Escultura de un hombre replegado sobre sí mismo /Oricosta en Foter.com- CC BY-NC
Escultura de un hombre replegado sobre sí mismo /Oricosta en Foter.com- CC BY-NC

La mayor parte de la opinión publicada, de los planes de las diversas administraciones y de los medios de comunicaicón, han asmido los postulados de la ideología de género, según la cual el sexo es género y éste puede expresarse en cualquier formato imaginable.

Como consecuencia, los conceptos de masculinidad y feminidad basados en la Biología, la Psicología, la Neurología, etc. están siendo destruidos de forma paulatina. A la negación de las características físicas, neurológicas, psicológicas, etc. correspondientes a hombre y mujeres por naturaleza, se suma una corriente feminista que, más allá de trabajar por la equiparación de hombres y mujeres en dignidad, derechos y deberes, apuesta de forma decidida por la eliminación del hombre: “Machete al machote” o “hetero muerto abono para mi huerto” son algunas de las consignas.

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Y si no su eliminación física, sí al menos con su eliminación social, a através de numerosas leyes que hacen al varón sospechoso y peligroso per se, como sucede con la Ley Integral de Medidas contra la Violencia de Género. Cómo será la cosa que hasta feministas como Loles León o Bebe han empezado a poner el grito en el cielo.

Es, por tanto, necesario que el varón sea recuperado en su autoestima, en su diginidad y en sus derechos. Y algo fundamental en esta tarea es que los padres pongan en práctica respecto a los hijos una serie de pautas que ya enumerara hace años Aquilino Polaino, catedrático de Psicopatología de la Universidad Complutense de Madrid. Son las siguientes:

1.- Sinceridad

Cumplir con la palabra empeñada y dar ejemplo de coherencia. Cuando se dice algo, ese algo tiene que ser verdadero: nunca se puede engañar. Padres e hijos deben hablar de ello con cierta frecuencia para dar mayor autenticidad y consistencia al diálogo que entre ellos se establezca. La idea clara y distinta ha de ser que la verdad está por encima de todo y que vale la pena morir por ella.

2.- Aprovechar el tiempo

Y estrujar cada segundo invirtiéndolos en cosas que valgan la pena. Hay que poner una especial atención al tiempo que se pierde en ordenadores, consolas, Internet, etc. No hay que olvidar que la vida es irreversible y que “matar el tiempo” es dejar de crecer, desperdiciar los dones que se tienen, y matar la vida personal.

3.- No claudicar nunca en lo relativo a las propias convicciones.

Cuando tenemos una creencia ajustada a nuestra propia razón y el comportamiento, debemos respetarla y hacer que sea respetada por los demás, con independencia del contexto en que nos hallemos.

4.- Tener un proyecto de vida

Por lo menos a medio plazo (entre 5 y 10 años), con metas fijadas con prudencia, de manera que no sean inalcanzables por sus capacidades. Cuanto más ambicioso sea un proyecto y más esfuerzo exija, más altas han de ser también la motivación y las expectativas.

“Escoger lo mejor, hacerse servir, ‘pasar’ de los demás, y buscar la auto-exaltación están más vinculados al narcisismo que a la masculinidad”

5.- Superar el miedo al sufrimiento

Es el primer miedo que hay que eliminar. Enseñarles que en la vida, al igual que hay alegrías, hay también sufrimientos, y cuando estos últimos llegan, es preciso no temerlos sino acogerlos, asumirlos y, si fuera posible, superarlos.

6.- Enseñarle a soportar la soledad

En previsión de situaciones en que pueda fallar el grupo de referencia. Esto es especialmente importante en una sociedad como la actual, cada vez más individualista, en la que puede resultar complicado establecer vínculos leales donde se acuna la amistad, con independencia de cuáles sean las convicciones propias y ajenas.

7.- Ayudarles a crecer en fortaleza

Esta virtud hoy se conoce como “resiliencia” –un concepto psicológico de reciente adquisición-, y que no consiste tanto en atacar, como en resistir.

8.- No tener miedo a los conflictos si no pueden evitarse…

… pero tampoco provocarlos. Cuando una toma una decisión de acuerdo con sus valores, hay que sostenerla aunque pueda implicar la aparición de un conflicto. En ese caso, lo que hay que hacer es aprender a gestionar ese conflicto hasta resolverlo.

