Cruda realidad / A Ricky Martin le gustaría que sus hijos adoptados fueran ‘gays’

    Si alguna institución es responsable del endiosamiento del homosexual como héroe cultural es, sin duda, Hollywood. Rompió el tabú con Philadelphia, y no hay desde entonces cineasta que tenga las narices de presentar un gay bajo una luz desfavorable.

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    El cantante Ricky Martin, icono homosexual de Puerto Rico / Wikimedia
    El cantante Ricky Martin, icono homosexual de Puerto Rico / Wikimedia

    A Ricky Martin le gustaría que sus hijos adoptivos fueran gays, lo que tiene toda la pinta de ser una profecía autocumplida. Y no deja de tener su aquel, porque la evolución del movimiento LGTBI y todas las letras que me falten se parece bastante a la vida pública del cantante portorriqueño.

    De Ricky se rumoreó que era gay apenas empezó a tener éxito, y él, que diga si miento, lo negó una y otra vez. Incluso amagaba algún amorío hetero en lo que en el mundo del espectáculo se conoce como «una barba», es decir, una mujer con la que la estrella finge mantener una relación ante los ‘paparazzi’ para acallar rumores sobre su orientación sexual.

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    Luego, al fin, salió del armario en un anuncio que quizá sorprendiera a alguna adolescente enamoriscada especialmente poco perspicaz. Luego vinieron los hijos. Adoptados, naturalmente.

    Y ahora, esto.

    Yo, la verdad, no tengo la menor idea de qué es lo que hace que alguien sea homosexual; en esto estoy, por lo demás, con la ciencia, que también confiesa que no hay nada seguro en este aspecto.

    Sé lo que puede averiguar cualquiera, sé que según los estudios más amplios y precisos, parece que la proporción de homosexuales en sociedades ‘modernas’ -es decir, todas salvo las tribus de cazadores-recolectores- está entre el 2% y el 3%.

    La cultura pasó de castigar al homosexual a idolatrarlo

    Por qué desearías para tus hijos que pertenecieran a un colectivo sin ventajas aparentes que representa el 2%-3% se me escapa. Todavía no he leído a ningún famoso declarando que le gustaría que sus hijos fueran heterosexuales, aunque esto tendría cierta lógica, en el sentido, por ejemplo, de que quieres nietos naturales.

    Todos sabemos que caería como una patada, que sería denunciado como una prueba de homofobia y que el sujeto en cuestión lo tendría mucho más difícil para encontrar trabajo, especialmente en el mundo de la farándula. Pero Martin, que se mantuvo cuando pudo en el armario, dice ahora que quiere que sus hijos adoptados sean ‘gays’ y todo son aplausos.

    No sé, que me lo expliquen.

    Como decía, el movimiento LGTBI, cuando eran menos siglas, empezó pidiendo tolerancia. Ser gay era ser claramente objeto de discriminación social, y ejercer podía ser objeto, en muchos lugares, de sanción penal. La ley acabó con toda discriminación y con toda sanción. La cultura dejó de discriminarles por completo.

    ¿Y ya?

    No, y ese es el problema. Ese es, en realidad, siempre el problema con el ser humano: no entiende el punto medio, la sensatez, la libertad. Así que la cultura -la verdadera superestructura de nuestras sociedades- pasó de castigar al homosexual a idolatrarlo, sin punto intermedio.

    Si alguna institución es responsable del endiosamiento del homosexual como héroe cultural es, sin duda, Hollywood

    Los grupos LGTBI se convirtieron en bandas de matones que imponían cuotas y silenciaban enemigos. Aquí lo sabemos bien. Y vuelvo a la razón por la que Martin se mantuvo en el armario cuando ya era obvio para casi todo el mundo su orientación sexual.

    Si alguna institución es responsable del endiosamiento del homosexual como héroe cultural es, sin duda, Hollywood. Rompió el tabú con Philadelphia, y no hay desde entonces cineasta que tenga las narices de presentar un gay bajo una luz desfavorable.

    Pero el mundo del espectáculo es también el mundo de la hipocresía más feroz. Nos vende izquierdismo desatado, y es la industria más ferozmente competitiva e implacable que existe.

    Nos vende feminismo y, como ha vuelto a enseñarnos el caso #MeToo es el campo de sueños de los machos depredadores. Y aplaude la homosexualidad con las dos manos… Pero prefiere que sus grandes estrellas no sean homosexuales.

    El actor Rupert Everett, uno de los pocos ‘gays’ oficiales de Hollywood, ha aparecido recientemente en prensa denunciando que ha perdido varios papeles protagonistas por el hecho de ser homosexual. Ahora, ese tipo de declaraciones siempre me han sonado sospechosas, típicas reacciones autoexculpatorias y victimistas. Pero no en este caso. Le creo, y es la razón por la que Martin mantuvo oculta su homosexualidad.

    Si el espectador no consigue esa identificación vicaria, entonces lo que le pase al protagonista dejará de importarle, y la película fracasará

    No tiene nada que ver con discriminaciones ideológicas, sino con dinero. Esto no lo dice Everett, naturalmente, pero es obvio. El cine es narración, y el éxito de una narración se basa en la identificación del espectador. Si el espectador no consigue esa identificación vicaria, entonces lo que le pase al protagonista dejará de importarle, y la película fracasará.

    El grueso del público es heterosexual. Si creas una historia de amor y pones de protagonista a Rupert Everett, puede pasar dos cosas: o que la historia de amor sea con otro hombre, con lo que ya les auguro una taquilla muy exigua, o es la clásica «chico encuentra chica», pero en la que la identificación se hará mucho más difícil si el espectador sabe que es homosexual.

    No es muy complicado de entender, y al efecto los productores de Hollywood podrían responder a las quejas de Everett: «No es nada personal, Rupert: son solo negocios».

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