Carmen Montón, en la primera rueda de prensa en la que trató de explicar los interrogantes sobre su máster sobre estudios de género. /EFE
Carmen Montón, en la primera rueda de prensa en la que trató de explicar los interrogantes sobre su máster sobre estudios de género. /EFE

Habría que empezar hablando de la inmoralidad, que cada vez más políticos ven como cosa aceptable y atractiva, de adornar los currículos con cientos de masters, estudios y cursos de los que nunca supieron más que el nombre.

Nuestros probos políticos, a los que esquilmarnos el bolsillo y fustigarnos con leyes desquiciadas les parece poca penitencia para una plebe tan miserable, también gustan de hacer que nos sintamos torpes y tontos enfrentando nuestros mediocres expedientes académicos con unos currículos que parecen la afamada biblia en verso.

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Hace tiempo que esta casta privilegiada no utiliza la mentira cutre al “estilo Roldán” de colocarse titulaciones académicas con la alegría del que no sabe lo que vale un peine porque no ha hecho ni la selectividad. Ya dicen que la ignorancia es muy atrevida. Aún se estila, pero cada vez menos porque la impostura estaba bastante generalizada y ya era muy conocida, de colocarse lo de “estudios de…” por haber estado matriculado un año o varios en una universidad al margen de que solo se hubiera aprobado el pasilleo y la estancia en la barra de la facultad o escuela de turno.

“Este caso la cosa se enrevesa porque no se sabe si es mejor que lo del master sea verdad o sea mentira”

Pero lo que ahora se lleva es tener másteres y titulaciones con sello oficial, pero que en muchos casos exigen condiciones para superarlos que son fáciles de investigar: trabajos de fin de estudios o asistencias obligatorias. Un problema, oigan, que dificulta un rentable negocio del que estamos ahora viendo la puntita.

Es lógico, si por dar títulos te pagan dinero y si por darlos sin mucho miramiento te dan además subvenciones y prebendas para el negocio, que se haya creado una entente cordial entre políticos ávidos de medallas académicas y profesores ávidos de dinero público o privado para arcas semipúblicas o bolsillos privados.

Tras varios escándalos, en los que el implicado ha sido más o menos perseguido y vilipendiado en función de su color político o su grado de molestia para ascensos por parte de los propios correligionarios, llegamos al máster de una ministra que aterrizó en el gobierno con más cintas -mediáticas y de campaña de imagen- que manto -en gestión y sentido común-.

“Su conclusión, como no podía ser otra, es que el heteropatriarcado es el culpable de todo. Para que vas a buscar otras causas a una situación si con esa te ponen cum laude”

Y en este caso la cosa se enrevesa porque no se sabe si es mejor que lo del máster sea verdad o sea mentira. Me explico. Si es mentira, volvemos a la escasa credibilidad y moral de un personaje que hace esa pifia como para poner en sus manos la res publica,  ni más ni menos que ministerial.

Si es verdad… ¡ay si es verdad que lo ha hecho! Resulta que su trabajo sobre ese master de género consta de un alto porcentaje de citas feministas radicales y su conclusión, como no podía ser otra, es que el heteropatriarcado es el culpable de todo. Para qué vas a buscar otras causas a una situación si con esa te ponen cum laude.

Entre otras citas que extraigo de un hilo de twitter y que cuelga un esforzado ciudadano que se la ha leído, steppa lupo, cita a Engels para decir que “la familia es la derrota de las mujeres y que la mujer es la proletaria de la familia”. Igualmente “la maternidad es la esclavitud de la mujer y una obligación social que se nos ha impuesto, incluso si lo hacemos por propia voluntad (las mujeres para el feminismo somos menores que no sabemos lo que queremos), por parte de un patriarcado que nos obliga a ser madres por pura maldad y odio hacia las mujeres”.

Como para el género, y para la ministra médico, la Biología es una construcción social, nuestra masterizada interfecta afirma que ”hay que desterrar la idea de que la maternidad es lo natural porque es una construcción social patriarcal”. Y que ya vale de preocuparse por los niños en el vientre de sus madres porque lo importante son esas víctimas de algo tan opresivo como la maternidad. No contenta con todo esto, considera las técnicas de reproducción artificial otra estrategia más del patriarcado si las utiliza una pareja heterosexual, pero nada reprobable si las utilizan dos hombres, dos mujeres, o una mujer sola.

Es decir, que nuestra amada ministra opina que la familia, la pareja heterosexual y la maternidad es el problema máximo de las mujeres por lo que podemos suponer, si ese ideológico trabajo es de su cosecha, lo que nos esperaba en su gestión: más aborto, nula ayuda a la maternidad y a las mujeres embarazadas que, contra lo que les conviene, so tontas, sigan con su embarazo, más técnicas de reproducción pagadas por todos para los que no usen los sistemas reproductivos naturales gratuitos y opresivamente heteropatriarcales, y persecución de esos dictadores malvados que han inventado la biología y la supervivencia de la especie en beneficio propio: los varones.

Y es que eso son los estudios de género que pagamos todos con nuestro dinero: un foco de adoctrinamiento en el odio, la mentira y la irracionalidad por lo que, a la vista de tales enseñanzas, casi prefiero una ministra mentirosa que una loca sectaria. Pero me temo que tenemos doblete, con ella y con otras cuantas mujeres puestas en lugares de alta gestión. Ésta aforunadamente parece que se va con la doctrina a otra parte. Pero sólo ésta. El resto permanecen.

Cuando fui a Perú supe que las cinco nuevas ministras de Vizcarra tenían estudios y másteres de género para espanto de los ciudadanos informados. En este gobierno ¿cuántas han estudiado y creen a pie juntillas toda esta basura?

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Riojana. Filóloga Profesora de educación física. Madre objetora a educación para la Ciudadanía. Estudiosa de la ideología de género. Conferenciante, tertuliana en programas de radio y televisión. Miembro de la Ejecutiva Nacional del partido VOX. Escritora de novelas y ensayos. Perseguida por su libro “Cuando nos prohibiernos ser mujeres…y os persiguieron por ser hombres”. Buscadora de la verdad. Defensora incansable de los derechos humanos fundamentales.