La brecha generacional como clave

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    El protagonismo de los jovenes empieza a ser cada vez mayor en todos los ámbitos.

    Uno de los temas recurrentes en los análisis de los resultados electorales del pasado 20 de diciembre es el de la polarización generacional en el voto de los españoles. Cualesquiera que sean los datos utilizados para el análisis, es patente que el apoyo juvenil es uno de los factores clave en la disrupción y la incertidumbre provocadas por Podemos en el sistema político español.

    En un cambio de era como el que estamos viviendo, cuyo eje es, en gran medida, la revolución digital, el protagonismo de los jovenes va a ser cada vez mayor en todos los ámbitos. Ya lo está siendo, por ejemplo, en el mundo de la gestión empresarial y en el de los patrones de consumo, tan influyentes en los comportamientos sociales en su conjunto. Pero, sobre todo, los que hoy son jovenes van a ser los responsables del alumbramiento de una nueva civilización.

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    La edad es considerada hoy por los sociólogos como una de las variables clave para analizar la realidad española. Preocupan la brecha generacional, sus causas, sus manifestaciones y su proyección hacia el futuro. Una brecha que tiende a enfocarse, fundamentalmente, bajo unos parámetros laborales y económicos. Entienden estos analistas que en ellos está la principal causa del encontronazo generacional: el desencanto. Ese estado de ánimo que Podemos está sabiendo captar y explotar políticamente, al menos por ahora.

    El informe “¿Qué quieres hacer con tu vida?”

    No son desdeñables, por supuesto, los factores económicos y laborales. Son muy importantes. La concentración en la generación juvenil de la caída de la masa salarial y de las tasas más altas de desempleo, tiene efectos muy graves.

    Veo, sin embargo, necesario adoptar una perspectiva más de largo, de ancho y de profundo. Una mirada a los jovenes en términos de proyecto vital.

    Algo de esto es lo que pretende investigación social sobre los jovenes españoles a la que se ha referido la prensa estos últimos días. Se trata del proyecto  “¿Qué quieres hacer con tu vida? Un viaje por la generación española de 21 a 30 años”. Su metodología, con un significativo componente de conversaciones abiertas con los jovenes, es diferente de la utilizada en los estudios más divulgados en los últimos años, como son los del CIS, los de la Fundacion SM o los de la Fundacion Reina Sofía / FAD.

    La investigación llega a la conclusión de que «no todos los jovenes son iguales»

    El primer informe disponible de “¿Qué quieres hacer con tu vida?” proporciona resultados interesantes desde diferentes puntos de vista. Y ayuda a romper algunos de los estereotipos sobre los jovenes actuales, entre otras cosas porque la primera conclusión de la investigación es que “no todos los jovenes son iguales”.

    Destaco aquí algunos aspectos concretos que me han llamado la atención:

    El adulto es, especialmente, un importante referente para estos jovenes. Tanto en la familia, como en el espacio educativo, como en el terreno laboral… los adultos son mirados, ejerciendo en ellos influencia.

    Se integran en los valores más premiados en la sociedad: producir y progresar laboralmente, buscando reconocimiento. Sus temores están relacionados con tener o no tener. El éxito/fracaso. Este es su gran caballo de batalla. Conseguir ser excepcional (empresarios, directivos, profesionales reconocidos) porque la empleabilidad más precaria es signo de menor éxito.

    Las cuatro grandes áreas que son esenciales en su vida y sobre las que proyecta la mayor o menor grado de felicidad son la Familia, la Educación, la Ocupación y las Relaciones.

    El apoyo en el ámbito familiar potencia la vida de los jovenes. Entre aquellos con mayor sensación de felicidad los padres representan para ellos un significativo impulso. Reconocen mayoritariamente a sus progenitores como impulso, si bien señalan la principal asignatura pendiente de sus padres: “ayudarme a descubrir qué quiero hacer con mi vida”.

    Sostienen un punto de vista crítico respecto a su experiencia educativa. Dos son sus quejas más recurrentes: la sensación de no tener apoyo en el descubrimiento de sus propios talentos y la escasez de profesores que han dejado una huella positiva en ellos, especialmente en la Universidad.

    Participar, ser protagonistas de un tiempo precioso

    Es importante que los propios jovenes se sitúen en su propia realidad como generación. Y que, tratando de descubrir la personalísima vocación de cada uno, respondan con acierto a los desafíos de una época nueva, llena de riesgos pero también de promesas y oportunidades.

    Así se lo acaba de pedir el Papa Francisco: “Este tiempo precioso también os atañe a vosotros, queridos jovenes, y yo me dirijo a vosotros para invitaros a participar en él, a ser protagonistas, descubriendo que sois hijos de Dios” (Mensaje para el Jubileo de los Adolescentes, 14 de enero de 2016).

    El Papa Francisco acompañado de miles de jovenes/Fuente:EFE.
    El Papa Francisco acompañado de miles de jovenes/Fuente:EFE.

    Pero debe subrayarse que es vital que también los adultos tenemos una responsabilidad decisiva en el presente y en el futuro de nuestros jovenes. Las conclusiones del informe que apuntaba más arriba me parece que arrojan muchísima luz sobre este reto. Nos interpelan directamente sobre el tipo de liderazgo que los adultos estamos ejerciendo en este momento crucial de la historia de España y del mundo. Sobre lo que les estamos transmitiendo, fundamentalmente por nuestro ejemplo.

    Una interpelación que debe llevar a una respuesta muy personal, pero en la que Familia y Educación son los dos espacios más decisivos en los que a los adultos nos toca desarrollar ese liderazgo positivo con los jovenes, si de verdad queremos ayudarles a ellos y ayudarnos todos construyendo un mundo más a la medida del ser humano.

    Y un liderazgo al que también, de alguna manera, el Papa Francisco ha señalado las claves en el mismo mensaje al que antes me refería: “caminar contra corriente” y “aprender a ser valiente en el amor concreto y desinteresado”.

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    Licenciado en Derecho por la UAM y PDG por el IESE. Profesor y consultor de Recursos Humanos y Organización. Miembro de Profesionales por la Ética, durante el Gobierno de Zapatero fue uno de los líderes del movimiento ciudadano en defensa de la libertad de educación de los padres. Está casado y tiene cinco hijos.