El actor Jussie Smollett creó un montaje para presentarse como objeto de un ataque homófobo y racista. / EFE
El actor Jussie Smollett creó un montaje para presentarse como objeto de un ataque homófobo y racista. / EFE

El hecho de que unos blancos apaleen a un negro por ser negro, la legislación de la mayoría de los países occidentales lo considera delito de odio de racismo contra los negros. Entonces que un negro finja que dos blancos le han pegado por el color de su piel, debería ser delito de odio de racismo contra los blancos, ¿verdad? Y también que un homosexual finja que dos heterosexuales le amenazan por su ‘opción sexual’ sería delito de odio contra los heterosexuales.

El actor Jussie Smollett, que aparecía en la serie Empire, denunció que la noche del 29 de enero, en Chicago, dos blancos cubiertos con capuchas le gritaron el lema de la campaña de Donald Trump (“Este es el país de MAGA”), le insultaron por ser negro y gay, le pegaron, le echaron un líquido en la cara y le colgaron al cuello una soga.

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Se montó el espectáculo de esperar en las televisiones y redes sociales. La tropa de los ‘indignados profesionales’ mostró su conmoción, su ira, sus lágrimas, su compasión… Todos los sentimientos que hoy sustituyen a los argumentos y los razonamientos. Y también comenzó la búsqueda de los sospechosos habituales, que eran el presidente Trump y sus partidarios, esos infra-hombres.

A los policías les escamó que Smollett estuviera en la calle en Chicago a las dos de la madrugada de una de las noches más frías del invierno

La super-estrella del Partido Demócrata, la congresista Alexandra Ocasio-Cortez, invocó la unión de los ciudadanos estadounidenses contra los ‘delitos de odio’. Una de las candidatas a las primarias demócratas, Kamala Harris, declaró sentirse conmovida por la noticia de la agresión y rezar por Smollett. El senador federal Cory Booker, que también se va a presentar a las primarias, aprovechó para defender su proyecto de ley para convertir los linchamientos en delito federal.

Y si así se comportaron los políticos, imagine usted los titiriteros y tertulianos.

Pocos días después, se produjo un giro sorprendente, propio de un culebrón. La Policía de Chicago detuvo a Jussie Smollett, al que acusaba de haber fingido el ataque con la finalidad de subir su caché profesional. A los policías les mosqueó que, cuando hay batallones de semi-esclavos dispuestos a llevar comida a domicilio, Smollett hubiera salido a por unas hamburguesas a las dos de la madrugada en una de las noches más frías del invierno. A partir de ahí, revisaron las cámaras de grabación del lugar donde ocurrió el ataque.

Varios parlamentarios demócratas aprovecharon la patraña para unirse al linchamiento contra los blancos y los votantes de Trump

Se identificó a los matones supuestamente blancos, que resultaron ser dos hermanos nigerianos, uno de ellos el entrenador personal de Smollett, que aceptaron participar en el engaño a cambio de 3.500 dólares cada uno. También se localizó la tienda en la que el propio Smollett compró la cuerda que le colgaron al cuello. No sé si éste es buen actor, pero como cerebro criminal es francamente mejorable.

El tuitero Monolocus cuenta en este hilo los detalles de la investigación y los cambios en la versión del actor, junto con otros casos de ‘delitos de odio’ achacados a blancos seguidores de Trump perpetrados luego por izquierdistas.

Más tarde, alguno de los defensores de Smollett ha tenido la decencia de borrar sus tuits; otros, en cambio, cegados por la ideología, la raza o la cabezonería, atacaron a la Policía de Chicago.

Los miembros de la élite progresista, ésa que celebra los Oscars más diversos, más feministas (y más aburridos) de la historia, acusa a los demás de crear ‘fake news’, sea la Fox o sea Vox, pero son ellos los responsables de inventárselas y luego de distribuirlas como las ratas que llevan en su cuerpo los microbios de las pestes. Después de la revelación de que el periodista Claas Relotius, premiado por la CNN, escribió para Der Spiegel reportajes políticamente correctos llenos de mentiras y trolas, tal como explicó Candela Sande a los lectores de Actuall, ahora se desmonta el montaje del apuesto Smollett.

La clase moralmente superior acusa a la Fox y a Vox de mentir, pero entre sus miembros están los mayores creadores de ‘fake news’

Yo soy contrario a la instalación de miríadas de cámaras de grabación en las calles, porque la justificación que dan los políticos, el aumento de nuestra seguridad, no se cumple y me preocupa dónde se guardarán esas imágenes, algunas de las cuales aparecen de pronto en el momento adecuado para destrozar a una persona, como comprobó Cristina Cifuentes.

La ciudad europea con más cámaras de éstas es Londres y son tan poco efectivas que en la capital británica se cometen apuñalamientos por cientos y ya se registran más asesinatos que en Nueva York. Sin embargo, cuando gracias a ellas se prueba la inocencia de alguien o, en este caso, de comunidades enteras, como la de los despreciados votantes de Trump, los varones blancos y los heterosexuales, reconozco que mi convicción se tambalea.

Smollet ya está sufriendo las consecuencias de su montaje racista: se le ha expulsado de la serie y se encuentra en libertad bajo fianza. Pero su mayor humillación es que ha mostrado al mundo entero, sobre todo a sus enemigos, que él vive en un país lleno de racistas, fascistas y supremacistas que tuvo que contratar a unos cretinos para fingir que le dieron una golpiza.

¡Cuántos están empeñados en que el presidente Trump no sólo se divierta a su costa, sino que gane la reelección el año que viene!

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Cuando me digo por las mañanas que el periodismo es lo más importante, me entra la risa. Trato de tomarme la vida con buen humor y con ironía, porque tengo motivos para estar muy agradecido. Por eso he escrito un par de libros con mucha guasa: Bokabulario para hablar con nazionalistas baskos, que provocó una interpelación en el Congreso por parte del PNV, y Diccionario para entender a Rodríguez el Progre. Mi último libro es 'Eternamente Franco' (Homo Legens).