Crecerá

    Si puedes, cómprate semillas y unos maceteros, siembra, riega y cosecha. Y mira cada día si han crecido, si han cambiado, disfruta mirando tus pequeños brotecitos. El tiempo no es sólo para aprovecharlo, es también para vivirlo, para perderlo viviendo, y también regalarlo.

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    Un brote surge en un estanque. /Pixabay
    Un brote surge en un estanque. /Pixabay

    Hace como 8 años, quizá algo menos, paseando con alguno de los bebés, me fijé en que aquella casa que estaban construyendo estaba prácticamente terminada, no les quedarían más que unas pocas semanas para mudarse. Pero desde el último día que había pasado por allí, algo había cambiado radicalmente: el jardín. En dos o tres días, no mucho más, había dejado de ser una parcela para ser un jardín con césped crecido, árboles y plantas enormes por todas partes, incluso tenía ya las tumbonas colocadas en el borde la piscina.

    Era una preciosidad, desde luego, pero aquello me hizo pensar que hemos acelerado la velocidad de la vida para que se ajuste a nuestra propia velocidad. Sentí un poco de vértigo, la verdad. Ya no se siembra, se riega y se espera a ver cómo crece la vida. Ahora se compran tepes y plantas ya crecidas. Siempre hay prisa.

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    Se nos ha olvidado lo que es darle tiempo al tiempo, no sabemos esperar, no podemos esperar, lo queremos ya. Hemos impuesto nuestra prisa y todo debe adaptarse a ese ritmo vertiginoso.

    Cuando les hago una foto a mis hijos, casi no me da tiempo a terminar de hacerla y ya se han acercado: “¿¿A ver??”, la miran en la mini pantalla del teléfono y medio de pasada y se olvidan de ella para siempre.

    Vivimos en la inmediatez y hemos perdido el valor de ver pasar el tiempo, de la espera, de la serenidad y la paciencia. Saborear la vida, vivirla.

    Ve a la montaña, sube hasta la cima y contempla. No te lleves el móvil, no hagas fotos, no lo publiques, vívelo

    Es muy posible que yo me haya alarmado sin motivo. Seguramente tienen razón los que me dicen que todo esto es positivo y que, es sencillamente, otra manera vivir. Yo no dudo de que haya que aprovechar las nuevas oportunidades y tal vez sea cosa mía que me estoy quedando atrás, pero lo cierto es que vivimos corriendo, nerviosos, con una ansiedad insoportable. Podemos hacer muchas cosas a la vez gracias al móvil, internet y todas esas novedades tecnológicas que aparecen cada año, y queremos hacerlas todas…y que los demás las hagan. Es el precio extra que pagamos por esos avances. El precio de la inmediatez. Y quizá bastase con regatear un poco.

    “¿¿Por qué no me contestas??, no me dejes en leído” te escriben y quieren una respuesta inmediata, e inevitablemente, poco madurada.

    Vivimos contrarreloj, creciendo antes de tiempo porque la vida nos arrolla y nos adelanta.

    Y uno piensa con nostalgia en aquellos días en los que las madres pasaban el rato en el parque simplemente viendo a sus hijos columpiarse o jugar en la arena, sin hacer nada más, si acaso charlar con la madre de al lado… porque ella tampoco tenía móvil. Esos días en lo que eras capaz de tumbarte a mirar las nubes durante largos ratos, sin más, o en los que la gente paseaba en lugar de correr.

    Me parece que nos falta aprender a encajar las piezas nuevas, encontrar un equilibrio. Forzar el frenado, regatear.

    Así que, si puedes, cómprate semillas y unos maceteros, siembra, riega y cosecha. Y mira cada día si han crecido, si han cambiado, disfruta mirando tus pequeños brotecitos.

    Recoloca las fotos en tus viejos álbumes. Vuelve a hacer maquetas y aquel puzzle que se quedó a medias.

    Ve a la montaña, sube hasta la cima y contempla. No te lleves el móvil, no hagas fotos, no lo publiques, vívelo.

    El tiempo no es sólo para aprovecharlo, es también para vivirlo, para perderlo viviendo, y también regalarlo. Recupera el ritmo de la vida, deja crecer el césped y disfruta de verlo crecer, es parte también del regalo de la vida.

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    Orgullosa de ser mujer, esposa de Paco y madre de 10 hijos. Estudié Filología Inglesa, pero acabé por entregarme -feliz- al cuidado de mis hijos. También presido Profesionales por la Ética y la plataforma Women of the World. Además, he escrito un libro (Mi historia y once más, Ed. Áltera) y tengo un blog con el mismo nombre. [https://mihistoriayoncemas.wordpress.com/home/] Reivindico la esencia de lo femenino y lo masculino (diferentes, gracias a Dios) en su complementariedad.