Una doctora atiende a una niña en su consulta.
Una doctora atiende a una niña en su consulta.

La doctora Michelle Cretella, presidenta del Colegi Americano de Pediatras, ha publicado en The Daily Signal una reflexión fundada en datos científicos en el que denuncia que la ideología de género se ha infiltrado en el campo pediátrico.

A su juicio, la explosión de ingerencias sobre la disforia de género infantil ha alcanzado tal magnitud en los últimos años, que ha provocado “un abuso de menores institucionalizado” y a “gran escala” articulado sobre una base argumental que deja mucho que desear.

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En primer lugar, Cretella expone cómo en muy pocos años se ha producido  un “avance del consenso médico sobre la naturaleza de la identidad de género” que sonsiste en una metamorfósis conceptual: “Los que los doctores una vez trataron como una enfermedad mental, ahora lo afirma como normal la mayoría de la comunidad médica, e incluso, lo promueve”.

En este sentido, Cretella plantea cómo desde que en 2013 el trastorno de identidad de género pasó a llamarse “disforia de género”. Desde entonces, las llamadas “clínicas de género” se han multiplicado.

“En la vida normal y en la Psiquiatría, cualquiera que ‘de forma consistente y persistente insiste’ en algo contrario a la realidad física se  considera confundido o delirante es ignorado”, explica Cretella

En 2014, había 24 clínicas de género, agrupadas de forma principal a lo largo de la costa este y California. Un año después, eran 40 en todo el país. A esto hay que sumar más de 200 programas de adoctrinamiento de futuros pediatras basados en una premisa:

Los niños que “insisten consistentemente y persistentemente” en que no tienen el género asociado con su sexo biológico son innatamente trasngénero.

Una afirmación que ignora, a juicio de Cretella, el hecho de que “en la vida normal y en la Psiquiatría, cualquiera que ‘de forma consistente y persistente insiste’ en algo contrario a la realidad física, se considera confundido o delirante, es ignorado”.

La presidenta del Colegio Americano de Pediatras denuncia que este enfoque “ha sido acogido por las instituciones públicas, en los medios, la educación y nuestro sistema legal y ahora está recomendado por la mayoría de las organizaciones médicas nacionales”.

De esta forma, el movimiento transgénero ha ganado terreno “ofreciendo un relato profundamente defectuoso” dado que “la investigación científica y los hechos hablan de una historia diferente”.

Esto son los ocho hechos científicos con los que Michelle Cretella denuncia el movimiento favorable a promover el transgenerismo entre los menores de edad, que la doctora considera un “abuso de menores institucionalizado a gran escala”.

“El trasngenerismo no se manifiesta por sí mismo sin factores no biológicos externos que también impactan en el individuo a lo largo de su vida”

1.- Los estudios de gemelos prueban que nadie nace trans

Cretella denuncia que los estudios cerebrales que sugieren que algunos nacen con un cerebro transgénero “son seriamente defectuosos y no prueban nada”.

En este sentido, los estudios sobre gemelos idénticos que se realizan de forma rutinaria para discernir qué factores (biológicos o no) contribuyen más a la expresión de un determinado rasgo, son claves.

Si los gemelos idénticos tienen el 100% del mismo ADN y están expuestos a las mismas hormonas prenatales, y esto fuera determinante para desarrollar transgenerismo, “deberíamos esperar que ambos gemelos se identificaran como transgénero alrededor del 100 de las veces”.

Sin embargo, en el mayor estudio sobre gemelos transgénero adultos, publicado por el doctor Milton Diamond en 2013, sólo en el 28 por ciento de los gemelos idénticos ambos se identificaban como transgénero, según refire la pediatra.

Los gemelos idénticos comparten el 100% del ADN, pero eso no los determina en toda su existencia a ser iguales.
Los gemelos idénticos comparten el 100% del ADN, pero eso no los determina en toda su existencia a ser iguales.

Este dato sugiere que “el transgenerismo no se manifiesta por sí mismo sin factores no biológicos externos”. Por otro lado, que el 72% de ellos difiera a punta a que “al menos el 72% de lo que contribuye al transgenerismo en un gemelo está constituido por experiencias no compartidas después de nacer”, o lo que es lo mismo, factores no biológicos.

De esta manera, concluye Cretella, se demuestra que la creencia en la identidad de género concebida como innata “es un mito que no tiene base científica”.

2.- La identidad de género es maleable, especialmente en los jóvenes

La doctora Cretella, contra quienes apuestan por suministrar bloqueadores de la pubertad a los menores que expresan algún tipo de confusión sobre su identidad sexual, recuerda que “el manual de Sexualidad y Psicología de la Asociación Psicológica Americana admite que entre el 75 y el 95 por ciento de los niños lo superan”.

“La inmensa mayoría termina por aceptar su sexo biológico al final de la adolescencia después de haber pasado de forma natural por la pubertad”, añade.

Sólo a través de la propaganda y la presión social y política en especial en la sociedad occidental, “el número de niños que expresan aflicción sobre su género y que persisten a lo largo del tiempo, se ha incrementado de forma dramática”, tal y como demuestra un estudio en el Reino Unido.

El uso de bloqueadores en los procesos trans provoca un aumento “del riesgo de fracturas de huesos cuando sean jóvenes adultos, un riesgo potencial creciente de obesidad y cáncer testicular”

3.- Los bloqueadores de la pubertad no han probado su seguridad

Los bloqueadores de la pubertad son aplicados de forma segura para el tratamiento de la pubertad precoz, “un desorden médico infantil causado por la secreción anormal e insana de hormonas infantiles”, explica la doctora.