Imagen referencial de la relación padre-hijo / Foter
Imagen referencial de la relación padre-hijo / Foter

9.- No quejarse

La susceptibilidad, la blandura y la escasa tolerancia a la frustración son malos compañeros de viaje en el camino de la masculinidad. El varón puede llorar, pero no debe quejarse, o al menos no hacerlo frecuentemente o por naderías sin importancia.

10.- Desarrollar la capacidad de proteger a los más débiles 

Compadecerse de los más débiles es tanto como manifestar que los demás le importan; que sus problemas le interpelan porque también a él le atañen. La fortaleza de la masculinidad no reside en la agresividad sino en la capacidad de proteger a los más desvalidos.

11.- Fomentar la rebeldía de saltar ante la injusticia…

… venga de donde viniere y tanto si se comete contra uno mismo como contra los otros. Lo propio de la masculinidad ante las injusticias es evitar mirar para otro lado.

12.- Escoger lo peor

Se trata de usurpar al yo el protagonismo que no debería tener. Escoger lo mejor, hacerse servir, “pasar” de los demás, y buscar la auto-exaltación están más vinculados al narcisismo que a la masculinidad.

13.- Ser fuerte con los fuertes y débil con los débiles

El hecho de que haya gente que sea muy fuerte con el débil y muy débil con el fuerte suele generar muchas y graves injusticias. Resistir al fuerte y proteger al débil le hará transformar su debilidad en fortaleza, lo que es muy propio de la masculinidad.

14.- No auto-compadecerse

La autocompasión nos convierte en víctimas, e implica un amor anómalo a uno mismo y muy poco eficaz. No parece que contribuya a la madurez afectiva la búsqueda de un consuelo en sí mismo, por sí mismo y para sí mismo.

“La coherencia adensa y da una mayor consistencia a la propia identidad. Se es tanto más coherente cuanto mayor sea la identidad entre lo que se piensa y lo que se dice”

15.- Saber utilizar los aparentes fracasos…

… para aprender de ellos, crecer y madurar. Los fracasos son siempre relativos y, bien aprovechados, se transforman en apenas un obstáculo, una nueva oportunidad para hacer que la persona se estire en toda su estatura.

16.- No autoengañarse

Engañarse a uno mismo es antinatural. Hay siempre un resto, un rescoldo de conciencia que le hace sentirse culpable del mal que se ha hecho. A quien se auto-engaña hay que ayudarle a reconocerlo, y animarle a buscar soluciones y estrategias para salir airoso de la absurda situación en que se hallaba.

17.- Renunciar a los caprichos y al “carpe diem”

La impulsividad para satisfacer un deseo (“aquí te cojo y aquí te mato”) es una peculiaridad más propia de la infancia que de la masculinidad.

18.- Sentido de coherencia e identidad

La coherencia adensa y da una mayor consistencia a la propia identidad. Se es tanto más coherente cuanto mayor sea la identidad entre lo que se piensa y lo que se dice, lo que se dice y lo que se hace, y lo que se piensa y se hace.

19.- Aprender a decir “no”

Especialmente a lo que tiene que ver con la afectividad y la sexualidad. En ocasiones, puede ser muy conveniente decir no a la comodidad, al emotivismo, la curiosidad, la dispersión de los sentidos, al mal uso de Internet, a hablar de todo como si de todo se supiera, a hablar sólo de uno mismo y de los propios éxitos, a dejarse corromper.

20.- Alegrarse de ser la persona que se es…

… del proyecto que se ha elegido, del grupo de referencia y pertenencia identitaria de los que se forma parte. Por último, afirmar el propio yo a través de la mejora de la necesaria formación doctrinal-religiosa que ayuda a vertebrar una afectividad más madura, más fuerte, más estable y más consistente.

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Nicolás de Cárdenas fue inoculado por el virus del periodismo de día, en el colegio, donde cada mañana leía en su puerta que “la verdad os hará libres”. Y de noche, devorando los tebeos de Tintín. Ha arribado en su periplo profesional a puertos periodísticos de papel, internet, televisión así como a asociaciones cívicas. Aspira a morir diciendo: "He combatido bien mi combate, he corrido hasta la meta, he mantenido la fe".