Cruda Realidad / El Partido Popular y su ‘canibalismo parcial’

    Marta González está preocupada por la 'censura encubierta' -que no sé qué le ve de encubierta- que se desprende de la brutal ley de Podemos, pero esa misma censura es evidente en su propio partido.

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    Andrea Levy y Javier Maroto, del Partido Popular, en la manifestación del día del Orgullo LGTBI 2017 en Madrid.
    Andrea Levy y Javier Maroto, del Partido Popular, en la manifestación del día del Orgullo LGTBI 2017 en Madrid.

    El PP es el ‘partido de la puntita’, el gran facilitador de la izquierda enloquecida. Reconoce Marta González (PP), sobre la Ley Mordaza LGTBI, a Nicolás de Cárdenas aquí en Actuall que «sancionar con multas es censura encubierta” y, realmente, nos dan ganas de llorar.

    Porque el PP tiene su propia ley, como la tiene de Memoria Histórica, que se diferencian de las planteadas por la izquierda por su mayor incoherencia y apocamiento cobarde, como si pretendiese quedarse un poquito embarazada.

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    Una puede horrorizarse ante un grupo que propusiera legalizar el canibalismo, pero no necesariamente ver incoherencia en ello; lo verdaderamente ridículo es que el partido contrario respondiera que, sí, comerse los brazos y las piernas de tus semejantes es perfectamente lícito, pero no lo demás.

    La izquierda es la insania, de acuerdo, pero tiene un objetivo coherente, e incluso unos planteamientos coherentes cuando se entienden como son y no como se venden. Parten de que el ser humano no tiene una naturaleza fija, sino que es materia totalmente maleable por el poder, y quiere quebrar los principios de nuestra civilización, no ya cristiana, sino incluso clásica.

    «El Partido Popular es el Partido Nihilista, el comparsa necesario para que las locuras de la izquierda cuelen sin parecer el disparate que son»

    Pero el PP no tiene ni eso. Es el Partido Nihilista, el comparsa necesario para que las locuras de la izquierda cuelen sin parecer el disparate que son, revistiéndolas de la ‘respetabilidad’ conservadora.

    De poco le serviría a la izquierda hacer si cuando llegaran sus rivales al poder deshiciesen; hasta que el PP no acoge y sanciona la ingeniería social del PSOE, todavía es posible la reacción, la oposición y la indignación organizada e influyente contra esos intentos de alejarnos de nuestras raíces y de la propia naturaleza humana. Pero cuando el PP los conserva con meras apostillas absurdas, el principio se instala y se ‘normaliza’.

    Pensemos en el aborto. No hay muchas opciones aquí, si pensamos con claridad. O la vida humana es sagrada desde su concepción, o no lo es; o el niño en el vientre de su madre es una persona, un individuo distinto y portador de derechos, o es parte de la madre. En el primer caso, da igual (entiéndanme) que sufra o no, que haya sido concebido de esta o aquella manera, que venga bien o venga mal: es un ser humano inocente y no se le puede matar.

    «Da igual que el PP ‘agüe’ y diluya un poco las leyes de la izquierda en esto: ha admitido el principio, y eso es lo único que importa»

    Si, por el contrario, no lo es, entonces su ‘extirpación’ no debería ser más preocupante que la de un tumor o una verruga, algo que no interesa al legislador, una cuestión personal. Decir que el jueves se le puede matar, pero no el martes; que se le puede aniquilar si no está a nuestro gusto o no ha llegado como debiera es más inmoral aún que el planteamiento radical de la izquierda. Es admitir que se puede matar a un ser humano inocente en determinadas ocasiones.

    Marta González está preocupada por la ‘censura encubierta’ -que no sé qué le ve de encubierta- que se desprende de la brutal ley de Podemos, pero esa misma censura es evidente en su propio partido, como cuando el ejecutivo madrileño de Cristina Cifuentes multa y castiga por señalar lo obvio.

    Da igual que el PP ‘agüe’ y diluya un poco las leyes de la izquierda en esto: ha admitido el principio, y eso es lo único que importa; ha admitido y decretado que una persona puede pertenecer al sexo que elija con solo desearlo, que la naturaleza biológica no existe o es irrelevante. Sus escrúpulos fingidos no valen de nada, pues, ahora que el concepto es el que desea la izquierda y el que se impondrá, a la larga, con toda su crudeza.

    Durante mucho tiempo hemos querido creer, yo la primera, que el PP era, en el peor de los casos, un poco menos malo que el PSOE, el mal menor. Sinceramente, no puedo seguir pensándolo, porque sin el PP, sin los ‘populares’ haciendo de tapón, ocupando fraudulentamente ese espacio, con toda seguridad existiría una derecha real que podría defender, como poco, el sentido común.

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