¿Por qué la anorexia es una enfermedad y la transexualidad no?

    Transexualidad y anorexia comparten el hecho de que la mente de quien la vive no reconoce, rechaza o, cuando menos, distorsiona la realidad biológica del cuerpo. Cabe preguntarse por qué una es considerada constitutiva de "identidad" y la otra una enfermedad.

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    La transexualidad y la anorexia comparten el hecho de que la mente no acepta o distorsiona la evidencia biológica del cuerpo / Actuall
    La transexualidad y la anorexia comparten el hecho de que la mente no acepta o distorsiona la evidencia biológica del cuerpo / Actuall

    La ideología de género ha ido ganado terreno en todos los órdenes. Hace no tantos años, hubiera sido impensable pensar, por ejemplo, en que a los ninos se les iba a adoctrinar desde muy temprana edad en la idea de que nacer con “rajita o pito” no es un hecho biológico, sino una construcción social fruto del heteropatriarcado.

    A pesar de ello, no han sido pocos los que, con argumentos sólidos, mayoritariamente silenciados por lo políticamente correcto, han ido rebatiendo sus postulados desde la raíz. En España, se han destacado en este campo personalidades como Jesús Trillo, Francisco José Contreras o Francisco Serrano, entre otros.

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    Hace unos días cayó en mis manos una reflexión sobre la transexualidad especialmente sólida. Sobre todo, porque se trata de una mujer enferma de anorexia que se plantea con audacia qué diferencia hay entre su trastorno mental y el de un transexual. Al fin y al cabo, en ambos casos se da una desajuste entre lo que el cuerpo es y la imagen (distorsionada) que se tiene de él.

    ¿Por qué una visión sobre el propio cuerpo es combatida por la medicina y la otra obliga a los demás a aceptarla sin cuestionamientos?

    “El deseo contradictorio en la transexualidad se asemeja a la anorexia en la desesperanza. La meta es estar delgada y una no está suficientemente delgada hasta que no está muerta. La meta es ser de un sexo que no se constituye con la propia constitución biológica, pero no se pueden alterar los cromosomas ni su composición genética”, asegura Moira Fleming en The Federalist.

    Y continúa: “La certeza de que uno es una mujer a pesar de nacer hombre suena horriblemente similar a la convicción de que el cuerpo de uno tiene sobrepeso incluso cuando el índice de masa corporal está en niveles de hambruna”.

    ¿Por qué una situación es considerada una enfermedad y la otra una forma de identidad personal? ¿Por qué una visión sobre el propio cuerpo es combatida por la medicina y la otra obliga a los demás a aceptarla sin cuestionamientos?

    Fleming retrata con crudeza el infierno interior de ambas situaciones: “No podemos descansar mientras el exterior no coincide con nuestro interior”. Esta circunstancia debe llevarnos a compadecernos de quienes lo sufren, sí. Y no a la burla o el desprecio.

    Pero eso no quita para que se exprese, con razón, que hay que atajar el abismo entre lo que la obviedad corporal muestra y lo que la mente, errática, señala.

    Descartes alertó al mundo sobre lo traicioneros que pueden llegar a ser los sentidos y, por extensión, los sentimientos. Todos los seres humanos somos conscientes de ello.

    Sin embargo, la corrección política y la agenda de la ideología de género tratan de imponer el dogma de que “sentirse” mujer habiendo nacido varón -o al revés- es sano, aceptable y bueno.

    Por su parte, la ciencia evidencia que “sentirse” gordo estando en los huesos es insano, inaceptable y malo.

    ¿Por qué la anorexia es considerada una enfermedad y la transexualidad no? O, dicho de otro modo: Si es evidente que la anorexia es una enfermedad semejante en su estructura a la transexualidad, según el testimonio de quien la ha padecido ¿por qué la transexualidad no tiene la misma consideración científica?

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    Nicolás de Cárdenas fue inoculado por el virus del periodismo de día, en el colegio, donde cada mañana leía en su puerta que “la verdad os hará libres”. Y de noche, devorando los tebeos de Tintín. Ha arribado en su periplo profesional a puertos periodísticos de papel, internet, televisión así como a asociaciones cívicas. Aspira a morir diciendo: "He combatido bien mi combate, he corrido hasta la meta, he mantenido la fe".