Las llamadas 'fake news' se han convertido en costumbre.
Las llamadas 'fake news' se han convertido en costumbre.

A ver, un tema: no os creáis nada de lo que veáis en la prensa. Nada es nada. Quizá haya algo de verdad, pero mejor lo comprobáis por vuestra cuenta. Esto va a propósito de La Manada y de la reacción de niñata histérica de los medios a las fotos de los niños separados de sus padres por el malvado Trump Corazón Negro, pero podría valer para casi cualquier asunto.

Os cuento cómo va la cosa.

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Los grandes medios son caros, muy caros, ni os imagináis. Y, por supuesto, no resultan rentables solo porque les echéis un vistazo. Si alguna vez habéis estado en la redacción de El País sabréis lo que quiero decir: todo ese aparataje, las rotativas, el papel y todo lo demás no lo cubre el anacrónico lector que todavía se informa en papel.

Ni de lejos.

No, el de los medios es un sector sui generis, formado por medios que con frecuencia compran grupos que saben o sospechan que jamás les van a dar un duro y solo generarán pérdidas. ¿Por qué invierten, entonces? Porque quieren controlar qué visión del mundo, de las cosas, en general y en concreto, tiene usted. Y de ahí, se lo aseguro, sacan un magnífico beneficio, aunque sea indirecto. Así que no, los medios no están para contarle fielmente lo que pasa. Están para venderle un mensaje. La realidad es totalmente opcional.

Lo hemos sabido con la magnífica portada de la legendaria revista TIME, en la que aparece Trump mirando con cierto desprecio a una niña llorosa que los periodistas han paseado por todas las teles y redes sociales como víctima de la cruel política del presidente norteamericano. Y se ha sabido, qué cosas, por los padres mismos de la niña, que esta nunca ha estado separada de su madre. Ya ven. Los niños lloran mucho, yo lo sé bien. Si a los míos les llegan a sacar fotos el primer día de cole y las publican, voy a la cárcel.

 los medios no están para contarle fielmente lo que pasa. Están para venderle un mensaje. La realidad es totalmente opcional

Se ha sabido que la mayoría de las fotos que han rondado estos días por ahí eran de la época Obama, en cuya Administración, oh, vaya, también regía esta misma ley, por lo demás de sentido común: si vas a detener a alguien, no le dejas que se lleve a sus parientes menores de edad al calabozo; y si el menor se queda solo, en algún lugar habrá que tenerle provisionalmente.

Pero da igual, en serio, nada ha cambiado. Nadie pide perdón, ni por acusar a Trump de algo que pasaba igual con Obama ni por ocultarlo o ningunearlo antes porque la prensa estaba demasiado ocupada tratando de no suspirar de amor y derretirse de placer cada vez que Obama abría la boca.

Todo lo que me enseñaron sobre periodismo ha resultado ser mentira. El otro día, en la rueda de prensa de la Casa Blanca, un periodista -un periodista con acceso a la Casa Blanca, imaginen el nivelazo- acusó de no tener empatía a la portavoz de la Presidencia, Sarah Sanders. Porque, por lo visto, ahora periodismo es decir la cosas que dan pena sollozando.

Y lloriqueó, de hecho, ante las cámaras una de las estrellas televisivas de allá, hablando precisamente de esta niña a la que nunca habían separado de su madre. Si lo que me enseñaron de periodismo fuera remotamente cierto, esta mujer, lejos de estar en el ‘top’ de la profesión, no valdría ni para becaria.

Aun me creería que la indignación por lo de La Manada es verdadera si no fuera porque de entonces acá hemos conocido casos de violaciones bastante más indignantes

Pero, ya les digo, todo ha resultado falso. Hoy los medios hablan de una decisión judicial absolutamente rutinaria como si fuera un crimen. La mayoría de los diarios habla de “poner en libertad” a La Manada, no vaya a ser que se hernien añadiendo “provisional”.

Y aun me creería, tonta que es una, que la indignación por lo de La Manada es verdadera, es auténtico dolor por el calvario vivido por esa chica, si no fuera porque de entonces acá hemos conocido casos de violaciones bastante más indignantes, repetidas, durante días, a niñas de 13 y 14 años, con resultados judiciales bastante más indignantes que no han indignado a nadie, por cuestiones de inconveniencia ideológica que no vienen al caso.

Y, la verdad, quien ignora por intereses ideológicos el horror de una niña sometida a 24 horas de violaciones continuadas, va a tener -seré comedida- poca credibilidad como intente que me vuelva loca por lo de La Manada.

Arrimar el ascua a la propia sardina ideológica es un pecadillo perdonable, y equivocarse el destino ocasional en cualquier ocupación. Pero lo que tenemos ahora es el reino de la mentira y a mis queridos colegas colaborando en el proyecto más deleznable de propaganda masiva que he conocido.

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