La policía protege a los asistentes a la conferencia organizada por HazteOir.org en Sevilla ante la violencia feminista radical. /HO
La policía protege a los asistentes a la conferencia organizada por HazteOir.org en Sevilla ante la violencia feminista radical. /HO

Habíamos hecho todo lo posible por traer el autobús a Sevilla. Lo intentamos hasta el último minuto, pero no pudimos conseguirlo. El secuestro del autobús en Valencia nos obligó a vinilar otro vehículo y no llegamos a tiempo.

Hubimos de decidir entre aparecer con un autobús a medias, que nos hubiera reportado algún beneficio mediático -no tanto por nuestros méritos como por la jauría que se lanzaría a devorarlo-, o preparar a conciencia nuestro final de campaña en Madrid, precisamente el mismo día de la manifestación que nos ha sido impuesta para la mayor gloria del supremacismo feminista y financiero.

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Queríamos llevar a las sedes de los partidos políticos a los que dirigimos la campaña, las voces de miles de ciudadanos que claman la derogación de las leyes de género. Y queríamos hacerlo en el momento en que la mitad del país rugirá en las calles para evitarlo. No tanto por enfrentarnos a ese océano inexpugnable con nuestras manos, sino porque sabemos que portamos una llama que no es nuestra y que ha de prender un fuego. El equipo del autobús ama la decisión y la fuerza, pero la fuerza que nosotros amamos puede mostrarla un autobús o un niño, una hormiga lo mismo que un elefante.

En la sala no cabía un alfiler. Y por primera vez el grito de las feministas que bailaban a las puertas del hotel donde celebrábamos el debate rugió menos que nuestro silencio

Por primera vez en la gira pudimos transmitir nuestro mensaje con limpieza. Habíamos convocado un panel de expertos que debatirían en público sobre el feminismo radical. En la sala no cabía un alfiler. Y por primera vez el grito de las feministas que bailaban a las puertas del hotel donde celebrábamos el debate rugió menos que nuestro silencio.

Cristina Peláez, Alicia Rubio, Francisco Contreras y Diego de los Santos fueron desgranando desde la tribuna las razones, las incongruencias y las contradicciones del supremacismo feminista y de las leyes de género que han brotado en las sociedades de todo el mundo.

Los asistentes al debate, cerca de doscientas almas, no estaban allí por sentirse acompañados, sino para entender por qué el mundo había tomado una deriva contraria a su curso natural, por qué sus hijos estaban siendo aleccionados en contra de sus deseos, de sus derechos y estaban viéndose abocados a un mundo que no parecía pertenecerles.

La ideología de género es la destrucción del feminismo, porque niega el concepto de mujer

Abrimos los ojos a hechos sencillos, como que las leyes no resuelven los delitos, sino que tan solo los sancionan. Y que en virtud de la naturaleza humana existe una tasa de delincuencia inevitable en las sociedades, que no es erradicable. Y que amparándose en estas tasas, las asociaciones feministas constituidas para recabar el dinero público muerden una vena de caudal sin fin.

Entendimos que la furibunda oposición que el autobús ha venido encontrando en toda España obedece a que el feminismo clientelar del Estado saca sus uñas defendiendo sus lentejas como cualquiera y que por ello nunca cesará en su oposición.

Descubrimos que la ideología de género es la destrucción del feminismo, porque niega el concepto de mujer. Y que estableciendo la guerra de los sexos el feminismo se ha convertido en la lucha política que sustituye a la lucha de clases. Por eso los ataques que hemos sufrido nacen de los puños en alto y de las banderas que ondean entre nuestros atacantes. Los políticos, en su afán de complacer, han asumido la ideología de género y la han convertido en una ideología de Estado.

Pero lo que de verdad descubrimos quienes marchamos con el autobús es que no estamos solos. Que no somos el ariete de una toma de conciencia social que no deja de crecer, sino su causa. El objetivo de nuestra campaña era generar un debate social sobre las leyes de género, y por primera vez nos dimos cuenta de que esta conciencia iba mucho más allá y venía creciendo desde mucho antes. El autobús es solo la parte visible de la corriente que nos conduce. Ayer en Sevilla, entre la gente, sin decirlo a nadie, nos sentimos orgullosos de formar parte de ella.

Volvemos a Madrid como los héroes griegos, cubiertos de heridas pero victoriosos, listos para reclamar cambios a los políticos, que siempre fue la razón primera de la campaña. Muchos de los asistentes nos aseguraban que ellos también van a bordo del autobús, que mantuviéramos viva la llama en su nombre.

Nuestro portavoz contestó en nombre del grupo: “Gracias al autobús, la irracionalidad de las leyes de género está en boca de todos. Pero sin vosotros, sin vuestro aliento y vuestro apoyo esta campaña no habría existido. El objetivo del feminismo actual es acabar con la familia. Debilitar a los ciudadanos y hacerlos manipulables. Esta es la gran batalla de nuestro tiempo. Sigamos adelante, la victoria está cerca”.

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