¿Por qué la defensa de la familia y la vida no están condenadas al fracaso sino todo lo contrario?

    No sé si se han enterado ustedes pero la reconquista de Europa ha comenzado en Georgia, una antigua ex república soviética al sur del Cáucaso, donde se está celebrando estos días el X Congreso Mundial de Familias.

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    El primer ministro de Hungría, Viktor Orban y la primera ministra de Polonia Beata Szydlo/Actuall.

    Frente al crimen organizado (¿qué otra cosa es el abortismo?), el suicidio demográfico y físico (¿qué otra cosa es la eutanasia?) y el cerco al matrimonio y la familia, en Georgia se ha iniciado un contraataque sin otras armas que la palabra y la apelación a los derechos humanos y la ley natural. Sin esos tres elementos no existiría Europa, aunque Bruselas, Londres o París se empeñen en lo contrario.

    Algunos creerán que este es el peor momento para andarse con movilizaciones contracorriente. Justo cuando los totalitarismos señorean Europa. El totalitarismo de cuño nazi preconizando e imponiendo el exterminio del débil (se acaba de ver en Holanda con la aplicación de la eutanasia al deprimido); o el totalitarismo de cuño marxista reivindicando la destrucción de la familia y sustituyéndola por otros modelos (la agenda LGTB o el regreso a la tribu o la comuna como dicho Anna Gabriel).

    Algunas personas creen que La Sexta da información.

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    Pero la alternativa es la autodestrucción de Europa y de todo Occidente. Así que no queda otra salida que la movilización.

    ¿Qué es temerario y hasta peligroso? Sin duda. Pero nadie podrá decir que tal empeño sea utópico. Porque la defensa de la vida y el matrimonio, los dos ejes de la ofensiva, han reconquistado terreno en dos países: Hungría y Polonia.

    La actual Constitución húngara es un monumento al sentido común, que pone el centro de gravedad de la familia en la “unión entre hombre y mujer” y llama a proteger al feto “desde el momento de la fecundación”. Nadie lo hubiera podido imaginar después de medio siglo bajo la bota soviética. Pero ahí está.

    No es un imposible metafísico acabar con la lacra del aborto, igual que se acabó con la explotación de los ninos del tiempo de Dickens

    Y Polonia ha demostrado que no es un imposible metafísico acabar con esa lacra del aborto, del mismo modo que se acabó con la explotación de los ninos en las minas del tiempo de Dickens. Se puede, pero hay que querer. Y sobre todo hay que hacer una pedorreta a la tupida malla de intereses creados del aborto, desde Naciones Unidas a Planned Parenthood pasando por la Casa Blanca. Y entre los sobornados y los cabestros, aquí nadie tiene narices para dar el paso.

    Nadie, excepto Polonia. Claro que ese país correoso tiene más conchas que un galápago, después de resistir las dictaduras hitleriana y estalinista. Si fue capaz de sobrevivir a ellas, menos se le va a poner por delante la dictablanda de Bruselas, burocrática y kafkiana.

    Primero tuvo las santas narices de hacer cumplir una ley de supuestos -similar a la española- con un control tan férreo que no hubo coladero y el número de abortos se redujo de 82.000 en 1989, cuando cayó el comunismo, a unos 500 en 2008. El siguiente paso es conseguir la prohibición del aborto en todos los supuestos. Ahí están las manifestaciones del pasado domingo en 140 ciudades. 

    Este lunes ha arrancado el X Congreso Mundial de Familias en Georgia.
    Este lunes ha arrancado el X Congreso Mundial de Familias en Georgia.

    No lo tienen fácil: ni Hungría, ni Polonia, ni plataformas ciudadanas como CitizenGo, ni  las organizaciones que han pedido en la ONU el apoyo de todas las naciones a la familia. Sobre todo porque el establishment rema en dirección contraria.

    Pero que la UE o Planned Parenthood ladren solo quiere decir que Budapest y Varsovia o la iniciativa Mum, Dad & kids cabalgan.

    También quiere decir que, convertida en la nueva Bizancio, la Eurocosa principia a descomponerse. No lo decimos nosotros, sino alguien docto y perspicaz, el historiador Niall Ferguson, perito en decadencias, que también ha comparado al Occidente capitalista con la antigua Roma, magnífica por fuera y podrida por dentro.

    ¿Cuál es la verdadera Europa: la superestructura de Bruselas o los dos pequeños respondones, Polonia y Hungría?

    La clave no es otra que la familia. La Unión Europea renunció a sus bases antropológicas, diseñadas por Monet, Schuman, Adenauer y los demás, y ha devenido en unión de mercaderes, sindicato de pañeros y patio de monipodio.

    Iba pavoneándose de potencia económica, de competir con Asia y EEUU, y dos parientes pobres del Este, Hungría y Polonia, la han dejado en evidencia.

    Y nos preguntamos: ¿cuál es la verdadera Europa? ¿Esa superestructura que ha renunciado a los principios cristianos que dieron origen a esta empresa histórica?

    ¿O esos dos pequeños y respondones, el polaco y el magiar, que se atreven a desafiar lo políticamente correcto reivindicando la familia y la vida? ¿O el movimiento ciudadano, transeuropeo y transversal, que florece en congresos como el de Georgiatoma las calles como la Manif pour tous francesa y recuerda las palabras de Chesterton: “Quienes hablan contra la familia no saben lo que hacen porque no saben lo que deshacen”.

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    Nacido en Zaragoza, lleva más de 30 años dándole a las teclas, y espera seguir así en esta vida y en la otra. Estudió Periodismo en la Universidad de Navarra y se doctoró cum laude por el CEU, ha participado en la fundación de periódicos (como El Mundo) y en la refundación de otros (como La Gaceta), ha dirigido el semanario Época y ha sido contertulio en Intereconomía TV, Telemadrid y 13 TV. Fue fundador y director de Actuall. Es coautor, junto con su mujer Teresa Díez, de los libros Pijama para dos y “Manzana para dos”, best-sellers sobre el matrimonio. Ha publicado libros sobre terrorismo, cine e historia.