Cruda realidad / Los gordos no pueden ser homófobos

    Afortunadamente, ya tenemos el perfil. Algo es algo, la policía tiene material para empezar a trabajar: "varón blanco delgado y de la religión mayoritaria, dizque católica".

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    Según el PSOE de Getafe una persona obesa no cumple el perfil de homófobo / EFE

    La impagable información nos llega de Getafe, del PSOE más concretamente, por acotar, aunque imaginamos que no es un retrato robot exclusivo de la idiosincrasia local y podemos aplicarlo a toda España, quién sabe si a Occidente entero.

    México y Estados Unidos, que se disputan cada año el título de países con más obesos percápita, pueden respirar tranquilos: sus hábitos alimentarios podrán no ser los más sanos y disparar las cifras de diabetes y enfermedades carviovasculares, pero al menos les libran de esa otra letal enfermedad del alma: la homofobia.

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    El mal, aunque descubierto como tal y bautizado en época reciente, ha afectado prácticamente a todas las sociedades durante toda la historia, y si la atroz plaga no queda consignada en las crónicas es porque, ignorantes nuestros ancestros, desconocían hasta qué punto les roía la gangrena moral.

    También varía su definición, que si originalmente homófobo era alguien con una irracional aversión hacia los homosexuales, alguien que odia a los gays, hoy es más bien cualquier persona que es odiada por ellos. O, por ser más precisa, por sus autonombrados representantes.

    No basta que no tenga el menor deseo en arrojar al pilón a su compañero de trabajo de inclinaciones sexuales alternativas para quedar libre del estigma; si, por ejemplo, tiene algo que objetar a que una pareja semidesnuda en plena calle remede el coito delante de su hijo de 6 años, es usted un peligroso homófobo, y así calificó con toda paz Vozpópuli a una tuitera, incluyendo foto de su cuenta. La osada se ha visto inmediatamente acosada por la innúmera tropa de resentidos liberticidas que, imagino, echan de menos los linchamientos de antaño.

    La homofobia consiste, en la práctica, en oponerse al lobby gay y, sobre todo, a las fantasías disparatadas de la izquierda

    Ahora, gracias al Cielo y a nuestra progresía siempre vigilante, sabemos no solo los estragos que causa la enfermedad y su sintomatología, sino, gracias al PSOE de Getafe, también el perfil del enfermo: varón (¡fiuuuu!), blanco, católico y delgado. Tres de cuatro, no está mal. O dos, según pidan o no opinión a mi cuñada.

    Esto recuerda al chiste del que quería acabar con todos los judíos y los farmacéuticos. Lo intrigante es lo de los farmacéuticos, no porque vaya a arreglar el mundo acabar con los judíos, sino porque el antisemitismo es virus de vieja traza y ya se ha oído a menudo.

    Es decir, que quizá mis lectores tengan curiosidad por saber por qué, a la habitual tríada maldita de los culpables-de-todo-lo-que-va-mal-en-el-mundo, varones, blancos y católicos, se suma ahora, como colado de rondón, ese «delgado» aparentemente incongruente. Y no, no es porque la autora del transcendental hallazgo, la alcaldesa socialista Sara Hernández, sea especialmente generosa en carnes, para nada.

    Se lo explico encantada.

    La alcaldesa en particular y la progresía en general no hace, en realidad, retrato del homófobo, sino del enemigo. La homofobia consiste, en la práctica, en oponerse al lobby gay y, sobre todo, a las fantasías disparatadas de la izquierda, así que hay que asociar al perpetrador con el resto de quienes albergan malos pensamientos.

    En los países católicos no cuelgan a los homosexuales como sí hacen en algunos que los que domina la Religión de la Que Nunca Hablamos

    Será católico, aunque en los países católicos no cuelgan a los homosexuales como sí hacen en algunos en los que domina la Religión de la Que Nunca Hablamos, porque la Iglesia es el principal enemigo a batir, la aguafiestas que se empeña en recordar la cordura a un mundo decidido a enloquecer.

    Imagen de un homosexual que va a ser arrojado al vacío por Estado Islámico en Mosul
    Imagen de un homosexual que va a ser arrojado al vacío por Estado Islámico en Mosul

    Será varón, naturalmente, porque las mujeres somos seres angelicales que solo podemos figurar como víctimas y hasta nos pagan menos que al varón por hacer el mismo trabajo y llevamos milenios de sujeción al malvado patriarcado, desde que destruyeron esas idílicas civilizaciones matriarcales de las que no ha quedado el menor rastro.

    Será blanco, quién lo duda. Deje usted en paz ese mapa que indica que prácticamente todos los países que hacen de la homosexualidad un crimen por causas distintas a la ley islámica están en África y todos en naciones sin poblacion blanca reseñable.

    La raza blanca, lo dijo Susan Sontag, es «el cáncer del planeta». Y, ¿qué ha hecho por el mundo? Bueno, aparte del concepto de libertad personal, la democracia, el parlamentarismo, el método científico, casi toda la tecnología, la abolición de la esclavitud… Aparte de todo eso, ¿qué ha hecho la raza blanca por el planeta, sino oprimirlo y sojuzgarlo?

    Todo eso es claro, pero ¿delgado? Es una novedad. Salvo que usted conozca que el movimiento del Fat Acceptance -aceptación de la gordura- es el grupo victimista de moda en Estados Unidos y se está insinuando ya en todo Occidente. Los gordos lo pasan fatal, les llaman cosas, ligan menos…

    Hay que acabar con toda esta injusticia, aunque haya que reducir a polvo el canon de belleza universal, denunciar a los que no galantean con las mujeres con sobrepeso y arruinar a las aerolíneas que les cobran dos billetes con la ridícula excusa de que ocupan dos asientos.

    Las personas que aceptan sus curvas son, en definitiva, un apetitoso -juego de palabras involuntario- bloque de votantes que apadrinar para la progresía. Y si entran dentro de la gran familia progre, ya no pueden ser malos y, por tanto, no pueden ser homófobos.

    De verdades por definición como esa está hecho el maniqueísmo irracional de nuestra izquierda.

     

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