Imagen referencial de adolescentes /Pixabay
Imagen referencial de adolescentes /Pixabay

Resulta que la sífilis y la gonorrea se han convertido en enfermedades de menores. Cosas de chiquillos, como las chuches y el pilla-pilla. Lo leo en el afamado panfleto “20 Minutos” del 29 de octubre.

Hace tiempo que habían saltado todas las alarmas con un crecimiento exponencial de las ETS y el SIDA, sobre todo en homosexuales, HSH, hombres que tienen sexo con hombres, que suena más profesional. Pero no era noticia o, al menos, no tanto como alguna de esas noticias relacionadas con la ideología de género que dan dinero.

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Esto, que también es ideología de género, hay que ocultarlo porque contradice la Arcadia feliz de la promiscuidad. Ya andan pensando cómo convertir los contagios de bacterias en un derecho, algo así como “derecho a elegir las bacterias que te invadan” o “tus virus, tu decisión” pero, como de momento no encuentran la forma de hacerlos populares y que la gente reivindique su derecho inalienable a enfermar, se hace luz de gas con tan alarmante noticia. Y a otra cosa, mariposa.

La sífilis y la gonorrea son enfermedades comunes en las aulas. Lo dicen las estadísticas del INE

Lo lógico sería avisar de que el crecimiento de las ETS es preocupante para alertar a los futuribles contagiados y, mediante alarma social, evitar su proliferación. También sería lo lógico recomendar que se eviten comportamientos de riesgo y hacer campañas específicas para los grupos más afectados.

Pero ¡ay!… con el género, los lobbies y los intereses económicos hemos topado. Y aquí se promociona con dinero público la quincena del orgullo gay. Si fuera malpensada creería que nos quieren matar o, al menos, que estemos muy malitos y consumamos muchas medicinas para hacer gasto a las multinacionales farmacéuticas.

Volvamos a las enfermedades propias de los menores, porque si los mayores tienen más ETS, resulta que los menores no se quedan atrás en este reparto de microbios. La sífilis y la gonorrea son enfermedades comunes en las aulas. Lo dicen las estadísticas del INE y el periódico “20 minutos”.

Leo con preocupación, que no con sorpresa lo que dice en la noticia  la doctora Maté, pediatra de atención primaria, sobre la sífilis y la gonorrea: “Tendemos a pensar que nuestros niños no tendrán relaciones sexuales hasta mucho más adelante pero yo tengo críos de 12 ó 13 años que ya las tienen”.

Pues sí, tendemos a pensar que con 12 ó 13 años no se van a tener relaciones sexuales porque los niños de esa edad son eso, niños al comienzo de su pubertad o prepúberes. Pero lo que nosotros, estrechos y retrógrados fachas casposos pensemos, no tiene nada que ver con la realidad actual pues, aunque no pueden beber hasta los 18, son sujetos de derecho de sus propias necesidades sexuales incluso de 0 a 6 años.

Nuestros menores, quienes gracias a esos mismos cursillos y visión de la sexualidad han hecho de la sífilis una cosa de niños, son arrojados a un sexo prematuro por la presión social

La “realidad actual” es que precisamente con esa edad, 12 ó 13 años, o con menos, unos señores expertos entran en las aulas de los menores a darles unos cursillos de educación sexual para que no haya embarazos adolescentes ni ETS. Y tan exitosos son los tales cursillos que el incremento de embarazos y ETS está garantizado y comprobado. Y no sólo con la experiencia de España.

Amparo Medina, extrabajadora de la ONU para implantar la educación sexual que promueve este organismo, cuenta cómo esas clases de educación sexual que se imparten en las aulas provocan lo contrario de lo que dicen querer conseguir. Con ayuda de unos generosos fondos provenientes de la ONU, y donados por la multinacional abortista Planned Parenthood y las multinacionales farmacéuticas, promovieron en Chile la educación sexual que ahora se nos impone y que, hasta ahora, se había impartido de forma generalizada en las aulas. Y cuenta cómo, para su sorpresa y desesperación, las tasas de embarazos y de ETS se incrementaron entre los menores hipersexualizados de una forma alarmante. Y descubrió que esos desquiciados cursillos, esa perspectiva de la sexualidad, acientífica y sin contrastar en estudios serios, simplemente es la forma de abrir nichos de mercado para los que pagan la fiesta del género.

Sífilis y gonorrea vienen a confirmar lo que el sentido común señalaba: que a más cursillos de educación sexual con enfoque de género, más sexo prematuro y más problemas

Nuestros menores, quienes gracias a esos mismos cursillos y visión de la sexualidad han hecho de la sífilis una cosa de niños, son arrojados a un sexo prematuro por la presión social de asociar las relaciones sexuales a esa madurez que todo adolescente desea demostrar. Y así, los menores, muy menores a veces, se lanzan a tener relaciones sexuales siendo unos irresponsables y sin prevención alguna. ¿Se imaginan a su hija de 12 años ejercer su sexualidad con responsabilidad en un coito completo? ¿Y a su hijo de 13 practicar “otras técnicas sexuales” recomendadas en las cuales se le informa (sexo anal, oral, relaciones con personas de su mismo sexo…)? Pues empiece a asumirlo. Es lo que hay y lo confirma la pediatra de atención primaria.

Es lo que hay. Y hay más por el mismo precio: si se contagian con las nuevas enfermedades infantiles, a ver cómo se lo cuentan a sus padres que, pese a la modernidad y la progrez  inoculada en vena, siguen siendo en su inmensa mayoría bastante sensatos respecto a lo que conviene a un menor. Y descubrir que su niña de 12 años tiene gonorrea y su hijo de 13 sífilis, no es plato de gusto. Y los niños lo saben. Y no lo cuentan. Y como los noviazgos a esas edades duran como una chuche a la puerta de un cole, y gracias a los cursillos de educación sexual hay que tener relaciones con tu brevísima pareja, la gonorrea corre por las aulas como la goma de borrar o el típex.

La ingeniería social del género que nos va a hacer más libres y felices empuja a los menores a problemas y relaciones para los que no están preparados: ni para afrontarlos con responsabilidad ni para asumir sus consecuencias. Sífilis y gonorrea vienen a confirmar lo que el sentido común señalaba: que a más cursillos de educación sexual con enfoque de género, más sexo prematuro y más problemas; que a los niños se les crean unas necesidades sexuales con la intención de que unos neoderechos sexuales de los menores se las garanticen.

Porque si no se les crean esas necesidades se corre el riesgo de que los niños sean niños y prefieran chuches a gonorrea.

Y entonces llegó el gobierno navarro con las rebajas: experiencias sexuales de 0 a 6 años. ¿Alguien da más en favor de la entronización de la gonorrea y la sífilis en los pupitres?

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Riojana. Filóloga Profesora de educación física. Madre objetora a educación para la Ciudadanía. Estudiosa de la ideología de género. Conferenciante, tertuliana en programas de radio y televisión. Miembro de la Ejecutiva Nacional del partido VOX. Escritora de novelas y ensayos. Perseguida por su libro “Cuando nos prohibiernos ser mujeres…y os persiguieron por ser hombres”. Buscadora de la verdad. Defensora incansable de los derechos humanos fundamentales.