Coinciden entre mis últimas lecturas de prensa dos que me han hecho pensar en el equilibrio mental imposible en el que se mueve el dogma progresista imperante.

Resulta que en Suecia se habían descubierto los restos de un poderoso guerrero vikingo rodeado de la parafernalia de armas y joyas que indica su prestigio en vida, y ahora, después de analizar el ADN del esqueleto se ha descubierto que se trataba de una mujer.

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¡Las chicas son guerreras, yuju! Así que los sanguinarios normandos no discriminaban por razón de sexo, y ora era Helga la que bajaba del drakkar espada en mano sobre el desprevenido pueblecito costero, ora era Erik quien se quedaba en su Fiskebäckskil natal dando biberones al pequeño Olaf. Conciliación bajo el sol de medianoche.

Creo que el lector ya me conoce lo suficiente como para entender que estoy bromeando y que las posibilidades de que esto sea así como lo cuento son cero.

El cronista medieval no hubiera dejado de notar esa peculiaridad y los historiadores sabrían ya que los temibles vikingos guerreaban sin distinción de sexo.

No, es un concepto, lo sé, difícil para esta época de tebeo, pero resulta muy importante: se llama ‘excepción’.

El ejército del reino más poblado de la Edad Media europea, Francia, fue comandado por una chiquilla de 16 años, Juana de Arco

Apenas tengo que recordar a mis lectores que el ejército del reino más poblado de la Edad Media europea, Francia, fue comandado no ya por una mujer, sino por una chiquilla de 16 años de casta campesina, Juana de Arco. Lo que no hacía en absoluto del francés un ejército de tropas mixtas.

Captura de Juana de Arco (1847-1852) de Dillens Adolphe-Alexandre
Captura de Juana de Arco (1847-1852) de Dillens Adolphe-Alexandre

Pero no es realmente esa obviedad -y el entusiasmo infantil con que se ha acogido la noticia- lo que ha llamado al fin mi atención, sino esto otro: “tras examinarse el ADN se ha determinado que se trata de una mujer”.

Es grandioso que todas las publicaciones que han anunciado a bombo y platillo el hallazgo repitan esta frase sin entender que destroza sus presupuestos.

¿El ADN determinando quién es mujer? ¿Pero no habíamos quedado que eso lo determina el individuo, que la biología es un constructo, la magia maldita del heteropatriarcado blanco?

La razón, naturalmente, es que no se creen lo que predican o, si lo prefieren, que juegan siempre con varias barajas y se quedan cada vez con la combinación de cartas ganadora.

Por ejemplo, los homosexuales. Con los homosexuales, esa absoluta voluntariedad, esa libérrima capacidad de elegir de un día para otro que se consagra en algo tan fácil de definir biológicamente como el sexo, no se cumple.

Tú eres hombre o mujer según te dé el aire, digan lo que digan tus cromosomas, y la sociedad toda tiene que decir amén a lo que decidas. Pero homosexual se nace con fatal irrevocalidad, y ¡ay del que no esté contento con su orientación!: la ley prohíbe ayudarle a cambiar tan sagrado destino y castiga severamente al que lo pretenda. Raro, ¿no?

Y sobre la homosexualidad va mi segunda noticia. Parece ser que en Estados Unidos (dónde, si no) han desarrollado un programa de inteligencia artificial que adivina, a partir de una foto, si eres o no homosexual.

Si se le presentan varias fotos del mismo individuo, el algoritmo acierta el 91% de las veces con hombres y un 83% por ciento en el caso de las mujeres.

Ahora bien, el programa en cuestión parece sugerir que hay una evidente base biológica en la homosexualidad, y eso debería poner contentos a los grupos LGTBI. Pero concluir tal cosa sería desconocer cómo funcionan estos lobbies.

No hay en absoluto consenso sobre qué causa la homosexualidad, por qué algunas personas (entre un 2% y un 3% en la mayoría de las sociedades) se sienten sexualmente atraídos por personas de su propio sexo.

Pero lo más asombroso es que los grupos de presión gay parecen ser los primeros interesados en que no se descubra jamás, de modo que se pueda presentar ya como una conquista de la libertad individual, ya como un rasgo incambiable, según convenga.

De hecho, representantes de grupos LGTBI han saltado enseguida contra la innovación, calificándola de “peligrosa y sesgada” y “ciencia basura”.

Este tipo de programa tendrá una probable utilidad siniestra, y no para la localización de homosexuales, precisamente.

Me cuesta meterme en su cabeza. Me cuesta ver cómo una innovación que no pasa, en el peor de los casos, de ser una curiosidad marginal, puede perjudicar a nadie, salvo, quizá, a quienes no quieran salir del armario, y esos no suelen ser especialmente amados por los grupos de presión.

Por otra parte, se me ocurre que el invento podría tener una utilidad relativa para gays y lesbianas interesados en conocer a gente de su misma condición fuera de los entornos habituales.

Sí creo, en cambio, que este tipo de programa tendrá una probable utilidad siniestra, y no para la localización de homosexuales, precisamente.

Si encuentran un modo de reducir a gestos o rasgos físicos qué personas tienen mayor propensión a la rebeldía intelectual y a no tragar con ruedas de molino, estamos perdidos.

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Traductora, inconformista, muy suya, amante del periodismo con y sin papel, y sobre todo lectora: ésa es su verdadera vocación. Y por ese orden: primero leer y luego escribir.