Un hombre se quita la máscara LGTB
Un hombre se quita la máscara LGTB / Actuall

Les comparto estas líneas expresando mi apoyo a Mons. D. Juan Antonio, Obispo de Alcalá, al COF y a B. V. ante las acusaciones que se realizan en su contra por colaborar con el acompañamiento de personas que buscan sanar heridas.

Más que dar argumentos vacíos y meramente teóricos, considero preciso comentarles brevemente mi testimonio.

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Desde que tengo uso de razón, he experimentado PMS (Proyección en el Mismo Sexo) y aunque yo estaba seguro que todo en mi vida era bueno, pues contaba con buenas calificaciones en el colegio, tenía personas que me rodeaban, no había problemas en mi vida, además estaba convencido de que era feliz: por mi extroversión, mi vida social rica, mi familia y mis aptitudes; siempre existió en mí la conciencia de saber que no todo podía quedarse ahí. A pesar de que la sociedad me bombardeaba diciéndome que lo que sentía estaba bien y que debía aceptarme, mi corazón, mi mente y mi cuerpo me gritaban que no podía ser así.

Durante noches lloraba sin saber por qué y a pesar de estar rodeado de muchas personas, seguía sintiéndome solo. Un día deseando dejar de sufrir por luchar contra lo que estaba sintiendo, decidí hacerle caso a quienes me decían que mis sentimientos por otros chicos eran normales, pero contrario a hacerme libre, lo que hice fue sentirme preso y sin escapatoria, encarcelado y etiquetado para vivir de un modo que en nada correspondía a lo que yo de verdad soy. Cada día era como si un bisturí fuese cortándome por dentro sin parar, pero sin que yo supiera donde estaba localizado ni cómo sacarlo.

Nada en la vida me ha llenado tanto como en tener un horizonte, un objetivo que es madurar lo más que pueda madurar para dar lo mejor de mí a mis hermanos

Busqué ayuda en distintos lugares de manera infructuosa y así me mantuve hasta que desde Panamá encontré acompañamiento en la sanación de heridas que lejos de decirme que intentara ser alguien que no soy, me acogió y me presentó la posibilidad de mejorar, de madurar, de crecer como hombre y poder llegar a ser feliz.

Desde que comencé a trabajar en madurar integralmente mi personalidad, en busca y con la ayuda de una vida de comunión y solidaridad, mi manera de vivir y de experimentar el mundo ha cambiado exponencialmente. Luego de un periodo largo y lleno de retos personales, caminando paso a paso, he podido aprender que soy valioso como hombre y comprender que aquel bisturí que me desgarraba por dentro eran la suma de muchas heridas de mi pasado que se encontraban a nivel inconsciente y se manifestaban por medio de la PMS; también comprendí que estas heridas debían ser trabajadas y puestas en manos de Dios para ser sanadas.

Quizá en un principio llegué para dejar de tener PMS, pero me encontré con más… con mucho más de lo que nunca me habría imaginado tener y experimentar. El camino ha estado lleno de obstáculos y he pasado por momentos de intenso sufrimiento, pero ese dolor no lo produjo el proceso, sino que siempre estuvo ahí latente, haciendo daño desde los pequeños detalles y de manera muy sutil y al dejarlo salir, naturalmente duele, pero es un dolor parecido al que se tiene cuando uno vomita luego de tener una indigestión: se sufre, pero se sabe que con el dolor también se va el malestar.

Nada en la vida me ha llenado tanto como en tener un horizonte, un objetivo que es madurar lo más que pueda madurar para dar lo mejor de mí a mis hermanos, a mi sociedad, a cada persona y así, al mundo entero.

Al igual que yo lo viví, estoy seguro de que existen muchas personas en el mundo entero cuyos corazones están heridos y sedientos de amor, deseosos de sanar, de que se les acoja y acompañe, y no estoy ni estaré de acuerdo con que se mutile el derecho libre y responsable de los ciudadanos de optar por la sanación de las heridas que se manifiestan como PMS, de realizar un itinerario de maduración integral para ser la mejor versión de ellos mismos que puedan ser. ¿No es acaso esto lo que debe buscar el hombre: ser lo mejor que se pueda llegar a ser?

Este no debe ser un privilegio de algunos, sino un deber de todos para con nosotros, para con el mundo y para con las futuras generaciones, pero se está prohibiendo y penando severamente a aquellos que desean decidirse por una opción diferente y, peor aún, a aquellos que ayudan a quienes desean sanar heridas.

Invito y ruego a todos los obispos del mundo, de la Iglesia Católica que promuevan una formación maduración integral de la persona y que brinden acompañamiento a las personas con PMS que quieran sanar y madurar, porque este acompañamiento es necesario y ustedes pueden ayudar a promoverlo. Que no tengan miedo de luchar en favor del Camino de la Verdad y de la Vida. No pierdan la Esperanza, denuncien las injusticias y anuncien el Amor de Dios.

También invito a todo el que este leyendo, a que se detenga y piense por un momento si lo que está haciendo va en favor de la vida y de la verdadera libertad del ser humano. Todos deseamos un mundo de paz, libertad y buenos valores. No sea usted quien siembre la semilla de la discordia, de la guerra y el dolor.

 

* Testimonio recogido por Es posible la Esperanza en apoyo del obispo de Alcalá de Henares, monseñor Juan Antonio Reig Pla, que mantiene un servicio de acompañamiento a personas con Proyección hacia personas del Mismo Sexo (PMS).

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