexo (PMS).

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