Cruda realidad / L, G, B, T y… llámalo H

    Leo en '20 Minutos' que atribuyen la 'H' de LGTBIH en la página oficial del Orgullo a "un error tipográfico" y no a 'heterosexuales', y no me puedo parar de reír. Naturalmente que no corresponde a los heterosexuales. Nosotros parimos, pero nosotros no decidimos.

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    Una pareja homosexual junto a la bandera del Orgullo Gay.
    Una pareja homosexual junto a la bandera del Orgullo Gay.

    Creo que hoy, cuando escribo, es Día del Orgullo. Dentro del Mes del Orgullo. Y digo ‘creo’, porque a mí me parece como si todos los días lo fueran. Es la paradoja de la democracia, que en un régimen en el que supuestamente gobierna la mayoría acabe imponiéndose un ‘colectivo’ que representa al 2%-3% de la población.

    Leo en ’20 Minutos’ que atribuyen la ‘H’ de LGTBIH en la página oficial del Orgullo a «un error tipográfico» y no a ‘heterosexuales’, y no me puedo parar de reír. Naturalmente que no corresponde a los heterosexuales. Nosotros parimos, pero nosotros no decidimos.

    Algunas personas creen que La Sexta da información.

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    Todos caben en esas siglas inflacionarias que, como en una familia de conejos, cada vez que la miras tiene una letra más; todos, esto es, menos el 97% de la gente, la normal. Estadísticamente, me apresuro a añadir antes de que me empapelen: la norma estadística.

    ¿Tienen problemas? ¡Oh, vaya, eso debería ser imposible! Cuéntanos dónde te ha hecho daño el malvado heteropatriarca…

    Leí hoy el tuit de un activista lo bastante perceptivo para advertir que quizá algún funesto progenitor biológico pudiera empezar a sospechar que, bueno, es difícil reivindicar algo cuando eres homosexual en Occidente. Y decía que el ‘colectivo’ todavía tenía problemas. A diferencia de los demás, supongo, que vivimos todos en la Arcadia feliz, triscando despreocupadamente y dedicados a las canciones, los juegos y el amor. ¿Tienen problemas? ¡Oh, vaya, eso debería ser imposible! Cuéntanos dónde te ha hecho daño el malvado heteropatriarca…

    ¿Se me nota harta? Bueno, sí, quizá sea porque estoy harta. Claro que las L, los G, los B, los T y todos los demás tienen problemas. Es. Lo. Normal. Pero, ¿saben qué? No me interesan. De verdad, en serio: NO ME INTERESAN EN ABSOLUTO.

    Yo tengo mis problemas. Y pertenezco a un grupo (más o menos) protegido, las mujeres –¡óyeme RUGIR!-, así que puedo decirlo. Si hay un solo derecho que tengamos los demás y que ellos no tengan, que lo digan; si no, sus problemas me importan tanto como a ellos los míos. Es justo, ¿no?

    Si antes se debatía acaloradamente por decidir quién era el más afortunado, hoy la pelea es por ver quién está más oprimido

    También en Twitter -¡qué mina!- leo a un tipo de los que prefieren ayuntarse con el sexo contrario pedir airado a uno de estos grupos que «dejen de lloriquear». Tanta falta de sensibilidad, en pleno S. XXI, me deja sin palabras. No PUEDEN dejar de lloriquear, porque carecen de incentivos para hacerlo, al contrario. ¿Conocen los trabajos de Skinner con ratas? La rata aprende que si aprieta determinada manilla o pulsa cierto botón, recibirá un premio. Y no para de darle, no hace otra cosa. Bueno, pues igual.

    La víctima es hoy lo que antaño era el héroe. Si antes se debatía acaloradamente por decidir quién era el más afortunado, hoy la pelea es por ver quién está más oprimido. Hay verdaderas tablas de puntuaciones. Pero la recompensa última es la misma, solo que hoy, como en un retorcido y diabólico cumplimiento de la parábola evangélica, los últimos son los primeros. Y ejercen.

    En el caso de los LGBTETCÉTERA, la cosa es bastante risible. Pretender que eres un colectivo oprimido cuando las multinacionales te hacen la ola y se visten de arcoiris en tu día, que ya nos molaría a los cristianos que se acordaran de nosotros en nuestras fiestas; cuando los políticos se dan codazos para ponerte ojitos y darte lo que pidas por esa boca, manda narices.

    Manda narices Decir que eres un colectivo oprimido cuando las multinacionales te hacen la ola y se visten de arcoiris en tu día ya nos molaría a los cristianos que se acordaran de nosotros en nuestras fiestas

    Así que este año no contéis conmigo. Nope. No puedo luchar sola contra el mundo, ni impedir que me llenéis la ciudad de horterísimas arcoiris, que me salen ya por las orejas, ni que hayáis secuestrado un adjetivo tan bonito como ‘gay’ -alegre, festivo, animado-, ni que os lluevan las subvenciones por razón exclusivamente de vuestros gustos sexuales, pagadas con mi sudor (un modo de hablar: yo NO sudo).

    No, ni siquiera puedo impedir que impongáis leyes a vuestro gusto, que coartéis la libertad de expresión, que reprimáis al disidente, aunque nosotros viviríamos tan ricamente sin vosotros, mientras que sin nosotros vosotros, ni siquiera existiríais. Solo me queda mi irreductible libertad personal para que me importen un comino vuestras reivindicaciones y lloriqueos. Y esa, os lo puedo jurar, pienso ejercerla.

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