Imagen referencial de un sacerdote.
Imagen referencial de un sacerdote.

Aparecen estos días en los medios algunas noticias sobre casos de pederastia en la Iglesia en Cataluña. Y creo que cuando se habla de este tema hay que tener en cuenta dos factores:

1.- No es algo que esté tan extendido como dan a entender los medios. En realidad, el abuso a menores es mucho más común en el ámbito familiar, donde se da el mayor número de víctimas y también en el ámbito escolar. Y no por ello el común de los mortales piensa que las escuelas o las familias son nidos de corrupción.

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Hay que saber también que cuando se habla de abusos en el ámbito religioso, el primer pensamiento que nos viene a la cabeza es: otra vez la Iglesia. Pero ese “ámbito religioso” incluye a los profesores de educación física o de cualquier otra materia, de una escuela religiosa, por ejemplo.

Digo esto porque conviene poner las cosas en su sitio si lo que se pretende es solucionar el problema y no entablar una guerra ideológica. Y para solucionar el problema conviene saber dónde es más frecuente, cuáles son las posibles causas…

La Iglesia Católica debería ser la primera en denunciar estos abusos y cortarlos de raíz

2.- El segundo factor es que, de alguna manera la Iglesia se ha ganado a pulso esa presión social que no tienen ni las familias ni los colegios, a pesar de registrar un número mucho mayor de abusos.

Y es que la Iglesia Católica debería ser la primera en denunciar estos abusos y cortarlos de raíz. Cero complicidades y cero contemplaciones con los monstruos que abusan de criaturas indefensas. Y aquí es donde tenemos el problema. El miedo al escándalo o la amistad mal entendida, han hecho que demasiadas veces los silencios cómplices hayan permitido que esos monstruos no paguen por sus crímenes, o todavía peor, sigan cometiéndolos en otras zonas donde se les ha enviado. Y no han sido pocos los silencios cómplices. Quizá por eso es más grave cuando sucede en la Iglesia, una institución, de la que se espera una actitud evangélica y sincera.

Que la Iglesia no haya tomado la iniciativa a la hora de denunciar públicamente estos abusos, y que no haya tomado decisiones ejemplares, no ayuda en absoluto a desmontar la imagen que los medios generan en el imaginario social.

Y es una pena, porque unos cuantos monstruos de EEUU, Chile, España, y tantos otros países, manchan el nombre de una institución cuya misión en este mundo consiste en ser puente a través del que la gente se encuentre con Dios.

Y actitudes como estas vuelan el puente y alejan a la gente de Dios.

La Iglesia no necesita trepas, burócratas, marqueses, secretarios, ni por supuesto monstruos. Necesita santos como san Agustín, pecador hasta la médula, que cuando encontró el amor del Señor, no se volvió a separar jamás de él, siempre tuvo muy claro que él era ese puente para unir el cielo con la tierra. Y como él, son muchos los que trabajan calladamente, a la sombra.

Los que como Herodes, se ríen de Cristo y humillan a sus pequeños, o callan ante las injusticias de sus compañeros, son los que más ruido hacen y los que captan la luz de los focos.

La Iglesia necesita una sacudida fortísima para que los frutos podridos caigan del árbol cuanto antes.

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Católico. Periodista y escritor. Autor de @enlamesadelrey, 'Pobres pobres' y 'Viaje al horror del EI'. Fundador de @DiarioElPrisma y director los documentales @GuardianesFe (I y II).