La portavoz de Ciudadanos en Canarias, Melisa Rodríguez/Efe.

A ver, Melisa, cabecita loca: ¿te das cuenta de lo que has dicho? ¿Sabes lo que parece? Te lo digo: parece que, puestos a considerar que hasta las mujeres somos iguales a los varones, ¿por qué no los perros?

No sé para otras, pero para mí oírte ha sido como recibir una bofetada, que si aplicamos la lógica y consideramos que todas las personas son iguales y lo perros son personas, me estás llamando perra alegremente, o al menos igualándome a una. Bravo.

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Pero si no hay barrera ontológica, sustancial, entre humanos y caninos, no sé a qué viene discriminar a los gatos, adorados en Egipto y con precedentes literarios tan célebres como El Gato con Botas.

Y dejar fuera al ratón si se prestigia al gato vendría a ser como ponerse de parte del opresor contra el oprimido.

Pero, ¿hay algo en los mamíferos que los sitúe por encima del resto de animales, salvo nuestra pertenencia a la misma clase? ¿Aboga doña Melisa por un excluyente y discriminador Supremacismo Mamífero?

Ni por un momento calumniaremos a doña Melisa con tal infamia, respiren tranquilos reptiles, anfibios, aves, insectos… Y así podemos seguir hasta igualar en derechos al ser humano con un percebe, todo es ponerse.

El electorado católico es el más desgraciado: vive de la esperanza de una limosnita, cree lo contrario de lo que ve y espera en el que siempre le decepciona

El electorado católico es el más desgraciado, ingenuo, engañado y panoli de los grupos de votantes. Vive de la esperanza de una limosnita, cree lo contrario de lo que ve y espera en el que siempre le decepciona.

Si es de izquierdas, se ve en el dilema de quedarse en casa en la ‘fiesta de la democracia’ o votar por partidos que, sobre todo en España, aborrecen su fe con odio homicida.

De éstos, reconozcámoslo, no hay muchos, porque por muy ‘social’ que sea la mentalidad del católico, es duro apoyar a partidos cuya referencia histórica ideal es una época de quemar conventos e iglesias y fusilar al que llevaba un crucifijo. El masoquismo político tiene sus límites.

Pero el católico conservador no lo tiene mejor. Ha firmado incontables cheques en blanco a un partido, el PP, que les desprecia y que no se ha distinguido un ápice en la defensa de los valores cristianos del resto de partidos.

Al votante le movía el miedo, votaba a la contra. El nefasto voto útil.

Albert Rivera, líder de Ciudadanos/Fuente:EFE

Pero hoy, al fin, el voto al PP ha dejado de ser ‘útil’ para el conservador en cualquier sentido de la palabra. Según esos sondeos que la prensa encarga al peso y saca en días flojos, Ciudadanos bate en intención de voto a PP y PSOE. A saber.

Y, nos tememos, el votante católico y conservador volverá a picar, y esta vez con menor excusa. Del PP puede decirse que ha degenerado; Ciudadanos es ya un horror de inicio.

Rodríguez puede parecer una exageración que no representa al partido. No se confundan: el relativismo sobre el que se basa este partido es evidente

Melisa Rodríguez puede parecer una anécdota, una exageración que no representa al partido. No se confundan: quizá los otros cuadros no lleguen a esos niveles de infame estupidez, pero el relativismo sobre el que se basa este partido es perfectamente evidente, y esa cruda declaración es tan verosímil como cualquier otra.

Ciudadanos ha ascendido al estrellato político como partido monotemático, aunque no lo sea: tras la rendición con armas y bagajes del PP en Cataluña, representaban el único valladar frente al nacionalismo catalán.

Eso les ha dado, entre los tradicionales votantes del PP, un engañoso prestigio, porque no es España lo que reivindican tanto como esa entelequia informe que es la Europa soñada en Bruselas, sin identidades nacionales, sin raíces, sin tradiciones.

De Rivera no puede decirse que haya engañado a nadie en este sentido, que ya escribió que sueña con que sus (hipotéticos) nietos puedan decir que son ciudadanos de los Estados Unidos de Europa.

Para eso, me quedo con la republiqueta, qué quieren que les diga.

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Traductora, inconformista, muy suya, amante del periodismo con y sin papel, y sobre todo lectora: ésa es su verdadera vocación. Y por ese orden: primero leer y luego escribir.