Sin embargo, de acuerdo a un estudio publicado en The New Atlantis, no se puede inferir que sean igualmente seguros “en niños psicológicamente normales con disforia de género”.

En dicho estudio, recuerda Cretella, se explica que su uso no indicado de estos bloqueadores provoca un aumento “del riesgo de fracturas de huesos cuando sean jóvenes adultos, un riesgo potencial creciente de obesidad y cáncer testicular y un desconocido impacto en el desarrollo psicológico y cognitivo”.

La presidenta del Colegio Americano de Pediatras refiere que “en 2006 y 2007, la revista ‘Psychoneuroendocrinology’ [Psiconeuroendocrinología] reportó anormalidades cerebrales en el área de la memoria y del funcionamiento ejecutivo entre los hombres adultos que recibieron bloqueadores por razones ginecológicas”.

El uso de bloqueadores de la pubertad para procesos de transexualidad en menores con lleva riesgos.
El uso de bloqueadores de la pubertad para procesos de transexualidad en menores con lleva riesgos.

4.- No hay casos de niños con disforia que dejen los bloqueadores

Los partidarios de que se suministre bloqueadores de la pubertad a los menores argumentan que su uso puede ser abandonado sin demasiadas complicaciones. Sin embargo, no existen casos documentados de menores que abandonaran su uso en este contexto.

De hecho, “la mayoría, si no todos” continúan tomando hormonas de cruzamiento sexual (estrógenos para niños biológicos, testosterona para niñas biológicas) depués de los bloqueadores, según la doctora.

Así lo asegura el único estudio hasta la fecha que ha seguido a los niños prepúberes que fueron tratados con bloqueadores a una edad temprana: el 100% expresó una identidad transgénero y eligió la ingesta de hormonas de cruzamiento sexual.

A juicio de Cretella, “esto sugiere que el protocolo médico [pro trans] en sí mismo puede llevar a los chicos a identificarse como transgénero” en una suerte de “efecto auto realizable” en el proceso de que los menores “suplanten el sexo biológica y socialmente”.

5.- Las hormonas de cruzamiento sexual son peligrosas para la salud

Por estudios de adultos sabemos que los riesgos de las hormonas de cruzamiento sexual incluyen, peor no se limitan, a enfermedades cardiacas, hipertensión arterial, coágulos de sangre, diabetes y cáncer.

6.- Los adolescentes y la capacidad para la evaluación de riesgos

Los datos científicos muestran que las personas por debajo de los 21 años tienen menos capacidad de evaluar los riesgos. Hay un problema ético serio en permitir procedimientos irreversibles de cambios vitales en los menores que son demasiado jóvenes para dar un consentimiento válido.

“Un estudio de 2008 encontró que la discriminación percibida por quienes se identifican como LGTBI no era causal”

7.- No hay prueba de que prevenga el suicidio en menores

La prevención del suicidio de menores que sufren disforia de género es uno de los argumentos más empleados para reclamar el apoyo a las terapias tempranas con finalidad trasngénero. Es más, se acusa a quienes se oponen a dichas terapias de provocar el suicidio.

Aparte de que en la mayor parte de los casos la disforia desaparece tras el paso de la pubertad como se ha señalado con anterioridad, la pediatra asegura que “no hay pruebas de que el acoso y la discriminación, y mucho menos la falta de afirmación trans, sean la principal causa de suicidio en cualquier grupo minoritario“.

“Al menos un estudio de 2008 encontró que la discriminación percibida por quienes se identifican como LGTBI no era causal”, recuerda Cretella, que añade: “Más del 90% de la gente que se suicida tiene diagnosticado un desorden mental y no hay prueba de que los chicos con disforia de género sean en este sentido diferentes”.

Se está “usando el mito de que se nace transgénero para justificar una experimentación masiva, incontrolada e inconsecuente sobre niños”, señala Cretella

8.- La reasignación sexual no es antídoto del suicidio

Tal y como expone la presidenta del Colegio Americano de Pediatras, “los adultos que se realizan una reasignación sexual, incluso en Suecia, que es una de las naciones más proclives a los LGTBI, tienen una tasa de suicidio alrededor de 20 veces mayor que la población general“.

Conclusión: abuso de menores institucionalizado

A su juicio, según estos datos científicos, “claramente, la reasignación sexual no es la solución a la disforia de género”.

La conclusión a la que llega la doctora Michelle Cretella es que se está “usando el mito de que se nace transgénero para justificar una experimentación masiva, incontrolada e inconsecuente sobre niños” cuyos problemas psicológicos desaparecen tras la pubertad en la inmensa mayoría de los casos.

Debido a la presión institucional “están empujando a los niños a suplantar al sexo opuesto (…) por el camino de los bloqueadores de la pubertad, la esterilización, la eliminación de partes sanas del cuerpo y un daño psicológico indecible“, explica.

“Estos daños constituyen nada menos que un abuso de menores institucionalizado”, subraya al tiempo que llama a trabajar para acabar con él: “Es momento de que nuestros líderes nacionales y la mayoría silenciosa de los profesionales de la salud aprendan exactamente qué está sucediendo con nuestros niños y, unidos, pasen a la acción”.

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Nicolás de Cárdenas fue inoculado por el virus del periodismo de día, en el colegio, donde cada mañana leía en su puerta que “la verdad os hará libres”. Y de noche, devorando los tebeos de Tintín. Ha arribado en su periplo profesional a puertos periodísticos de papel, internet, televisión así como a asociaciones cívicas. Aspira a morir diciendo: "He combatido bien mi combate, he corrido hasta la meta, he mantenido la fe".